Por: Jaime Oaxaca

Desde hace ocho años está de moda ser antitaurino y ufanarse.  Antes, a quienes no les gustaba la tauromaquia, sencillamente no asistían y asunto concluido. 

Sin embargo, hace ocho años hubo abolición de corridas de toros, un hecho que sacudió el mundo de tauro. El epicentro tuvo lugar en Cataluña, aunque a algunos catalanes no les guste, esa región es parte de España… su España.

Dicha abolición fue una bandera que cayó como perlas a unos vivos o vivales, fulanos que han tomado la prohibición con estandarte, tal como nos han dicho que Miguel Hidalgo tomó el pendón la madrugada del 16 de septiembre de 1810 para iniciar la lucha de la Independencia de lo que ahora es México.

Aunque la defensa del toro sólo fue un pretexto, la verdad es que esos catalanes querían ir en contra de su país, por eso desterraron de su terruño algo tan español, como son las corridas de toros, un acto denigrante en contra de su patria. Como si al quitarse las corridas se quitaran lo español. 

En la República Mexicana, se prohíben las corridas de toros en algunos Estados, ese rollo de la defensa de los animales es puro cuento, las prohibiciones son cortinas de humo para disimular ineptitud, crímenes, desfalcos de los funcionarios, legisladores y gobernantes. No tienen idea qué es la tauromaquia, qué representa, mucho menos de sus bondades, pero la prohíben. 

México está de fiesta, festeja en septiembre el Mes de la Patria.

Hidalgo, Allende, Morelos, héroes de la independencia, símbolos del patriotismo mexicano, fueron parte de la fiesta de los toros. 

Unos días antes del 16 de septiembre de 1810, tanto Hidalgo como Aldama y Allende organizaron una corrida de toros en la plaza de Gallos localizada frente a la casa cural; las reses que se lidiaron fueron de la Hacienda del Rincón. Uno de los actuantes fue el propio Allende. 

Miguel Hidalgo y Costilla Gallaga (1753-1811), llamado “Padre de la Patria” fue ganadero de reses bravas. Las haciendas que adquirió fueron: Jaripeo, Santa Rosa y San Nicolás, localizadas en el Distrito de Irimbo, lo que actualmente es el Estado de Michoacán. Según el biógrafo Luis Castillo Ledón, Hidalgo contrajo una considerable deuda económica al adquirir las mencionadas dehesas. El historiador taurino Heriberto Lanfranchi las ubica en el año de 1801. 

Ignacio Allende (1769-1811) fue torero y diestro hombre de a caballo. Gustaba de colear, lazar y derribar potros brutos; charreaba y toreaba a la usanza de aquellos años. Solía hacer el despeje de plaza acompañado de su tropa, después realizaba evoluciones marciales.

José Ma. Morelos y Pavón (1765-1815) fue vaquero de ganado bravo.

Hubo dos toreros que tomaron las armas y se unieron al Cura Hidalgo: Juan Luna y el español Agustín Marroquín, ambos fueron fusilados durante la guerra de Independencia.

“Patria y Libertad” fue lo que nos dieron los héroes que lograron independizarnos de los españoles. La libertad, dice el diccionario, es la facultad y derecho de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad.

¡Exigimos libertad para que se realicen corridas de toros en cualquier parte de la patria mexicana! ¡Exigimos libertad para ser aficionados a la tauromaquia!

¡Exigimos libertad para que los niños y adolescentes asistan a cualquier plaza de toros en México! 

¡Exigimos que se prohíba prohibir! 

¡Exigimos libertad!