Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), señaló que los dos pueblos tuvieron como sustento económico la agricultura y la guerra, pero prácticamente no existió comunicación entre ellos a pesar de que se desarrollaron casi al mismo tiempo, los mexicas de 1325 a 1521, y los incas de 1438 a 1533.

Ciudad de México.- 2 de Octubre de 2017.- Con la finalidad de analizar dos de las grandes civilizaciones de la América precolombina, desde una perspectiva antropológica, histórica y arqueológica, se llevó a cabo un conversatorio titulado “Charla entre pares. Incas y mexicas: similitudes y diferencias”, impartida por los doctores Eduardo Matos Moctezuma, de México, y Luis Millones Santagadea, del Perú.

En el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, los expertos abordaron tres aspectos principales: economía, gobierno y prácticas mortuorias en ambos imperios prehispánicos.

Sobre el primero, Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), señaló que los dos pueblos tuvieron como sustento económico la agricultura y la guerra, pero prácticamente no existió comunicación entre ellos a pesar de que se desarrollaron casi al mismo tiempo, los mexicas de 1325 a 1521, y los incas de 1438 a 1533.

Asimismo, Luis Millones, profesor emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de Lima, Perú, indicó que los incas mantenían organizadas perfectamente las formas de labor de la tierra en todo el imperio o Tahuantinsuyo, además, a diferencia de los mexicas, en el área andina se desarrolló con intensidad la ganadería, gracias a la domesticación y aprovechamiento de la piel y carne de las llamas.

Sobre la forma de gobierno de dichos pueblos, el arqueólogo mexicano, fundador del Proyecto Templo Mayor, comentó que en el caso de los tlatoanis mexica e inca, ambos revistieron un carácter solar, un poder absoluto, y “tanto en el lado de los Andes como en Mesoamérica, ellos son los que tienen la voz o la palabra”.

“En el caso de Tenochtitlan, a la llegada de los españoles había más de 370 pueblos sujetos al imperio mexica, los cuales tenían que pagar tributo al tlatoani (gobernante). Este personaje no necesariamente era el hijo del gobernante muerto, también se podía elegir a alguien de clase alta que había destacado en la guerra y religiosidad”.

En el caso del imperio incaico, precisó el doctor Millones, el gobernante era miembro de una de las diez familias del Cusco que tenían el control del Tahuantinsuyo. De igual forma, la persona elegida para el poder no siempre era de la descendencia del gobernante, incluso, no gozaba de los mismos privilegios que había tenido su antecesor en el trono, ya que según la concepción de los incas, los soberanos fallecidos eran seres inmortales.

Fuente: (INAH)