Ciudad de México.- 18 de Mayo de 2016.- Más de 80 años después de que Eulalia Guzmán llegara al Cerro Chalcatzingo, en Morelos, para registrar cuatro piedras con relieves que habían quedado al descubierto tras el paso de una tromba; arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) continúan con el hallazgo de bajorrelieves en las faldas del macizo rocoso, al que se suma uno más, recientemente encontrado, con la representación de un felino de estilo olmeca, cuya antigüedad se calcula en más de dos mil 500 años.

Durante la pasada Semana Santa, uno de los trabajadores del sitio, ubicado en el municipio de Jantetelco, resbaló sobre una piedra irregular (una andesita de aproximadamente 4 por 2 metros), y detectó unas líneas en su superficie.  Luego del aviso, especialistas del INAH procedieron a su exploración, y revelaron una escena en la que un felino que porta una máscara bucal en forma de pico de ave, sostiene a un hombre, cuyo rostro fue mutilado en la época prehispánica como una forma de desacralizar el monumento.

Los arqueólogos Mario Córdova Tello y Carolina Meza Rodríguez, directores del Proyecto Arqueológico Chalcatzingo y de esta zona arqueológica, respectivamente, informaron que con este hallazgo suman ya ocho representaciones de felinos (probablemente jaguares), registradas en cinco monumentos distintos de las laderas del Cerro Chalcatzingo, que integran lo que han denominado El sendero de los felinos.

Salvo algunos bajorrelieves que se han encontrado in situ, entre ellos los registrados por Eulalia Guzmán, como es el caso de El Rey, también conocido como El dador de Agua, de la mayoría se desconoce su contexto original, a causa de derrumbes del macizo rocoso. No obstante, deducen que todos conformaron un discurso continuo que estuvo expuesto en la cara norte del Cerro Chalcatzingo, considerado un santuario junto con su gemelo, el Cerro Delgado, porque visualmente ambas montañas evocan una imagen sagrada.

El reciente hallazgo ha sido denominado Monumento 45, dado el número de piezas —entre bajorrelieves, estelas y altares (asociados a arquitectura temprana)— registradas hasta el momento en la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, y los cuales datan de diferentes periodos, principalmente del Preclásico Medio (800-500 a.C.).

Ambos reparan en que los bajorrelieves de estilo olmeca hallados a pie de monte tienen una orientación oriente-poniente, en el sentido de nacimiento y ocaso del sol, posición en la que también aparecen los personajes, entre ellos los felinos (jaguares, pumas y otros félidos locales) que comúnmente están asociados a la oscuridad y a los montes donde nace el agua, los altépetl, de los que el Cerro Chalcatzingo es un claro ejemplo.

Salvo el monumento llamado Tríada de felinos (descubierto por este mismo equipo de trabajo en 2011), en todos los relieves del sendero que inicia con La creación del hombre y concluye con el último hallazgo, convergen figuras antropomorfas y zoomorfas, sobre todo serpientes aladas y felinos con máscaras que rematan en pico de ave, con símbolos asociados a la fertilidad y la lluvia (la doble vírgula o los chalchihuites), e incluso a la flora endémica, como la representación de la bromelia, que es el distintiva de Chalcatzingo.

El maestro Mario Córdova comentó que el auge de Chalcatzingo en el periodo Preclásico Medio (800-500 a.C.), coincide con la influencia que ejerció La Venta, en Tabasco. Chalcatzingo se ubica a 500 km al oeste de La Venta, en una zona que es paso obligado para llegar al centro de México o a la costa del Pacífico, desde el área del Golfo de México.

Sin embargo, tanto para Córdova como para Carolina Meza, lo anterior no quiere decir que los olmecas se emplazaran en Chalcatzingo sin que hubiera un sincretismo, en todo caso, llevaron un estilo, una técnica escultórica y una cosmovisión, entre otros aspectos, de los que se apropiaron los grupos oriundos y los transformaron con variantes particulares.

A manera de hipótesis, el arqueólogo Mario Córdova explicó que el friso, que debió estar en la cara norte del Cerro Chalcatzingo y del que formó parte el relieve recién ubicado, podría haber aludido al establecimiento de un linaje sagrado, porque en las escenas los hombres y los animales fantásticos parecen estar copulando, “podría ser una alianza entre un ser divino, en este caso el jaguar que es un animal temido, y el hombre”, el cual adoptaría totalmente las características del felino en los relieves de La Procesión o El Rey, y en donde ya no aparecen personajes zoomorfos.

“Además de los bajorrelieves, altares y estelas, con los años hemos ubicado áreas donde se practicó el autosacrificio, porque recuperamos un centenar de punzones de obsidiana, muchas vasijas, elementos arquitectónicos como terraplenes y plataformas, que nos hablan de que para el Preclásico Medio (800-500 a.C.), aquí había espacios urbanos con templos y una sociedad establecida con una religión en la que se veneraba a ciertos dioses que van a perdurar en toda Mesoamérica”.

La directora de la zona arqueológica, Carolina Meza, informó que con el apoyo de un equipo de la Universidad del Sur de Florida, Estados Unidos, se ha trabajado en el escaneo de una decena de monumentos.

La representación fiel de éstos en una escena virtual permitirá avanzar en la conservación, investigación y la difusión de estos elementos, porque permite observar detalles no perceptibles a simple vista. Por ello, el Monumento 45 también será escaneado con miras a buscar su mejor preservación debido a los daños que presenta por efecto del intemperismo.

Con el fin de minimizar la acción de estos factores, desde 2010 se puso en práctica un programa de elaboración de cubiertas de protección, con la colaboración de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH. Como medida inmediata se instaló una para proteger el monumento recién hallado.

Fuente: (INAH)