Ante un auditorio repleto, el humanista Miguel León-Portilla resaltó el camino trazado por los fundadores del INAH y le auguró larga vida
Con la picardía que le caracteriza, el profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México contó a los asistentes del Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, la huella, el camino trazado por sus primeros directores: Alfonso Caso, Ignacio Marquina, Eusebio Dávalos Hurtado, todos ellos hombres visionarios, líderes.
Ciudad de México.- 31 de Mayo de 2014.- El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es inagotable e inabarcable, su destino es seguir creciendo “porque no tiene límites, es tan grande como los dos millones de kilómetros cuadrados de nuestro país”, auguró el antropólogo, filósofo y nahuatlato Miguel León-Portilla, al recordar a los fundadores de esta institución que a lo largo de 2014 estará de festejo por sus 75 años de vida.
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Mario Iván Martínez llevó por un viaje de aventuras a los pequeños que asombrados seguían las aventuras de esta adaptación del clásico original Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, dejando en claro que es mucho más que una novela acerca de un viejito que se volvió loco.
El autor aclaró que “todo este patrimonio de los hablantes de totonaco no está registrado en documentos, pues ha sido preservado y transmitido vía tradición oral, lo que lo hace fragmentario y subjetivo, ya que cada quien tiene su propio punto de vista”.
Tras recordar que vio más de seis mil niños durante nueve meses para escoger a los protagonistas en barrios marginales de Guatemala y comunidades indígenas del sur de México, apuntó que le dio “muchísima alegría” que Domínguez hablara en tsotsil en el escenario.
Los problemas domésticos en el matrimonio de Clark y Lois saltan a relucir ante la doble identidad del personaje
Al hablar de sus raíces, el pintor cuenta que quedó huérfano de madre desde que era un niño, cuando vivía en el Centro de la Ciudad de México y estaba al cuidado de sus hermanos. De camino a la escuela primaria pasaba todos los días por el edificio de la Secretaría de Educación Pública, donde conoció los murales de Diego Rivera y de otros maestros de la disciplina. Ahí descubrió la pasión que lo marcaría de por vida.