Éste es un poemario que sorprende por iniciar con algo poco usual en nuestra tradición: un estudio preliminar, prólogo o presentación de la poeta Dolores Castro, sobre todo porque el autor ya tiene obra publicada. Texto con méritos, sin duda, pero… ¿Era necesario incluirlo para validar el ejercicio literario de Asbun Bojalil? Si lo era, ¿no hubiera quedado mejor al final o como texto de una solapa dado que un texto de Patricia Medina, la editora, ocupa la contraportada? En fin, un par de cuestiones que incitan a la reflexión acerca de la pertinencia o no de estas decisiones editoriales. Nada más.
Bien, ya que los mencionamos y que están ahí, ocupemos algunas partes de esos textos introductorios que pueden servirnos para ilustrar nuestra lectura del libro, que, creo, para eso fueron escritos. Respecto de éste, Medina señala: “Zarpazos de sensibilidad y aullidos de ternura insobornables deambulan en este intervalo, esta pausa, este alto al fuego o a la lluvia, a la música y al silencio de Jorge Asbun Bojalil, poeta de los de ahora con aliento de los de antes, de aquí mundo y de allá patria de los poetas…”.
A su vez, la maestra Castro –de quien se incluye una nota biográfica, por si acaso…– dice: “Jorge Asbun Bojalil en su libro ‘Intervalo poético’ se acerca prodigiosamente a la música de la palabra, a la sugerencia de la nota que oscuramente nos revela un estremecimiento de la emoción; llega al rincón de la experiencia inefable y toca la fibra necesaria mediante la sugerencia de la palabra pronunciada silenciosamente al leerla, pero también de la palabra gráficamente contemplada en la página”. Y, más adelante, añade: “Poesía joven y de joven, alcanza aciertos en su afán de plena libertad expresiva, revela esa agonía o lucha del vivir, del expresar y expresarse…”.
Lecturas ambas válidas y con sustento en el poemario. Por mi parte, considero que en el poemario prevalecen la noche, el erotismo, el amor, la utilización del espacio en blanco –la página– y la tipografía, el hiperbatón y el trastocamiento de los sentidos y de “la realidad poemática” como temas y recursos de un poeta que se siente poseído por la musa, por la inspiración, y, paradójicamente, las combate a través del lenguaje, de una especie de lenguaje a contracorriente, áspero en ocasiones.
Así, Asbun Bojalil va construyendo un poemario consistente, atrayente, poderoso, aunque sin una unidad temática, pero sí formal, estilística. Para ello echa mano de adjetivos originales, inesperados, que rompen con el discurso poético establecido –como todos, prejuiciado lector que soy–, lo vuelve fragmentado, consiguiendo una distorsión estética y lingüística que amplía su significación. De hecho, tampoco hay una estructura común en el poemario, es decir, hay un poema largo, unos poemas sueltos, uno menos largo, un “Epílogo”… Incluso, me parece que todo el libro es una especie de nocturno, amoroso, claro, pues el poeta en muchos momentos es un demiurgo y crea su propio mundo, recrea a la amada y el instante climático. Sí, sobre todo en la parte final, “Intervalo poético” destila un erotismo húmedo, sensorial, sensual, sexual.
También, particularmente en la primera parte del libro, como si fueran dos, da la impresión de ser una oda, un himno o una canción de amor con imágenes audaces, casi danzantes por su intención tipográfica o visual, en una atmósfera onírica, de eclosión, de fundación. Como un preludio de un acontecimiento grandioso. Aun me atrevo a decir que en ocasiones el poeta pareciera que se embriagara en su acto de creación o a consecuencia de éste, y sus poemas pierden una carga de significación, pero a la vez ganan en fuerza expresiva, visual, sensorial. Sí, los blancos o los posibles silencios aíslan las palabras, aumentan su sentido lato, y consiguen el efecto deseado: probar que la palabra funda mundos, crea universos, no por fragmentados menos bellos y poderosos, como el que Jorge Asbun Bojalil entrega en “Intervalo poético”.
Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com
Foto: Un poemario que resplandece con luz propia.
Cortesía: Literalia Editores.