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Tradición de "Los parachicos" de Chiapa de Corzo, vive tiempos de auge y desafío

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La danza de los parachicos representa el momento culminante de la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo, que anualmente se celebra en esta ciudad chiapaneca y concluirá el próximo domingo 23; inscrita recientemente en la Lista Representativa del

Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, esta antigua tradición experimenta un momento de auge, pero también, desafíos para su continuidad.

Previo a la develación de la placa donde la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) hace constar que desde noviembre pasado la expresión de los parachicos es un bien intangible de valor universal, Francisco López Morales, director de Patrimonio Mundial de Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), reflexionó sobre el futuro de la misma.

“Todos los bienes vivos que alcanzan la categoría de Patrimonio Mundial toman una relevancia y una visibilidad impresionante a nivel internacional, por lo que la cantidad de visitantes sube de manera exponencial, de tal manera que deben tomarse medidas acordes entre los tres órdenes de gobierno para que no se desborden y desvirtúen, y prevenir así la pérdida de los valores por los cuales fueron reconocidos”.

El expediente técnico sobre los parachicos —documento que se integró bajo la coordinación del INAH y con el consenso de las comunidades— demanda un plan de salvaguardia, “en este sentido, ayudará en la adopción de medidas que permitan poner orden y ver quiénes son los actores, así como cuáles son los recursos que se van a destinar para garantizar su vitalidad y su permanencia para las futuras generaciones”.

El director de Patrimonio Mundial del INAH comentó que la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad prevé un fondo para estos fines, a su vez se contemplan talleres de capacitación y una serie de medidas de preservación en el ámbito nacional e internacional: intercambio de expertos y la rectificación de prácticas que se estén alejando de sus valores originales.

“Es un gusto ver cómo se manifiesta esta expresión ya con el reconocimiento de la UNESCO, pero desde ahora las autoridades y los portadores deben establecer una serie de prioridades para cumplir con lo marcado en el expediente” anotó Francisco López.

El sábado pasado, durante la develación de la placa de los parachicos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, Katherine Grigsby, representante de la UNESCO en México, acompañada del gobernador de Chiapas, Juan Sabines, dijo que en esta manifestación las técnicas artesanales de la madera y el textil, la gastronomía y la música, “se ‘abrazan’ en un espectáculo público de amplia participación, en el que destacan los danzantes con sus vistosos trajes y baile”.

Una tradición con tres siglos de historia

La danza de los parachicos es una ofrenda colectiva, cuya mayor participación es de hombres,  dedicada al Señor de Esquipulas, San Antonio Abad y San Sebastián Mártir, de ahí que se realiza entre el 15 y el 23 de enero, recogiendo tres siglos de historia y tradiciones que recuerdan a todos lo importante que es dar gracias por los valores, los bienes y la herencia recibidos.

Desde temprana hora, varios chiaparcoceños arriban en taxi, motocicleta, carro particular o a pie, a la casa de la avenida Álvaro Obregón marcada con el número 10, “la casa del patrón” como ellos le conocen, debido a que en casi 70 años, tres miembros de la familia Nigenda han mantenido el patronazgo de los parachicos.

El ritmo del tambor, un latido fuerte y acompasado, agolpa a niños, jóvenes, ancianos, e incluso a algunas mujeres, en el patio del lugar donde en el fondo se puso un altar con los retratos de los dos patrones anteriores: Atilano Nigenda y Arsenio Nigenda, este último cedió el cargo a su sobrino Guadalupe Rubicel Gómez Nigenda en 1999.  

Uno de los participantes, José Luis Nuriulú Vázquez, quien llegó junto con dos de sus hijos, recuerda el origen de la festividad que se remonta a 1711: “Esta tradición se ha venido conservando a través de muchos años… siglos. Surgió por la época de los españoles, cuando vino a Chiapa de Corzo doña María de Angulo. La señora traía a su hijo enfermo y no era curable su padecimiento.

“Ella acudió a muchas personas y aquí (en Chiapa de Corzo) le recomendaron a un curandero del Cerro Brujo, el cual le indicó que llevara a bañar al niño en el río, a un costado del cerrillo. En agradecimiento por la curación de su hijo, doña María de Angulo mandó hacer una fiesta ‘para el chico’ y con el tiempo cambió el nombre y ya quedó como el parachico”.

En procesión y encabezados por el patrón, los parachicos disfrazados con máscara, montera o peluca de ixtle, y sarape tipo Saltillo, bajan la empinada calle y en su recorrido se incorporan cada vez más. Entre el escandaloso sonar de sus chinchines (sonajas de hojalata) y el taconazo de sus botas, profieren múltiples vivas a todo el santoral.

Capillas dedicadas a las santos y vírgenes venerados —las cuales se adornan con enramadas de las que cuelgan roscas de pan y alfeñique, frutas y trastos de plástico—, así como las casas de algunas familias, son los puntos de visita de los parachicos, a los que se suman otros personajes como los chuntas (hombres disfrazados de mujeres) y las chiapanecas (mujeres que portan el traje típico de Chiapas).

Entrevistado, mientras hace un alto en la casa del reconocido tallador de máscaras, don Antonio, “Toñito” López Hernández, quien ofrece su tradicional anisado para que los parachicos tomen bríos y prosigan su danza, el señor Roberto Solórzano Núñez, revivió algunas de sus experiencias en 56 años como parachico.

“Parece mentira, pero sin el traje de parachico no se puede bailar al mismo son”. Toñito revela que el traje de parachico es como un atavío mágico sin el cual es imposible rezar las letanías y lanzar las vivas a los santos patronos.

“Hace 48 años íbamos en bloques de 60, 70 parachicos, salíamos por barrios y nos juntábamos en casa del patrón, allí se hacía la “pandilla rica”, la famosa viva que dice ¡viva la pandilla rica!, ¡viva la máscara de palo!, ¡viva la mano poderosa!, porque es la mano que aguanta para sostener el chinchín, porque un parachico cansado, con las manos abajo, no se le siente sabor, tiene que alzar las manos para lucirse”, destaca Solórzano.

Pero el número de danzantes no es lo único que ha cambiado, de tal manera que hoy en día son alrededor de seis mil. La técnica de fabricación de las máscaras, que se transmite también de generación en generación, que implica desde la tala hasta el secado de la madera para fabricarlas, ha variado en su ornamentación final, así como el aprendizaje del modo de esculpirlas.

Don “Toñito” López, reconocido ampliamente por la calidad de las máscaras de parachico que hace, tanto así que en 1998 obtuvo el Premio Nacional de Artes y Tradiciones Populares, no repara al decir que la talla de estas piezas es en sí mismo un “arte dramático, porque lo que se busca es conmover a la gente”.

“Toñito” manufactura al año entre seis y ocho piezas, más otras imágenes religiosas, basado en una técnica que aprendió en el taller de su maestro Miguel Vargas Jiménez en los años 50. “Las primeras máscaras de parachico eran de cedro, yo tuve las máscaras viejas, que no se parecen en nada a las actuales, eran rechonchas. No tenían barba, tenían rostro de niño y con bucles. Así que la máscara también ha evolucionado.

“De todo el trabajo, lo más difícil es el pinte de las cejas, no debe quedar ni una más arriba ni una más abajo, ni una más ancha ni una más larga, ahí es pura vista, puro cálculo. Eso me fascina, gozo mi trabajo, siempre he dicho que este trabajo me nutre, me olvido de la comida, ¿por qué?, porque me gusta.

“La máscara me proyectó no sólo a nivel nacional sino internacional, y también la máscara del parachico es reconocida en el mundo porque yo la puse ahí, ¿qué quiere decir?, como decía mi maestro: ‘Pan por mi dinero, no le debo nada al panadero’. Así que la máscara y yo estamos pagados”.

El próximo domingo 23 de enero termina la Fiesta Grande de Chiapa de Corzo, los parachicos se conducirán bailando a la “iglesia grande”, el Templo de Santo Domingo de Guzmán, y llevarán a su santo patrono San Sebastián Mártir, a la casa del nuevo prioste, la persona o familia que cuidará la imagen durante un año.

Sin embargo, como expresa don Roberto Solórzano, justo el 23 de enero comienza la preparación del parachico y dentro de un año, “si Dios lo permite”, nuevamente serán miles quienes lancen vivas a todos los santos por las calles de esta singular población chiapaneca.   

Fuente: (INAH)

 

Actualizado ( Viernes, 21 de Enero de 2011 13:06 )  

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