“Cosechamos el oro amarillo para transformarlo en oro blanco y elaborar diversos platillos,  postres, aguas, tamales y atole. Huahtli proviene del náhuatl y se traduce como la partícula más pequeña, dadora de vida. El amaranto es un alimento prodigio del pasado que renació en el presente y prevalecerá en el futuro”.

Ciudad de México.- 6 de Septiembre de 2016.- La alegría, dulce típico que se elabora en el pueblo de Santiago Tulyehualco, fue declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, en el marco de la clausura de la III Fiesta de las Culturas Indígenas, Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México.

La semilla de  amaranto, con la que se elaboran las alegrías, fue domesticada hace más de cinco mil años y ha sido parte de la alimentación de los pobladores de la cuenca  del Valle de México desde la época prehispánica, incluso era usada en las fiestas religiosas por lo que los españoles prohibieron su uso durante el virreinato.

Cinco siglos después esta semilla sigue siendo parte de la alimentación y de la identidad de las familias de la comunidad de Santiago Tulyehualco, por lo que el Gobierno de la Ciudad de México decidió declararla Patrimonio Cultural Intangible.

Durante la ceremonia de clausura, que se realizó en la explanada del Zócalo, estuvieron Diego Prieto, secretario técnico y encargado de la Dirección General del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH);  Eduardo Vázquez, secretario de Cultura de la Ciudad de México; Avelino Méndez, delegado de Xochimilco, y Apolo Franco, representante del Sistema Producto Amaranto del Distrito Federal.

Diego Prieto señaló que esta fiesta en la que se reconoció al amaranto como Patrimonio Intangible, se hace patente la riqueza y diversidad de formas de pensar, de organizarse y de representarse, plasmada en la diversidad étnica y lingüística de México como país.

“El pueblo de México celebra la diversidad y para eso tenemos que hacer conciencia de que desde muchos siglos esa diversidad había sido negada por la dominación de unos pueblos sobre otros, de manera que celebrar la diversidad significa luchar por construir una ciudad menos desigual y en la que todas las voces se escuchen”.

En su intervención, Eduardo Vázquez, secretario de Cultura capitalino, sostuvo que con esta declaratoria como Patrimonio Intangible no sólo se reconoce al amaranto y la alegría como objetos, sino que se reconoce toda la cultura que está detrás de ella, así como los saberes que los pueblos guardan para convertir el amaranto en un dulce exquisito.

La declaratoria se dio luego de que el pueblo de Tulyehualco propuso que su memoria, patrimonio y saberes fueran reconocidos por toda la ciudad como patrimonio.

La encargada de sustentar, desde la Academia de la Universidad Autónoma Metropolitana, los valores del amaranto y la alegría fue la doctora en ciencias Sara Hirán Morán Bañuelos, quien ha señalado que en Tulyehualco existe una tradición de varias generaciones de cómo cultivar el amaranto en chinampas.

“Estos conocimientos ancestrales son únicos de esa comunidad, porque sólo en ese lugar hay chinampas de donde se obtienen las plántulas que luego son llevadas a las faldas del cerro para que terminen de crecer y cuyo proceso dura alrededor de seis meses”. 

Apolo Franco, representante del Sistema Producto Amaranto del Distrito Federal, señaló que este cultivo es el sustento económico de la región de Tulyehualco, que se ha transmitido por generaciones de padres a hijos reforzando los lazos familiares y conservando las tradiciones.

“Cosechamos el oro amarillo para transformarlo en oro blanco y elaborar diversos platillos,  postres, aguas, tamales y atole. Huahtli proviene del náhuatl y se traduce como la partícula más pequeña, dadora de vida. El amaranto es un alimento prodigio del pasado que renació en el presente y prevalecerá en el futuro”.

Fuente: (INAH)