En la actividad académica de ésta la casa de estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se tuvo como invitado al doctor Pedro Pitarch Ramón, quien desde 1988 investiga los sistemas conceptuales, cosmogónicos y de relación que manejan diversas comunidades tzeltales asentadas en el estado de Chiapas.

 

Ciudad de México.- 29 de Agosto de 2016.- La riqueza y sofisticación de la cosmogonía mesoamericana, particularmente de las comunidades tzeltales de los Altos de Chiapas, fue el tema elegido por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) para inaugurar formalmente las actividades del curso 2016-2 de la Licenciatura en Etnología. 

En la actividad académica de ésta la casa de estudios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se tuvo como invitado al doctor Pedro Pitarch Ramón, quien desde 1988 investiga los sistemas conceptuales, cosmogónicos y de relación que manejan diversas comunidades tzeltales asentadas en el estado de Chiapas.

El etnógrafo de la Universidad Complutense de Madrid expuso a maestros, estudiantes y alumnos de nuevo ingreso, sus planteamientos acerca de cómo es que los mayas-tzeltales comprenden y representan la relación entre su corporalidad y “el otro lado”, es decir, el plano habitado por almas, deidades y otras figuras no humanas, a través de la conferencia magistral El pliegue del cuerpo. Antropologías indígenas

Esta relación, aunó, es clave para los tzeltales, quienes conciben al ser humano como alguien integrado por dos cuerpos: uno tangible perteneciente al mundo solar, y otro compuesto por un sinfín de entidades provenientes del chalamal, vocablo que significa “lado doble” u “otro lado”. Este último, de acuerdo con sus creencias, envuelve al feto durante su gestación y, al momento del parto, se pliega hasta quedar encerrado en el cuerpo, desplegándose totalmente al momento de morir, o parcialmente a través de la enfermedad, la embriaguez o el trance ritual.

Representaciones de ello, indicó Pitarch, pueden encontrarse en prácticas como la de buscar en el interior de las placentas una imagen similar a una huella de felino o un ala de ave (a la manera de animales protectores), o en objetos cotidianos como los espejos, usados por los seres delchalamal para acceder brevemente al plano terrenal. 

“En piezas como los vasos funerarios del periodo maya Clásico, son frecuentes las escenas donde un dignatario aparece mirándose en un espejo. Esto alude al término sbot’ sba, que se traduce como darse la vuelta sobre sí mismo, o mirar algo con los ojos bien abiertos”. 

De acuerdo con los testimonios recogidos por Pitarch, la creencia tzeltal es que los espejos invierten el orden entre sujeto y objeto, por lo cual, son los seres del chalamal quienes se miran a sí mismos a través de los humanos. Ello se sustenta igualmente en que los espejos antiguos estaban compuestos por varias piezas de pirita o hematita, lo que producía un efecto de caleidoscopio y concordaba con el carácter múltiple e inestable de las almas y criaturas pertenecientes al otro lado. 

“Esta creencia también se ha fusionado con el culto católico, por ello las vírgenes y los santos que se adoran en la región de los Altos de Chiapas, son frecuentemente adornados con pequeños espejos a la altura del pecho”. 

El etnógrafo, cuyas publicaciones más recientes son La cara oculta del pliegue y La palabra fragante. Cantos chamánicos tzeltales, refirió a los alumnos de la ENAH la importancia de aplicar perspectivas distintas a un mismo objeto de estudio. 

Como ejemplo puso el caso de las plazas y los mercados populares de los mayas-tzeltales, analizados tradicionalmente desde la antropología económica, pero vistos desde su trabajo actual “como un campo de interacción para seres de naturaleza distinta”, es decir, una representación colectiva del chalamal y sus pliegues con el mundo solar. 

Finalmente, Pedro Pitarch resaltó la necesidad que existe desde las ciencias sociales para documentar y contribuir a preservar los usos y costumbres de los pueblos originarios de México, toda vez que durante muchos años se trabajó bajo el supuesto de que los indígenas contemporáneos eran “supervivientes de sus antepasados y, por lo mismo, menos sofisticados”, una visión que calificó como errónea y superada dentro de la antropología.

Fuente: (INAH)