Recordando a Salvador Elizondo, autor de obras emblemáticas de la literatura mexicana como “El grafógrafo y Farabeuf”

Elizondo, gran lector desde su niñez, estaba convencido que la obra depende por igual del espectador que del creador, siendo el acto de leer el que confiere existencia a un libro, y en esa polaridad autor-lector es el último quien instaura el espacio exacto en que tiene lugar el texto.
Ciudad de México.- 18 de Diciembre de 2012.- “Toda tentativa de escritura es un tratado, aunque esté condenada al fracaso; por el carácter imposible del lenguaje, es la escritura el intento por instaurar un orden”, escribió Salvador Elizondo en su célebre Tractatus Rethoruco-Pictoricus, publicado en el libro El grafógrafo.

