En los portales del Centro, una nevería conserva el estilo de los años sesenta del siglo pasado, en la que puedes saborear nieves de frutos característicos de la zona, como zarzamora y membrillo. Además, algunos de sus pobladores venden montoncitos de pepitas asadas y, claro, la barbacoa y la cecina son alimentos típicos.

Por Mercedes Osorio Martínez
Reportera Azteca 21

Ciudad de México. 19 de junio de 2013. En el Estado de México hay un sitio donde se mezclan lo pintoresco, la naturaleza y la vanguardia: Valle de Bravo. Desde la entrada a esta localidad se observan los bosques y montañas que la rodean. En sus callecitas empedradas destacan sus casas cubiertas de tejas en tonos rojizos; también sus edificios coloniales.

En los portales del Centro, una nevería conserva el estilo de los años sesenta del siglo pasado, en la que puedes saborear nieves de frutos característicos de la zona, como zarzamora y membrillo. Además, algunos de sus pobladores venden montoncitos de pepitas asadas, y, claro, la barbacoa y la cecina son alimentos típicos.

Si lo tuyo son los deportes acuáticos, puedes esquiar y pescar en la laguna de Valle de Bravo y disfrutar de la comida en sus restaurantes flotantes, donde la especialidad es la trucha. Desde la cima de La Peña, un monte al cual se sube a través de un recorrido de alrededor de 30 minutos, apreciarás una espectacular vista del lago y el pueblo.

Otro atractivo natural son las cascadas de Ávandaro y Velo de Novia. La diversión nocturna no se queda atrás, pues hay una variedad de bares y restaurantes con cocina internacional. Sin duda, ésta es una gran opción en esta temporada vacacional que se aproxima.

Como dato extra, Valle de Bravo fue nombrado pueblo mágico en 2005. Desde la salida en la ciudad de México (Santa Fe) a ese lugar paradisiaco se hace alrededor de hora y media si el tránsito es fluido.

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Fotos: Un pueblo donde la magia se percibe en cada uno de sus rincones.
Cortesía: Secretaría de Turismo del Estado de México.