“Érase una vez Godínez” o la vacuidad de nuestras vidas

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Ciudad de México. 15 de enero de 2016. Sin llegar a plantear al absurdo como motivo de nuestras vidas ni tampoco al nihilismo como sustento de la época que nos ha tocado en suerte vivir, pero sí haciéndoles guiños, la puesta en escena de “Érase una vez Godínez”, dirigida por Yaride Rizk y con asesoría de Gerardo Trejoluna, hace una ácida reinterpretación del hombre promedio de las sociedades automatizadas y autómatas de nuestros días, sobre todo del hombre citadino que se ha transformado en un lugar común y parodiable de tan cotidiano y anodino, un cliché que se produce en serie y del que difícilmente alguno de nosotros no forma parte o no se ve reflejado en esa cárcel global e ineludible del “hombre sin atributos”, del Godínez contemporáneo al que pareciera que se dirigen todos nuestros pasos, todos nuestros esfuerzos, las nuevas y futuras generaciones. Si no, ¿qué somos o serán los habitantes de las grandes urbes?


