Una tarima, quijadas, jaranas mosquito, primeras, segundas y terceras, requintos, leonas, panderos jarochos y un arpa fueron los instrumentos que se utilizaron para crear esta fiesta de música y danza interminable, que a pesar de la lluvia, no paró.

Ciudad de México.- 9 de Abril de 2017.- La Plaza de las Artes del Centro Nacional de las Artes fue sede del fandango abierto que se realizó como parte del 5º Encuentro Son Jarocho. Fiesta de las Jaranas y las Tarimas.

Por más de tres horas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores se reunieron en la plaza para ser partícipes de esta fiesta tradicional propia de la cultura veracruzana.  

En entrevista, Eduardo Lizalde Farías, director general y productor ejecutivo del encuentro, detalló que el fandango es un ritual fundamental de la tradición del son jarocho e importante en la música mexicana ya que construye lazos comunitarios profundos.

“En la Ciudad de México faltaba un festival con esta característica: ser plural en torno a los distintos tipos de fandango que se hacen, versan y bailan en el sotavento mexicano.

“El fandango que nosotros hacemos, por segundo año consecutivo, es una actividad totalmente abierta. Cada quien puede cantar, bailar y tocar como pueda y quiera, siempre y cuando esté en el contexto temático de cada son que se interpreta”.

Una tarima, quijadas, jaranas mosquito, primeras, segundas y terceras, requintos, leonas, panderos jarochos y un arpa fueron los instrumentos que se utilizaron para crear esta fiesta de música y danza interminable, que a pesar de la lluvia, no paró.

Versiones únicas y sorprendentes de El Siquisirí, La Guacamaya, La Bamba, El Toro Zacamandú y El Colás formaron parte del repertorio que se interpretó mientras, alternativamente, los zapateadores subían y bajan de la tarima, dependiendo del son, ya que había unos sólo para mujeres, otros de coqueteo entre hombre y mujer, y unos para “un montón” de mujeres.

Tenis, sombreros, pañuelos, paliacates, trajes típicos del son, guayaberas, faldas anchas, largas o cortas, vestidos, shorts y hasta pantalones de mezclilla fueron utilizados por los bailadores, a quien este aspecto no importó, pues para ellos lo más importante era sólo bailar y sentir la música.

De acuerdo con Eduardo Lizalde, en el fandango participó público que horas antes tomó algún taller y que buscó convivir, de manera armónica, con alguno de los 50 músicos destacados del son jarocho que participan en el festival y vienen de distintos lugares de Veracruz y Oaxaca.