Redacción Azteca 21

En las festividades dedicadas a los muertos en el Estado de Michoacán, el día 2 de noviembre la ofrenda está dedicada a los difuntos grandes o adultos. La velación comienza la noche del día primero con la preparación de las ofrendas que se han de colocar en las

tumbas o en los altares familiares y concluye ya entrada la mañana del día 2. Para los muertos recientes, es decir los de primera ofrenda, las honras empiezan con el novenario, que inicia nueve días antes, haciendo coincidir el último día con el de muertos; familiares y amigos allí reunidos rezan el rosario y piden por el eterno descanso del alma del difunto.

Concluidas las actividades en la casa, salen con la ofrenda hacia el cementerio, donde habrán de permanecer hasta el amanecer, al igual que los demás habitantes de la localidad que ofrendaron a sus deudos. Durante la velación acostumbran intercambiar las ofrendas con las personas cercanas o conocidas, como una forma de no regresar las mismas cosas a sus hogares.

En los sepulcros se colocan arcos de varas entrelazadas, arreglados con flores amarillas de cempoalxóchitl, de los que prenden frutas como plátanos, naranjas, limas, jícamas y panes en forma de animales o de rosca cubiertos con gránulos de azúcar pigmentada en color rosa, así como figurillas de azúcar en formas diversas. Las tumbas son cubiertas con servilletas bordadas y sobre ellas ponen cazuelas, jarros y canastas con la comida que fuera del gusto del difunto y las velas que guiarán el camino de los muertos.

El altar familiar, que se coloca en los hogares, se compone según la costumbre de cada lugar, instalándose imágenes religiosas, fotografías de los familiares que han dejado este mundo; en ocasiones, ropa y objetos personales o de trabajo, para evocar su presencia; se encienden velas alrededor de una cruz de pétalos de flor de cempoalxochitl, las cuales deberán permanecer encendidas, ya que ésta les servirán de guías a los muertos. Asimismo se disponen, en floreros de barro negro, que es la cerámica utilizada con fines ceremoniales, ramos de flor amarilla y de anima, y pequeños sahumerios del mismo material, con oloroso y humeante copal.

Los alimentos son variados:

frutas y vegetales, pan, atados de maíz, generalmente de color, dulces de azúcar de formas diversas; sin faltar los vasos con agua para las ánimas que llegan sedientas y los recipientes con sal, a la que se atribuye múltiples significados, para algunos representa el sudor, para otros es ofrenda a la tierra; hay quienes la identifican con la sal del bautismo o evocación que sirve para evitar la corrupción de los cuerpos.

Un camino de pétalos de flor de cempoalxóchitl, dispuesto desde la puerta de entrada, hasta el altar conducirá a las ánimas hasta la ofrenda.

Tzintzuntzan


En esta población que fuera la capital del reino p’urhepecha y, más tarde, después de la conquista, la primera ciudad de Michoacán, la velación da inicio en los primeros minutos del día 2 en el panteón, donde comienzan a encenderse los cirios y velas sobre las tumbas previamente aseadas y en las que van colocando su singular ofrenda:

flores y alimentos que se hacen acompañar de las mejores piezas de cerámica que se manufacturan en la región: loza negra y vidriada, loza blanca, así como ángeles de paja y madera tallada.

Janitzio

En esta pintoresca isla del Lago de Pátzcuaro se preparan para empezar la conmemoración de la animecha kejtzitakua la noche del día primero, muy cerca de la media noche, antes de terminar el día de Todos los Santos; las mujeres y los niños van llegando silenciosos al cementerio para poner la ofrenda a sus deudos:

bellas flores amarillas y sobre los manteles bordados, colocarán los alimentos que fueran del gusto del difunto.

Las velas encendidas en el cementerio iluminan los rostros de los que, en aquella noche, departirán con los muertos. Una campana colgante al arco que marca el acceso al campo santo tañerá toda la noche para invocar a los ausentes.

Para los habitantes de Janitzio, participar en el ritual de velación es un deber sagrado.

Jarácuaro


Lugar, que según se sabe estuvo poblado desde tiempos muy antiguos, ha conservado su tradición dentro de una atmósfera de más pureza. Allí la ceremonia inicia con la colocación de grandes arcos, uno por cada barrio, que se sitúa en el atrio de la iglesia. La ornamentación de los arcos está hecha de flores, huinumo y otras plantas acompañadas de objetos de uso común. Luego, en la plaza se dan cita los grupos de danzantes quienes ejecutan bellas piezas a traves de las cuales muestra su virtuosismo: Jarácuaro es famoso por sus músicos y danzantes.

Mientras, en los hogares se preparan las ofrendas que las mujeres han de llevar al panteón al amanecer. Las ofrendas son retiradas cuando el sol está en lo alto y llevadas al templo donde se entonarán los “alabados”. Por la tarde del día 2, las ofrendas se reparten entre los fieles que parten al panteón a la ceremonia de bendición de sepulcros.

Ihuatzio

Antiguo centro ceremonial de los p’urhepechas, ubicado en la ribera del lago de Pátzcuaro, a 12 kilómetros por la carretera Pátzcuaro-Quiroga, la velación se realiza de manera muy similar a los demás poblados, pero se conserva ese carácter de genuina tradición que los tiempos modernos han respetado.

Tzurumútaro

En esta población, ubicada a pocos kilómetros de la ciudad de Pátzcuaro, la conmemoración a los muertos se desarrolla de forma semejante a las anteriormente descritas, pero en la que el trabajo agrícola se ve reflejada en los adornos y ofrendas que se colocan en las tumbas: calabazas, plantas de maíz, flores de la estación, combinadas con multitud de velas y veladoras que iluminan el cementerio.

Estos son, en lo fundamental, los rituales que en el estado de Michoacán se realizan para conmemorar a los muertos, símbolo de devoción y de reafirmación de nuestras creencias, pero también de recuerdo y presencia de los que simplemente se han adelantado en el viaje.

Fuente: (turismomichoacan.gob.mx)