Por Benjamín Solís
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 20 de mayo de 2014. ¿Qué mezcla de sentimientos tiene un migrante cuando ha decidido ponerse en marcha? Muchas dudas cruzarán por su mente, pero, seguramente, hay una que se sobrepone a las demás y no se refiere precisamente a lo que se deja, sino a lo que aguarda en el camino, pues la emigración en nuestro tiempo, y en cualquier parte del mundo, es un boleto al riesgo de morir, a la posibilidad de perderse para siempre en la ruta hacia una nueva vida.

En su ciclo de estrenos, la Cineteca Nacional presenta "La jaula de oro", multipremiada ópera prima del mexicano-español Diego Quemada-Diez, es una historia donde la ficción desnuda un impresionante realismo que trastoca, en las más diversas maneras, la conciencia del espectador mediante una variedad de recursos que, bajo la dirección de Quemada-Diez, consiguen un profundo y revelador testimonio resultado de las circunstancias a las que enfrentan todos los días miles de inmigrantes nacionales y de otras naciones en la búsqueda de una nueva tierra prometida.

Ganadora de ocho premios internacionales, entre ellos el Premio al Mejor Reparto en el Festival de Cine de Cannes 2013, "La jaula de oro" es la travesía de tres adolescentes centroamericanos que han decidido abandonar su lugar de origen con la intención de entrar ilegalmente a Estados Unidos, pero para ello deberán cruzar el territorio nacional, exponiéndose a toda clase de peligros, donde la violencia se convierte en una espiral sin salida de esta carrera contra la adversidad y la persecución. Con un trabajo fílmico de modestos recursos, el director consigue un impresionante trabajo partiendo de las situaciones más comunes de los jóvenes protagonistas, empezando desde los preparativos, los primeros días del viaje, que se asemejan más a una aventura adolescente, sin embargo, conforme transcurren los hechos, el anhelo se va convirtiendo en una pesadilla.

Por un lado, Juan y Sara, jóvenes guatemaltecos a quienes se les unirá Chauk, un muchacho maya que no habla español, sin embargo, esto no será impedimento para que surja una amistad, en principio ríspida ante los prejuicios racistas de Juan, pero que finalmente se erigirá en una relación fecundada por la solidaridad y compañerismo juveniles; de este modo atestiguaremos que, aun en la más dura de las adversidades, siempre hay momentos de alegría, hermandad y amor.

Quemada-Diez ha comentado que con su filme, aparte de querer lograr una visión lo más fidedigna del triste universo de la migración, deseaba que fuera capaz de "tocar" el lado más sensible del espectador; que su historia no se quedara como una "película más", sino que evidenciara y abriera la conciencia del público ante este problema cada vez más violento y fuera de control, y para ello había que acercarse a la vida del migrante centroamericano, tan próximo como las posibilidades se lo permitieran. Y con ello, el director no escatimó esfuerzos llevando a su equipo de filmación a escenarios y emigrantes reales, que protagonizan su película. Asimismo, son de especial atención las secuencias rodadas a bordo de "La Bestia", la ya legendaria máquina donde inicia el viaje de los migrantes, e ir registrando a modo de road movie los accidentes, los retenes, los abusos de las autoridades migratorias, así como los tan temidos ataques del crimen organizado; pero con todo y ello, en medio del drama, también se muestra el lado humano de este fenómeno, y son las evidencias de solidaridad de los pobladores que les brindan un poco de paz y confort a los viajeros.

"La jaula de oro" tal vez no muestre nada desconocido para la mayoría de los espectadores de los países donde la migración es materia común; sin embargo, el mérito de esta película radica en que, mediante los elementos del cine, los sucesos adquieren una nueva percepción, más humanizada, de estas mujeres y hombres, viajeros invisibles e incansables de las fronteras.

"La jaula de oro" (España-México, 2013), dirección: Diego Quemada-Diez; guión: D. Quemada-Diez, Gibrán Portela y Lucía Carreras; fotografía en color: María Secco; música: Jacobo Lieberman y Leonardo Heiblum; edición: Felipe Gómez y Paloma López Carrillo; producción: Edher Campos, Inna Payán y Luis Salinas; reparto: Brandon López (Juan), Karen Martínez (Sara), Rodolfo Domínguez (Chauk), Carlos Chajon (Samuel), padre Alejandro Solalinde (como él mismo).

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Foto: Un filme que muestra todo el drama del flagelo de la migración.
Cortesía Cineteca Nacional.