Por: Jaime Oaxaca

Hay que recurrir al eufemismo ¡ganaderías comerciales!, para disimular lo que son algunas dehesas como: Javier Bernaldo, Julián Hamdan, Julio Delgado, Teófilo Gómez, Fernando de la Mora, Marrón, San Isidro, entre otras.

Ganaderías comerciales, en el argot taurino, quiere decir que son contrarias a la bravura, es decir: descastadas, mansas, bobas, que tienen sangre de atole, discapacidad de bravura y más deficiencias.

En un espectáculo que se llama fiesta brava, la bravura tendría que ser esencial; sin embargo, ésta va pasando a segundo término. Existen toreros que no quieren bravura, prefieren toros sin ella. Siempre hay ganaderos enemigos de la fiesta brava, quienes con tal de vender crían toros bobos, le echan agua al vino.

Los toreros se sienten más a gusto con reses bobas carentes de emotividad, los animales no embisten, sólo pasan caminando frente a la muleta sin transmitir peligro.

Evidentemente, con eso nadie se va a emocionar, parece toreo de salón, muy bonito pero sin que se vea el peligro, sin emoción. A los diestros poco les importa, siempre hay quien aplaude.

Para colmo, a los que ven las corridas por televisión les lavan el cerebro poco a poco, les platican del cuento de la nobleza del toro mexicano, del toro artista y todos los artilugios posibles, los engañan, disfrazan, maquillan lo que sucede en el ruedo.

Nobleza y toro artista son expresiones alcahuetas para disimular la bobura, la mansedumbre, la sosería.

En la temporada que se realiza en la plaza México ya se lidiaron animales de Bernaldo de Quirós, San Isidro y Julián Hamdan, el comportamiento de dichos bureles fue tal como se esperaba: bobos, desabridos, sosos, mansos mensos.

Al fin que siempre sale a relucir la frase salvadora: los toros no tiene palabra de honor. Con la expresión quedan libres de todo mal los ganaderos quienes parecen políticos en sus declaraciones ante los micrófonos, se dan cuenta que están parados en el estiércol, que todo apesta, que se lo está llevando el diablo y con una sonrisa expresan que las cosas están muy bien, que están trabajando por la patria, o por la tauromaquia, según el caso.

Bernaldos, Isidros y Hamdanes, pegaron un sonoro petardo, si bien es cierto que los ganaderos han trabajado para que así salgan los toros, nadie los exime del ridículo que hicieron en la plaza México, de la vergüenza que pasaron cuando los animales fueron pitados, el desprestigio los sigue cubriendo, las mentadas en el coso a los criadores de toros de lidia están a la orden del día.

¿Por qué la empresa compra toros bobos y sin fuerza? Es la pregunta del público.

La respuesta en muy sencilla esas ganaderías las exigen los toreros extranjeros, esos que vienen contratados como figuras y no lo justifican en la taquilla, no los va a ver nadie.

En la corrida inaugural Manzanares y Talavante exigieron Bernaldo de Quirós. El sábado pasado, en la quinta, Castella exigió San Isidro; al otro día, en la sexta, Perera exigió Julián Hamdan.

Sin esas ganaderías ninguno de los extranjeros hubiera venido, sin una tonelada de dólares o euros, tampoco.

¿Qué aportaron esos maistros españoles a la fiesta mexicana?

Nada, absolutamente nada.

Al contrario, con sus exigencias trajeron desprestigio, carencias, sopor.

La escasa asistencia del público consolida el proyecto de tirar la localidad general de la plaza México. Construirán restaurantes, bares y almacenes.

Los toros salieron bobos pero no fue circunstancial, ni bernalditos, ni hamdancitos fallaron… sencillamente así son.