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Resguarda INAH pinturas teotihuacanas de más de mil 500 años descubiertas en "El Rosario", Querétaro

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Las pinturas localizadas en el
pórtico de un edificio prehispánico,
del área considerada como un
centro ceremonial, datan del
Periodo Clásico (200-650 d.C.
Foto: Cortesía INAH
Ciudad de México.- 12 de Junio del 2009.- (INAH) Los cuatro murales policromados de estilo teotihuacano descubiertos recientemente en el sitio arqueológico de El Rosario, en Querétaro, y que representan los únicos de esa cultura de los que hasta el momento se tiene noticia en la región del Bajío, se encuentran a salvo y bajo custodia del Instituto Nacional del Antropología e Historia (INAH-Conaculta).

Las pinturas localizadas en el pórtico de un edificio prehispánico, del área considerada como un centro ceremonial, datan del Periodo Clásico (200-650 d.C.) y se encuentran protegidas por un grupo interdisciplinario de especialistas, encabezado por el Instituto, a fin de evitar su colapso dado las condiciones geológicas del área.

Como parte del Proyecto Arqueológico El Rosario, a cargo de los arqueólogos Juan Carlos Saint-Charles Zetina, Carlos Viramontes Anzures y Fiorella Fenoglio Limón, se han efectuado estudios de geología y geotecnia para determinar el origen de los hundimientos que hay en la región, para lo cual se cuenta con el apoyo del Centro de Geociencias de la UNAM

Ante la relevancia del hallazgo y la vulnerabilidad de la estructura prehispánica sobre la que fueron plasmados los cuatro murales y un “graffiti” teotihuacanos, el Centro INAH-Querétaro gestiona recursos ante el gobierno del Estado para llevar a cabo las labores de limpieza y traslado de los mismos al Museo Regional de Querétaro, lo que permitirá su mejor preservación y estudio por parte de los especialistas.   

El arqueólogo Juan Carlos Saint-Charles Zetina comentó que en las más recientes exploraciones, realizadas de marzo a mayo, se localizó un pórtico que da acceso al recinto ceremonial, donde se hallaron los murales, además fragmentos de textil, troncos de madera, carbón, cuchillos de obsidiana y fragmentos de cerámica de origen teotihuacano.

Los socavones que hay en el área han permitido identificar cuatro etapas constructivas del principal edificio prehispánico del sitio arqueológico, tres de ellas pertenecientes al Período Clásico (250-650 d.C.) y una más al Epiclásico (650-900 d.C.). “Tanto por el sistema de construcción y por las técnicas con las que fueron pintados los murales, además de algunos motivos iconográficas hallados en la zona, se confirma que el sitio fue fundado por grupos teotihuacanos”, puntualizó el arqueólogo.

En tanto, la especialista Fiorella Fenoglio, explicó que en las paredes del pórtico se plasmaron dos tipos de murales, uno relativo a un guardapolvo que mide 1.10 metros y que fue elaborado sobre barro con un pequeño enlucido de cal, en tanto que el otro es un aplanado de barro al que se le aplicó directamente la pintura.

El mural se encuentra en un buen estado de conservación y presenta elementos iconográficos casi idénticos a los motivos característicos de la cultura teotihuacana. “Se han identificado imágenes de cuchillos curvos de obsidiana, corazones sangrantes, un personaje que podría tratarse de un animal o un humano que está rodeado de volutas que hacen alusión a la palabra o al sonido, un posible escudo, un brasero con mango y un penacho.

“Rojo, negro, amarillo y un azul verdoso son los principales colores con que fueron creados los murales”, abundó la arqueóloga al referir que el denominado “graffiti” consta de trazos burdos con posibles motivos de aves, pétalos, figuras antropomorfas y geométricas, probablemente hechos con fines rituales.

Una de las características de estas pinturas prehispánicas es que no están completas, lo que responde a una costumbre que tenían los pueblos teotihuacanos de derrumbar muros o cortarlos a determinada altura, para levantar una nueva construcción encima. Esta acción iba acompañada de ritos como parte de una ceremonia de clausura de una edificación anterior.

Como parte de este hallazgo, los arqueólogos del INAH también han encontrado ofrendas en cada una etapas constructivas de la estructura, consistentes en cenizas sobre fogones de piedra rojiza, montículos de arena, pequeños huesos de animales, probablemente de murciélagos, fragmentos de cuchillos, lítica y postes de madera, semejantes a los encontrados en el área de Teotihuacan, añadió la arqueóloga Fenoglio Limón.

La recuperación de las pinturas contará con la participación de los expertos en restauración de murales prehispánicos, Rogelio Rivero Chong y Diana Molatore, quienes después de valorar el estado de conservación de las obras precolombinas, han propuesto un esquema de preservación en dos etapas: la primera referente a la limpieza in situ, y la segunda relativa a su atención integral en el Museo Regional de Querétaro, comentó el arqueólogo Carlos Viramontes.

El sitio arqueológico de El Rosario, se ubica en el municipio queretano de San Juan del Río, y fue registrado por primera vez en 1958 por el arqueólogo Roberto Gallegos. Posteriormente, en 1975 se realizaron otras investigaciones a cargo del arqueólogo Enrique Nalda, al igual que hacia finales de los años 90 con motivo de la conformación del Atlas Arqueológico Nacional del INAH.

De acuerdo con estudios elaborados por los geólogos del Centro de Geociencias de la UNAM, la presencia de socavones en la región se debe a la construcción de un canal en la época colonial, así como por dos presas aledañas construidas una en 1917 y otra en 1970, que alteraron el entorno.

El Rosario fue abandonado en el Período Epiclásico (650-900 d.C.), y pudo haber sido sede de un espacio ritual, posiblemente asociado al sacrificio. Otros de los estudios que se efectúan en el sitio son los relativos a la arqueoastronomía y paleoambiente.

Actualizado ( Viernes, 12 de Junio de 2009 08:30 )  

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