En un encuentro donde el gran ausente fue el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, se multiplicaron los agradecimientos para quien ha sido guía intelectual de esta iniciativa que es orgullo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Con base en la rigurosidad científica, el profesor y los integrantes del PTM, y del proyecto hermano, el Programa de Arqueología Urbana (PAU), siguen extrayendo los más profundos secretos que guardan piedras, huesos, conchas, cerámica, restos orgánicos…, para conocer mejor al antiguo pueblo mexica.

CDMX.- 21 de Mayo de 2018.- Cuatro décadas de un paradigma de la arqueología mexicana, el Proyecto Templo Mayor (PTM), se resumen en la exposición Revolución y estabilidad que puede visitarse hasta el próximo 31 de julio; mismas que también han quedado impresas de manera permanente en las 250 páginas que integran el catálogo homónimo de la muestra.

Ambos productos académicos, representan una ofrenda que los investigadores de este equipo multidisciplinario de investigación hacen a la sociedad de nuestro país, expresó Patricia Ledesma Bouchan, directora del Museo Templo Mayor, en la presentación de esta publicación que sirvió para conmemorar, a su vez, el Día Internacional de los Museos.

En un encuentro donde el gran ausente fue el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, se multiplicaron los agradecimientos para quien ha sido guía intelectual de esta iniciativa que es orgullo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Con base en la rigurosidad científica, el profesor y los integrantes del PTM, y del proyecto hermano, el Programa de Arqueología Urbana (PAU), siguen extrayendo los más profundos secretos que guardan piedras, huesos, conchas, cerámica, restos orgánicos…, para conocer mejor al antiguo pueblo mexica.

Y eso, señaló José Enrique Ortiz Lanz, coordinador nacional de Museos y Exposiciones de la institución, es lo que ha quedado plasmado en el catálogo editado bajo el sello del INAH: la diversidad de quehaceres y objetos de estudio que especialistas del PTM y del PAU tienen en sus manos.

Con la elocuencia que lo caracteriza, Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, resume en el catálogo lo que han significado 40 años del proyecto y 30 años de su divulgación a través del Museo Templo Mayor. A este recuento se suma el que el doctor Leonardo López Luján, actual director del PTM, hace de los últimos tres lustros (1991-2017) sobre el mismo.

Los objetos de concha, la lapidaria, lo que implica la conservación de materiales tan diversos y delicados, la flora y la fauna hallada en las ofrendas, los estudios de ADN antiguo en las oblaciones infantiles, la muerte en los rituales mexicas, las edificaciones prehispánicas devueltas al presente gracias a los trabajos de salvamento arqueológico, el análisis tridimensional de objetos arqueológicos y una reflexión sobre el Templo Mayor como “centro de orientación vocacional”, son los temas contenidos en el volumen.

Entre los autores de los ensayos se encuentran los investigadores: Adrián Velázquez, María de Lourdes Gallardo, Diana Medellín, Emiliano Melgar, Aurora Montúfar, Norma Valentín, Juan Alberto Román, Angélica González, Raúl Barrera, Ximena Chávez, Diego Jiménez-Badillo, Salvador Ruiz-Correa y Carlos Javier González.

Al hablar del Museo del Templo Mayor, que abrió sus puertas el 12 de octubre de 1987, José Enrique Ortiz Lanz no pudo evitar su apreciación de arquitecto y comentó que en esta obra, Pedro Ramírez Vázquez renunció a las fachadas, apostando por desdoblar misteriosos espacios interiores a partir de “ángulos inusuales”. Concluyó que este museo, al igual que sus equipos de investigación, se ha reinventado con el tiempo, ejemplo de ello es su nuevo vestíbulo que ofrece un acercamiento distinto a la zona arqueológica, así como las adecuaciones emprendidas para ser más incluyente y dar accesibilidad total a personas con discapacidad motriz.

El doctor Antonio Saborit, director del Museo Nacional de Antropología, recordó cómo Eduardo Matos se convirtió en un personaje hipnótico entre finales de los 70 e inicios de los 80, tras el hallazgo del monolito de la Coyolxauhqui. Al igual que muchos, Saborit quedó impactado con ese hombre de “barba de profeta y suéter de Chiconcuac” que aparecía constantemente en las páginas de El Universal, donde lo mismo daba a conocer sus hallazgos en el Templo Mayor, que desbordaba su alma de poeta. “Un genio de ese temperamento es el que está detrás de todo eso que nos reúne hoy”, expresó.

El Museo Templo Mayor, dijo, sería el orgullo de Daniel Rubín de la Borbolla, antropólogo y hombre de museos, para quien estos espacios debían aunar educación e investigación, ser el lugar más democrático donde “no se solicita grado académico ni identidad alguna”, donde cabe lo mismo un niño que el investigador más prominente. En ambos sentidos, “hablamos en este caso de un museo realizado, producto de la tenacidad y la convicción sólida de quienes han trabajado y trabajan en él”.

Patricia Ledesma, directora del Museo del Templo Mayor, comentó que la dicotomía expresada en el Huey Teocalli de los mexicas, un edificio de naturaleza dual: agua y fuego, así como la continuidad de un proyecto que en su momento significó un parteaguas (palabra que sólo aparece en el diccionario de mexicanismos), dieron lugar al título de la exposición: Revolución y estabilidad, el cual ahora rotula las páginas de su catálogo.

Fuente:(INAH)