Santos considera que la ruta natural para insertarse con éxito en el mercado laboral implica mantenerse activo en el quehacer científico a través de los posdoctorados hasta conseguir una oportunidad.

Ciudad de México. 22 de abril de 2018 (Armando Bonilla-Agencia Informativa Conacyt).- Cuando era pequeña, a Rocío Santos Gally le encantaban las flores y al contemplarlas, se planteaba preguntas en torno a ellas: el porqué de su aroma, de sus colores y la forma de sus pétalos.

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“Al decidir qué carrera estudiar, recuerdo que sentía cierta inclinación por la medicina; no obstante, ese gusto que siempre sentí al observar la naturaleza, me motivó a elegir la carrera de biología, donde a la larga encontré las herramientas necesarias para responder algunas de las inquietudes que sentía desde que era niña”.

Hoy en día, Rocío Santos Gally cuenta con un doctorado en biología vegetal y ecología por la Universidad de Sevilla y se desempeña como investigadora en el Departamento de Ecología Evolutiva del Instituto de Ecología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), adscrita como parte del programa Cátedras Conacyt.

La niña que observaba las flores

Aun cuando Rocío Santos Gally es una investigadora joven, ha tenido la oportunidad de probar algunas hipótesis en torno a la evolución de las flores a través de su proyecto de maestría, resultados que sumaron para que lograra incorporarse al programa de Cátedras Conacyt y al Sistema Nacional de Investigadores, nivel I (SNI).

Entre esos aportes al conocimiento de la ecología evolutiva, la investigadora encontró que la evolución en algunos caracteres fenotípicos de las plantas está asociada al tipo de polinizadores que interactúan con ellas.

“Me interesaba saber por qué cambiaban ciertos caracteres de las flores y su relación con los tipos de polinizadores; así que inicié con un estudio donde analicé los diferentes tipos de azúcares que producen las cactáceas columnares”.

Durante esa investigación, la doctora consideró especies polinizadas por murciélagos, aves e insectos y determinó que para las especies polinizadas por murciélagos, su tipo de azúcar está compuesto de glucosa y fructosa, mientras que las plantas polinizadas por insectos tienen un disacárido que es la sacarosa.

1-narcisos1918.png“Esos hallazgos provocaron nuevas preguntas y me interesé en determinar si existía un mecanismo que provocara ese cambio en los azúcares, así que investigué en torno a una enzima encargada de romper la sacarosa para producir glucosa y fructosa y ese trabajo documental me llevó a convertir ese primer proyecto en una línea de investigación a la que di continuidad durante el doctorado”.

A través de su proyecto doctoral, la joven investigadora analizó los cambios al sistema de reproducción en diferentes especies de narcisos (Narcissus) de un mismo género de plantas, también considerando su relación con los polinizadores.

“Estas especies cuentan con un sistema de reproducción muy distinto a los conocidos normalmente (…) Ya que en el grueso de las plantas, el aparato masculino y femenino están a la misma altura y esto puede causar interferencia entre ellos, pero en este caso, estudiamos plantas heterostílicas —con individuos que separan de manera recíproca sus órganos sexuales— para entender si esta forma de reproducción se mantenía en relación con los polinizadores que visitaban la planta”.

A través de ese trabajo, la investigadora identificó que la arquitectura —estructura de la flor— es muy importante para la evolución y mantenimiento de esa forma de reproducción.

“Este conocimiento es relevante porque entender cómo funciona la naturaleza nos permitirá generar estrategias de aprovechamiento de los diferentes recursos que nos proporciona”.

La doble carrera de Rocío 

Antes de involucrarse en este y otros proyectos, la hoy doctora tuvo que superar ciertos retos durante su vida académica, entre ellos, combinar los estudios con otra de sus grandes pasiones: el deporte, pero también, en algún momento de su vida con la necesidad de trabajar para pagar la carrera.

“De mi época de estudiante en la carrera de biología que cursé en la Facultad de Ciencias de la UNAM, recuerdo que fue una etapa muy bonita, pero al mismo tiempo muy dura. La carrera de biología exige mucho y uno tiene que involucrarse dentro y fuera del aula con ella, por si eso fuera poco, yo competía a nivel nacional e internacional en atletismo”.

1-rocio1918.jpgPara la entonces joven Rocío Santos, la mejor forma de combinar ambas actividades fue comprometerse del mismo modo con la carrera y con el deporte, porque convertirse en atleta de alto rendimiento, le significó recursos económicos que le ayudaron a solventar algunos gastos propios de sus estudios. No obstante, en la recta final de la carrera y ya involucrada en tareas de investigación, debió elegir entre una y otra actividad, así que finalmente se alejó del deporte de alto rendimiento. Asimismo, se vio en la necesidad de trabajar para solventar el resto de sus estudios.

“En esta ocasión también tuve la fortuna de combinar dos actividades que me resultaban altamente satisfactorias, pues encontré trabajo dando clases de biología y mientras hacía la tesis me di cuenta que lo que yo estaba aprendiendo se lo podía transmitir a mis estudiantes, evidentemente era pesado, pero aun así puedo decir que tuve mucha suerte”.

Ese, su primer contacto con la docencia, la puso a reflexionar en torno a seguir el camino de la investigación o entrar de lleno a la enseñanza.

“En ese momento decidí avanzar hacia la maestría en ciencias biológicas, apoyada ya por una beca Conacyt y, posteriormente, realicé el doctorado en la Universidad de Sevilla, pues entendí que lo que realmente quería era hacer investigación”.

Rocío Santos considera que la ruta natural para insertarse con éxito en el mercado laboral implica mantenerse activo en el quehacer científico a través de los posdoctorados hasta conseguir una oportunidad.

“En mi caso fueron varias etapas de posdoctorado que sirvieron para construir un currículum capaz de competir con lo que las universidades y centros de investigación requieren, ese fue mi camino hasta que competí por un lugar en el programa de Cátedras Conacyt. Fueron varios años de camino, el cual no es fácil, pero al final gané una oportunidad, a través de ese programa, en el Instituto de Ecología”.