¡Gran tarde!

Siendo exigente, los toros de Julián fueron blandos para el picador, pero para la muleta, se comportaron nobles y el segundo en particular, con gran codicia en el último tiempo de su embestida, planeaba en su viaje a los engaños.

Media plaza fue testigo de la variedad del Zapata que entre otros detalles con banderillas, capote, muleta y la espada,  fue capaz de interpretar un nuevo lance que aún pendiente de ser bautizado, impacto por la plasticidad con el capote del torero tlaxcalteca, quién dio rienda suelta a su imaginación, él mismo nos comentó, que solamente lo había ejecutado de salón y qué pensará en el nombre para el lance que conlleva un alto riesgo.

Lo cierto es que la conexión popular del Zapata con el público texcocano fue alta y después de interpretar dos buenas faenas, la primera malograda con la espada, con su segundo remató la faena con la suerte suprema, para llevarse dos orejas en la espuerta y  salir disparado después de la vuelta al ruedo, para torear por la noche en Tlaxcala, dónde  con la plaza y el convento llenos, con el séptimo un astado de regalo de Guanamé, se inspiró para realizar faena de indulto.

Joselito Adame por su parte, estuvo muy completo en los tres tercios, a él le correspondieron los toros más sosos del encierro y a pesar de ello con lances y pases a media altura, tuvo la virtud de mantener el interés y rematar con la espada para lograr una oreja en cada toro y así salir en hombros junto con José Mauricio y el ganadero, habida cuenta que El Zapata como relaté, en esos momentos ya estaba por tierra tlaxcalteca, el domingo Joselito partió a España de cara a su campaña europea.

En total fueron 8 orejas repartidas en 5 toros, 4 para José Mauricio que en total ya suma 6 en la feria de Texcoco, 2 para El Zapata y 2 para Joselito Adame.

La clave: los toreros y los toros. Los de Julián y los toreros llenaron la plaza de entusiasmo. Aquéllos salieron con clase y nobleza, la tarde fue como la espuma hacia arriba, cuatro de los toros eran miel en penca.
De gran clase el segundo, José Mauricio le hizo un faenón, primero por qué entendió que había que darle respiro al toro que comenzó con gran debilidad  y al final, gracias al toreo de alivio, recuperó fuerzas y entonces el toreo fue ligado y templado, en todo momento emotivo, de forma que convirtió el graderío en un hervidero. Su triunfo fue de los que quedan en la retina.
Salió el quinto y  brindó José Mauricio a José Manuel Espinosa, al que se le salieron las lágrimas por el reconocimiento que le dio el torero capitalino, que desde que es apoderado por Roberto Fernández El Quitos, presagia, tarde a tarde que puede llegar muy lejos en el toreo.

El público texcocano estaba contento. Por los naturales y los de derecha, limpios, largos, de impecable remate; por los hondos pases de pecho, por la verticalidad relajada del torero, que traía y llevaba a su antojo al toro, desgranando pases al ritmo cadencioso que imponía el arte de torear; por aquel andarle al toro, con garbo, para cambiarle el terreno y engarzar una nueva tanda de muletazos, otra vez de bellísima ejecución.

Se fue con gran seguridad tras la espada y el triunfo fue legítimo e irreversible y la afición  aclamó al torero en dos vueltas al ruedo triunfales una de ellas acompañado por un emotivo Julián Handam que se encontraba conmovido por el juego de sus astados y la tarde que propiciaron.

José Manuel Espinosa le devolvió a José la montera, con un recado de agradecimiento, ahora que está en la banca (una de las personas que más entienden del negocio taurino) es cuando el brindis ennoblece a quién lo hizo, fue genuino, sin más interés que no dejar pasar por alto la presencia del apoderado en la Silverio Pérez, quién hace poco y lo lamentamos,  perdió a su señora madre Doña Tala, una dama en toda la extensión de la palabra y  aficionada chipén al toreo. Desde el cielo ella recibió también el brindis.

En Ciudad Juárez, gran faena de Antonio Barrera ante un extraordinario ejemplar de Begoña el domingo de Resurrección, lo bordó para hacer evidentes las cualidades de un astado que recibió el homenaje del indulto a su codicia y nobleza al final de la faena, junto con el representante del ganadero Don Carlos Orozco, recibió el reconocimiento del público norteño.

En Texcoco, la misma fecha de Resurrección, Pablo Hermoso de Mendoza, perdió trofeos por fallar en la suerte suprema, obtuvo solo una oreja, Arturo Saldívar quién junto con Fermín Spínola y los toros de Los Encinos (el segundo extraordinario para el rejoneador) y los de Santa María de Xalpa para los de a pie, provocaron un llenazo en la Silverio Pérez.

Cierra el sábado la feria de Texcoco con un cartel muy atractivo y se empieza a agotar el tiempo para el inicio de la de Aguascalientes que anticipamos por la conformación de sus carteles, será inolvidable.

¡Allá nos vemos!

Fuente:  (suertematador.com)

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