El historiador Juan Frajoza realizó la investigación que acompaña al disco, en la que aborda el origen del citado instrumento y su influencia en la región Caxcana

Ciudad de México.- 3 de Marzo de 2017.- Más allá de la tradición del mariachi que predomina en Jalisco, el estado cuenta con una gran riqueza musical, ejemplo de ello es la tambora ranchera que, a contracorriente de lo que algunos investigadores sostienen, dicho instrumento no ha muerto, al contrario, está más vivo que nunca en las festividades religiosas y privadas de la región de la Caxcana, que incluye el sur de Zacatecas. 

A este instrumento, cuyos origines se remontan a la época virreinal, está dedicado el fonograma ¡No te arrugues cuero viejo…! La tambora ranchera de los Altos de Jalisco y el sur de Zacatecas, volumen número 65 de la serie Testimonio Musical de México, presentado en la 38 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), como parte de las actividades editoriales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).   

Durante la presentación realizada en el Auditorio Filomeno Mata, el historiador Juan Frajoza, autor de la investigación que conformó el disco-libro, relató que sus inicios en el estudio de la música de tambora y del canto cuamilero —canto llano de los rancheros que cultivan en la zonas ásperas, pedregosas—, surgieron gracias a don Antonio López Gómez, un intérprete de este género, con quien charlaba sobre la música que se hacía antes en la Caxcana. 

Oriundo de Yahualica de González Gallo (Jalisco) e hijo de comerciantes, durante su niñez el investigador acompañaba de un rancho a otro a sus padres en la venta de sus productos, siendo testigo del sonido de la música en las fiestas religiosas de diversas comunidades, de la cual la tambora era parte importante. 

La grabación está integrada por 24 piezas representativas, tanto de los géneros seculares como religiosos: corridos, canciones, jarabes, valses tristes, chotis, papaquis, el alabado y otras piezas; está acompañado por la investigación del autor, vertida en un libro que explica la historia de la Caxcana —región minera de arquitectura colonial en el que habitaron los tecuexes, antiguo pueblo indígena aguerrido— a través de la música. 

Antiguamente el conocimiento musical se transmitía por escoletas (bandas de músicos aficionados); sin embargo, la migración ha provocado que muchos de los nativos de esa zona adquieran otros gustos musicales, por lo que al volver a sus comunidades ven a estas melodías como “viejas”, sin una función social como la que tuvieron en épocas pasadas, relacionadas con las actividades agrícolas y ganaderas o con las festividades. 

Muchos tamboreros ya fallecieron y no grabaron; se estima que a partir de la década de los 90 del siglo pasado dejaron de transmitir sus conocimientos. 

En la investigación indagó tanto en los registros comunitarios como municipales. “Después de comenzar a hacer entrevistas en forma, y partir del aporte de don Antonio López, descubrí que podía localizar información sobre músicos decimonónicos en los archivos judiciales, ya que él (don Antonio) siempre hablaba de que en tal fiesta habían matado a tal persona, además de enterarnos de qué festividad era y sus detalles, entre ellos, la música”. 

Juan Frajoza explicó que las tamboras rancheras no todas se instrumentan igual. Puede ser reemplazada por el tololoche que cumple la misma función, mientras que en la cuestión melódica, casi siempre el violín es el principal; también se le puede dotar de acordeón y armónica; en lo armónico se recurre a la guitarra o vihuela, aunque cada comunidad tiene sus particularidades, por ejemplo, en la tambora de San Antonio de los Vázquez y de Ixcatán, se recurría a un tambor redoblante. 

La grabación consigna piezas como El pájaro perico, un son que se toca en Ixcatán, municipio de Zapopan, el día de San Pablo y San Pedro, durante la carrera “gallos a caballo”, cuando dos corredores con plumíferos en mano, se agarran de la fajilla o cinto y tratan de tirarse el uno al otro. Acto que forma parte de la tradición de petición de lluvia. 

El historiador Rafael Ruiz Torres destacó que Juan Frajoza es alguien que no sólo conoce la música de la zona, sino también la cultura e historia, lo cual es requisito indispensable para entender mejor la tradición musical. 

“La música popular campesina es parte de un todo complejo que incluye baile, adornos y vestuario, que se ejecutan en alguna festividad secular o religiosa; no solamente es la música sino toda la fiesta y sólo así se puede comprender”. 

El historiador egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) resaltó como dato importante las diferencias que existían en cada uno de los ranchos, pues en algunos se permitía lo que en otros se prohibía. “Pensar que toda la música campesina se interpretaba de una sola manera es erróneo, las tradiciones no son para nada homogéneas, sino variadas y no pocas veces contradictorias”, expuso. 

El repertorio que se tocaba en la región tenía elementos en común y otros en particular, los que Ruiz Torres ha apreciado en los grupos de música de cuerdas eran polkas, valses, mazurcas, chotis, y hay otros que son específicos para el caso de la tambora de los Altos de Jalisco y el sur de Zacatecas, como la canción cuamilera y los papaquis (música y baile propios de la fiesta rural de carnestolendas, que se acompaña con ciertos juegos en los que se usan cascarones de huevo pintado con los que se agreden simbólicamente los participantes). 

Otro acierto de la obra, de acuerdo con Rafael Ruiz, es que devela algunas tradiciones que perduraron hasta el siglo XIX y que fueron comunes en la Colonia, muchas de las cuales se desconocían o están a puntos de perderse, como los “gallos a caballo”, o el “coloquio de pastores”, suerte de pastorela donde, al igual que en la carrera equina, se describe qué participación tenía la música en dichas actividades. 

“De Jalisco lo que ha trascendido es el mariachi, por lo que este disco es pieza única, cuyo contenido es muy importante”, concluyó.

Fuente: (INAH)