La autora expuso que los conversos en general se oponen a lo que la comunidad llama “costumbre” y que legalmente se les conoce como usos y costumbres, que son sistemas normativos internos de cargos, pues los consideran idolatría, se oponen a la religión del pueblo y a sus normativas cívicas, lo que genera una fuerte confrontación entre los creyentes de ambas religiones, cuyo resultado, muchas veces, deviene en la expulsión de habitantes de las comunidades y la creación de nuevos asentamientos de protestantes.

CDMX.- 7 de Agosto de 2018.- Las religiones que practican actualmente las comunidades indígenas en Oaxaca son resultado de la reconfiguración que cada pueblo ha hecho de las creencias de origen mesoamericano —vinculadas con la montaña sagrada— y católicas, con más de cinco siglos de evangelización, explicó la antropóloga Alicia M. Barabas.

La profesora investigadora emérita del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) analiza estas formas de religiosidad en un ámbito territorial pluriétnico y de gran diversidad cultural, a través de una serie de escritos reunidos en el libro Dones, duelos y santos. Ensayos sobre religiones en Oaxaca.

Coeditada por el INAH y la Editorial Porrúa, la segunda edición del volumen consta de un conjunto de ocho ensayos, prologado por el historiador Alfredo López Austin, en los que se estudia la realidad indígena de Oaxaca que gira en torno a las creencias y prácticas religiosas, no como hechos culturales aislados, sino en su articulación con los diversos campos de acción y pensamiento social.

En el capítulo introductorio, el libro trata cuestiones de naturaleza teórica sobre la antropología simbólica y el papel de la territorialidad dentro de esta vertiente antropológica, además de proporcionar algunos elementos para el estudio de la representación del espacio en las épocas prehispánica y colonial en Oaxaca.

En capítulos como “Cosmovisión y entidades territoriales”, Barabas aborda estos tópicos a través de narrativas de tipo cosmogónico, de creación del mundo, como el ciclo de los gemelos Sol y Luna o el de los reyes fundadores de los territorios étnicos, como el caso de Nexhquiriac. Ahonda en la representación actual del cosmos, materializada en la figura de lo que la gente llama los “dueños de los lugares”, elemento importante en la construcción de la etnoterritorialidad de los pueblos indígenas.

“Son entidades extrahumanas concebidas por las comunidades como personas con poderes especiales, que controlan los sitios y sus riquezas. A estos seres territoriales, que no son dioses, la gente, a través de los rituales en cerros, montañas, cuevas y fuentes de agua, les pide prosperidad, lluvia, salud, buena cosecha; con ellos, en convivencia, consumen las ofrendas que les ofrecen”, expuso.

En “Etnoterritorialidad sagrada”, la investigadora del Centro INAH Oaxaca analiza el término etnoterritorio, a partir del concepto de territorio cultural o simbólico, para definirlo como el territorio histórico, cultural e identitario que cada grupo etnolingüístico reconoce como propio, ya que en él no sólo encuentra habitación, sustento y reproducción como grupo, sino también la oportunidad de reproducir cultura y prácticas sociales a través del tiempo.

En el apartado “La territorialidad simbólica y los derechos territoriales indígenas: reflexiones para el estado pluriétnico”, la antropóloga plantea este tema pero en relación con los derechos territoriales de los pueblos indígenas. Reflexiona sobre la posibilidad de un estado pluriétnico a partir de cómo se concibe territorialidad indígena en las leyes nacionales e internacionales.

“En otros países de América Latina las leyes nacionales ya han reconocido la figura del territorio indígena, mientras que en México todavía no lo hay como tal, más que el ejido y la comunidad agraria”, acotó.

En el capítulo “La ética del don. Los sistemas indígenas de reciprocidad”, explica cómo en el intercambio de bienes y servicios, están todos los campos de la vida social de las comunidades indígenas: del trabajo o tequio, del ciclo de la vida, de la fiesta, del ámbito público y político, y también de lo sagrado, ya que a través de esta forma simple pero equilibrada de correspondencia, también se entregan dones a las deidades católicas.

El aparicionismo de vírgenes, santos y personajes sagrados, fenómeno muy particular de la religiosidad indígena colectiva, es abordado en dos capítulos, en los que destaca “La aparición de la Virgen de Tejalapam. Una interpretación sobre la multivocalidad del milagro”. “En el valle de Oaxaca me tocó presenciar una aparición de la Virgen de Juquila, la más importante en el estado. En el texto se analiza paso a paso la construcción del milagro aparicionista, y se muestra cómo la gente construye esta presencia y de qué manera la sostiene”.

En “Las nuevas alternativas religiosas frente a la ‘costumbre’ de los pueblos”, Alicia Barabas aborda el creciente aumento de diversos cultos y cómo éstos generan importantes conflictos al interior de las comunidades conversas, no sólo religiosos sino también socio-políticos.       

“En 2010, las estadísticas indicaban que estas nuevas alternativas, sobre todo las cristianas, representaban 10.7 por ciento de la población en el estado. Mientras que en 2017, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población, subió a poco más de 12 por ciento. No es un crecimiento muy alto pero si constante”, afirmó.

Alicia Barabas expuso que los conversos en general se oponen a lo que la comunidad llama “costumbre” y que legalmente se les conoce como usos y costumbres, que son sistemas normativos internos de cargos, pues los consideran idolatría, se oponen a la religión del pueblo y a sus normativas cívicas, lo que genera una fuerte confrontación entre los creyentes de ambas religiones, cuyo resultado, muchas veces, deviene en la expulsión de habitantes de las comunidades y la creación de nuevos asentamientos de protestantes.

Explicó que entre las razones del ascenso de estos dogmas está la migración hacia Estados Unidos, donde los feligreses son ‘capturados’ por la atención que los pastores les dedican, lo que no hace la Iglesia católica; cuando las personas regresan a sus comunidades transmiten este culto.

“Ante factores como el alcoholismo y la violencia intrafamiliar, estas alternativas ofrecen una transformación total a cambio de la adherencia de la familia a esa fe. En ellas, los habitantes pueden ser pastores, incluso las mujeres; se pueden casar y tener familia, además les hablan a sus feligreses en sus propias lenguas”, comentó.

Sobre la aparición de cultos relacionados con el crimen organizado, como Malverde o la Santa Muerte, Alicia Barabas aseguró que, a la fecha, no se tiene información de que se practiquen en alguna comunidad, considera que tienen cabida más en un contexto urbano, “los migrantes los conocen aunque no son ‘santos’ por los que sientan devoción”. 

El libro Dones, duelos y santos. Ensayos sobre religiones en Oaxaca se puede adquirir en las tiendas de los museos del INAH y en las librerías Educal.

Fuente: (INAH)