Juan José se dirigió alegre hacia el burladero de matadores para depositar su capote de paseo y después de la finalización del paseíllo se escuchó el rumor del público convocándolo a salir al tercio para gritarle un emotivo ¡Torero, torero! El jerezano agradeció haciendo caravanas e invitó a sus colegas de cartel para recibir una salva de aplausos.
En esos momentos se anunció el homenaje con la colocación de una placa por la mañana en reconocimiento a la gran trayectoria del escultor yucateco Humberto Peraza quién en sus años mozos fue ayudante del autor de las estatuas que circulan la mole capitalina el valenciano Alfredo Just.
La materia prima para la reaparición de Padilla, Pizarro y Adame fue bien escogida, un encierro de Villa Carmela que mandó toros con barba y madurez que permitieron ver faenas distintas a las que consuetudinariamente propician los toros light.
Orgullosos deben de estar los ganaderos de Jalisco han enviado a La México un encierro de cómo deben enviarse los toros para sentirse orgullosos de la crianza, tres fueron los más destacados en nobleza y acometividad el resto propiciando momentos interesantes toda la tarde. Tiran por tierra el endeble argumento de que el toro mexicano es pobre de encornadura y carente de remate.
Con más encierros con esa catadura la sensación de las tardes sería diferente, ojala y quienes mal aconsejan a las figuras del toreo así lo entendieran y respetaran a nuestra plaza que cuando se lidian encierros como el de Villa Carmela inspiran respeto.
Al final quién arrasó fue Padilla que a su modo y manera aprovechó las embestidas de los de Villa Carmela, en el primero grandes lances a la verónica y luego con la muleta por momentos temple y en otros pasajes con su forma particular de torear en la que cuando da los pases ve hacia el tendido con electricidad en los muletazos, de hecho la faena del segundo fue más de esas características.
Con las banderillas y con la espada brilló la entrega del jerezano que conquistó al público capitalino, algunos al dar la vuelta al ruedo lucían un parche en su ojo y desde luego no faltaron las bandera piratas con una de ellas, dio la vuelta al ruedo en el segundo Padilla del que obtuvo como del primero una oreja para salir en hombros.
Una salida en hombros que se podía pronosticar pero que luego había que conseguir como lo hizo Juan José con la convicción de quién pone todo lo que está de su parte para disfrutarlo y sentirse reconocido por un público que valora los gestos de los toreros.
Joselito Adame por sus fallas con la espada perdió trofeos y Federico Pizarro tuvo brillantes momentos como el quite por gaoneras a su primero y los templados muletazos que interpreta, conviene no olvidarlo.
De regreso a España para entrar al quirófano nuevamente Padilla seguramente llevará en su mente las impresiones y el cariño del público capitalino que se le entregó por como él se entrega en el ruedo. Esas son las relaciones duraderas con quién se entrega a su profesión en cuerpo y alma como lo ha hecho el torero jerezano sobre todo más aún después de la brutal cornada que sufrió en Zaragoza, España.
Bienvenido Juan José Padilla en México.