“La escultura y pintura mural mexica usaba sólo cinco colores: blanco, negro, rojo, ocre y azul. De acuerdo con la teoría más aceptada, estos respondían a los cuatro puntos cardinales y el centro del universo; así como a las deidades tutelares de Tenochtitlan, Tláloc y Huitzilopochtli, cuyos templos estaban pintados de azul y rojo, respectivamente”. 

Ciudad de México.- 10 de Octubre de 2016.- En México se tiene poco más de cien años en el estudio de la policromía usada en la época prehispánica, cuyo primer antecedente fue la recreación de los colores que tuvo la Piedra del Sol, publicada en 1913 en la revista Acción Mundial, editada por el pintor Gerardo Murillo, Dr Atl (1875-1964). 

Así lo refirió el arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor (PTM), durante la ponencia que dictó en el Museo del Palacio de Bellas Artes como preámbulo a la exposición El color de los dioses, que abrirá el próximo lunes 10 de octubre e incluirá piezas mesoamericanas que convivirán con obras de la Antigüedad clásica. 

“La escultura y pintura mural mexica usaba sólo cinco colores: blanco, negro, rojo, ocre y azul. De acuerdo con la teoría más aceptada, estos respondían a los cuatro puntos cardinales y el centro del universo; así como a las deidades tutelares de Tenochtitlan, Tláloc y Huitzilopochtli, cuyos templos estaban pintados de azul y rojo, respectivamente”. 

Durante la ponencia, en la que también participaron Vinzenz y Ulrike Koch-Brinkmann, investigadores de la fundación "Stiftung Archäologie", y la restauradora del PTM, María Barajas; el arqueólogo López Lujan dijo que en la muestra El color de los dioses, el público podrá apreciar el trabajo que durante dos décadas han realizado especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para identificar evidencias de color en vestigios tenochcas, así como su simbolismo.

Resultado de dicho esfuerzo, realizado a través de los museos Nacional de Antropología (MNA) y del Templo Mayor, una selección de 52 objetos mayas, toltecas, olmecas y mexicas (originales y réplicas), se incluyen en esta exposición compuesta por 118 piezas.

“Buscamos abrir un diálogo entre dos estéticas que son referentes a nivel mundial en historia del arte y, al mismo tiempo, conocer los mensajes cifrados en esculturas que por mucho tiempo fueron asociadas al mármol prístino del Monte Pentélico o de las canteras de Carrara, cuando en realidad estaban llenas de color”, indicó López Luján. 

Del medio centenar de piezas prehispánicas, seis son réplicas de piezas icónicas mexicas: los monolitos de Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli, dos cabezas de serpiente, la figura antropomorfa conocida como Portaestandarte B y un Chac Mool. Destacan cuatro cetros serpentiformes hechos de madera y localizados en una ofrenda asociada a Tlaltecuhtli, los cuales aún muestran evidencias de color. 

Leonardo López Luján comentó que mediante el uso de tecnología  de primer nivel, el Proyecto Templo Mayor (PTM) hizo una reproducción del monolito de la diosa Tlaltecuhtli, cuyo hallazgo cumplió una década el pasado 2 de octubre, del cual se retomó un escaneo tridimensional hecho en 2007 por personal de la Universidad Prefectural de Aichi, Japón, para crear una copia a escala 1-2 que captura cada detalle del original en una superficie de polímero de alta densidad. 

El arqueólogo precisó que, salvo dicha escultura de la diosa mexica de la tierra, las otras cinco reproducciones fueron moldeadas en fibra de vidrio por el escultor Pedro Dávalos y pasaron por un riguroso trabajo de estabilización y restauro. 

Los especialistas del PTM, Fernando Carrizosa y Diego Matadamas detallaron que  los cuatro cetros que se presentarán fueron descubiertos en 2011, y sobresalen por la evidencia de azul y negro que conservaron pese a su composición orgánica e inmersión durante varios siglos. 

“Los códices y las investigaciones nos permiten saber, por ejemplo, que el Chac Mool mexica tenía detalles en azul por ser un dios acuático; o que los cuatro cetros pudieron representar a la Xiuhcóatl o serpiente turquesa, que era el arma insignia de Huitzilopochtli”, comentó Fernando Carrizosa. 

Tras agradecer a los especialistas mexicanos el trabajo de adaptación de la exposición a la riqueza de la policromía que se desarrolló en Mesoamérica, Vinzenz Brinkmann expuso que, si bien corrientes artísticas como el neoclasicismo negaron el color de la escultura y arquitectura grecorromana, los estudios que desde hace 25 años ha realizado, demuestran la cualidad que la policromía tiene para "extender la narración" de piezas como la estatua de Kuros, el arquero del Templo de Afaia o el sarcófago de Alejandro Magno, cuyas reproducciones podrán apreciarse en la muestra. 

Por su parte, Diego Matadamas resaltó el valor que tendrá El color de los dioses. Policromía en la Antigüedad clásica y Mesoamérica, porque permitirá contrastar las sombras y combinaciones de color que ahora se sabe tenían las esculturas griegas, con las gamas planas y saturadas que usaban los mexicas. Asimismo, hizo hincapié en que, a un lado y otro del atlántico, “estas magnas piezas eran vistas como contenedores para las esencias divinas, de allí la importancia de hacerlas fastuosas a los ojos del espectador”.

Los especialistas reunidos en la Sala Adamo Boari, del Museo del Palacio de Bellas Artes, concluyeron que la exposición no únicamente cambia la visión hacia la escultura de dichas civilizaciones, también impulsa la creación de réplicas que ayudan a conocer cómo lucían y funcionaban las piezas, así como a preservar testigos bajo el entendido de que todo color tiende a desaparecer como efecto natural del tiempo y los elementos.

Fuente: (INAH)