“Mi centenario y mi bicentenario”: “Entre los trotes de El Caballito y el último vuelo de Pegaso”. Evocación de Guillermo Tovar de Teresa por Óscar G. Chávez (1)

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Coordinación editorial Azteca 21

Ciudad de México. 14 de noviembre de 2013. Desde el comienzo de “Mi centenario y mi bicentenario”, serie dedicada a conmemorar las riquezas culturales de México, tenía claro que no bastaba una fecha simbólica como 2010 para hablar de lo más relevante de nuestro tesauro, sino, tal vez al menos, una década.

Ahora, por un suceso inconmensurablemente lamentable, reanudo esta serie. Para ello, cuento con la invaluable colaboración de un estimado amigo, también amante de nuestro patrimonio cultural, y acucioso investigador de nuestro pasado y apasionado genealogista de familias mexicanas, Óscar G. Chávez, quien amable y generosamente accedió a compartir con su servidor y los lectores de Azteca 21 su relación de índole intelectual con Guillermo Tovar de Teresa. También, para la segunda parte de esta entrega, contaré con el testimonio de otra entusiasta difusora de nuestro patrimonio, Alicia Vázquez.

Como es públicamente conocido, el gran investigador, defensor y difusor del patrimonio cultural de México, nacido en esta ciudad el 23 de agosto de 1956, falleció en la misma el 10 de noviembre de 2013 a causa de una hemorragia interna, producida por una caída que sufrió en su casa. Hombre de grandes talentos y trabajos monumentales, Guillermo Tovar de Teresa deja un legado de investigación y bibliográfico enorme y un hueco que nadie llenará en nuestra historia cultural porque su labor y su obra fue el fruto de una vida consagrada a una pasión, a un apostolado, como lo es la ciudad y el país donde vio la luz primera. Una obra ingente, como de varios hombres que confluyeron, afortunadamente para nosotros, en él. En seguida, las palabras de Óscar G. Chávez.

“¿Sabes?, me dice de entrada, al proponerle la entrevista, “estaba por iniciar un proyecto de difusión, electrónico, encaminado a dar a conocer gran parte de su colección de fotos antiguas de la ciudad de México, lo iba a realizar en conjunto con una muy querida amiga mía, que yo le presenté. La podríamos llamar ‘Entre los trotes de El Caballito y el último vuelo de Pegaso, lo de los trotes porque la defensa de El Caballito fue el último acto de defensa del patrimonio en el que participó Guillermo; lo del vuelo de Pegaso porque, para él, Pegaso era el representante del mundo y la cultura barroca novohispana, él era, pues, el Pegaso. Pero Alicia Vázquez también tendrá que contarte algo sobre Guillermo, ¡eh!
Sí. Óscar, cuéntame cómo conociste a Guillermo Tovar de Teresa.
Conocer el nombre y saber del personaje, seguramente en los años ochenta, no podría precisarte cuándo, pero debió ser a través de la lectura de alguno de sus libros; tratar a la persona fue a partir de un correo electrónico que recibí a mediados de la década de los noventa, en él, Guillermo se presentaba y me decía que sabía que yo estaba estudiando diversas ramas de la familia Gordoa, a la que él pertenecía por línea paterna, que le gustaría establecer contacto conmigo para intercambiar información al respecto. Respondí inmediatamente y estuvimos sosteniendo intercambio de correos por algún tiempo hasta que luego hice un viaje a la ciudad de México, lo conocí e iniciamos una relación más personal.  ¿De qué trataban esos correos, aparte de la genealogía?

Por curioso que pueda parecer, sólo era escribir y escribir sobre ramas familiares, nóminas genealógicas, lugares de nacimientos, matrimonios, muertes, fechas, archivos y cosas por el estilo; lo único que los modificaba ligeramente era que en ocasiones había menciones de los nombres de algunas personas que resultaban ser amigos comunes. Luego vino la obligada mención de la pasión por los libros y, al escribirnos títulos y autores, comenzamos a ver que teníamos algunas afinidades similares. No había más que un respetuoso intercambio electrónico-epistolar.  ¿Qué puedes decirme de esa ocasión en que lo conociste?  Fue en septiembre u octubre de 1996, quedamos de vernos en un restaurante de la Plaza Melchor Ocampo, en la Cuauhtémoc, el Café de París.  Se trataron durante mas de quince años, ¿qué otros asuntos los acercaron, hasta llegar a fechas recientes?  Creo que sólo temas que nos apasionaban mutuamente: genealogía, bibliofilia mexicana, historia de México y de la ciudad de México, arte y antigüedades; sin embargo, alternábamos las pláticas sobre esos temas con paréntesis sobre temas musicales y literarios, amigos comunes, personajes que él me sugería conocer, exposiciones de arte que debía visitar, lecturas por realizar. Era un gran conversador, ameno y divertido como pocos.  ¿Cómo se dio tu amistad con Alicia?  Ella es una apasionada y comprometida difusora del patrimonio en imágenes de la ciudad de México, y ama su rescate; se halla convicta (y confesa) en la historia de su ciudad, de su entorno, busca conocer sus cambios y evoluciones. Mi interés por el mismo tema –aunque me declaro prácticamente ignorante en lo que se refiere a historia de la ciudad de México– nos fue acercando hasta que entablamos una buena amistad, compartimos, pues, varias afinidades e interés por realizar varios proyectos. Es importante señalar que realiza un buen trabajo, por amor al arte como coloquialmente diríamos, mediante su espacio de Facebook, El México de Ayer, y su cuenta de Twitter, @MexicoDeAyer.  Coméntame acerca de sus proyectos o de alguno de ellos, por favor.  Creo que ella lo podría explicar mejor, pero gira, de manera básica, en torno al rescate del patrimonio fotográfico, litográfico y pictórico, de vistas poco conocidas de la ciudad de México. Aquí hago un paréntesis para señalar que eso fue precisamente lo que llamó la atención de Guillermo, me preguntó sobre ella, le comento de qué se trata y se interesa en iniciar un proyecto con ella. Algo interesante que, en el caso de Alicia, hay que considerar es cómo Guillermo, sin conocerla, vio la capacidad que tenía para esto, es decir, pensó en integrar a una persona de una generación de diferencia, en relación con él, para sumar esfuerzos.
¿Tú ibas a participar, de qué modo...?  No, yo no. Eso era un proyecto entre Guillermo y Alicia.
¿De los que hablaste con ella, siguen en pie?  Hasta hace un par de horas, sí.  ¿Podrías abundar sobre alguno?  Principalmente, la creación de un banco de imágenes históricas de espacios y tipos de la ciudad de México –algo así como lo que tú haces, pero con material histórico, no contemporáneo– y ponerlo al acceso público; por otro lado, la creación de una buena biblioteca especializada en la historia de la ciudad de México.  En cuanto a ti y Guillermo Tovar de Teresa, ¿en qué se quedó su amistosa e intelectual relación?  ¿En qué se quedó? Es buena la pregunta, ya que quedaron varios proyectos pendientes, seguramente me preguntarás cuáles, así que me adelanto: queríamos realizar una buena y bella edición de las obras hemerográficas de Paco de la Maza, a quien Guillermo quiso y admiró bastante y de quien aprendió sobre arte mexicano; esperábamos dar feliz término a una vieja obsesión de Guillermo: el rescate del acervo fotográfico de Esther Suárez viuda de Cuadra, eran unas imágenes que él conoció a través de Paco de la Maza, las cuales, luego de la muerte de Paco, no supo dónde habían ido a parar, entre ellas una que lo traía particularmente loco, era una estereoscópica de la fachada del templo de San Francisco de la ciudad de México. Hace menos de una semana hablábamos de viajar a España a visitar a la familia de la Maza Ybarra, descendientes del conde de la Maza y quienes tienen entre sus colecciones una vista impresionante del siglo XIX, en óleo sobre lienzo, de Real de Catorce, eran dos cuadros originalmente, uno lo consiguió Guillermo de ellos mismos hace ya varios años, pero la otra parte allá seguía, entonces teníamos pensado reunir nuevamente los dos y llevarlos a San Luis para que allí fueran admirados, él la llamaba una restitución histórica; pretendíamos también dar edición a un libro sobre la familia Gordoa. Algo se me debe pasar...  A ver, recuerda…  Ya, iba a hacerme favor de escribir para la revista “La Corriente” un artículo sobre Francisco de la Maza en su memoria; Francisco –Paco– de la Maza, como sabemos, era potosino, entonces queríamos dar a conocer algo más sobre la potosinidad transterrada del personaje. Guillermo decía que una de las personas que más lo marcó en su infancia y en su adolescencia había sido De la Maza, que, por lo tanto, sentía que debía compartir con los potosinos aquella maravillosa relación.  Me habías comentado hace días que tenías planes de venir pronto a la ciudad de México, ¿habías quedado de verlo en tu próximo viaje?  Habíamos quedado de comer y platicar largo, iba yo a entregarle los sermones fúnebres a la memoria de don José Miguel Gordoa y Barrios, obispo de Guadalajara en 1831-32 y antepasado colateral de Guillermo, él me iba a entregar ese mencionado artículo y aprovechando la reunión iba a dedicarle a Alicia su obra “La Ciudad de los Palacios”, lo cual a ella le hacía mucha ilusión. Debo decirte que lo más seguro era que lo hiciéramos en un restaurante, pero yo prefería que fuera en su casa porque allí le preparaban un licuado de papaya que a mí me encanta y que cuando lo visitaba invariablemente lo pedía.
Hablando de obras del gran cronista de esta ciudad, ¿cuáles te dicen más o eran las más próximas a tus intereses de investigador?  Me encanta, por la monumentalidad y magnitud de la obra, así como por el bien logrado trabajo de edición, su “Repertorio de artista mexicanos”, pero también he disfrutado “La Ciudad de los Palacios”, pero en términos de intereses te puedo decir que “El Condado de Gustarredondo” y “Crónica de una familia entre dos mundos. Los Ribadeneira en México y España”.   Oscar, ¿quieres añadir algo mas?  La muerte de Guillermo Tovar de Teresa (sin la y entre los dos apellidos, ya que él decía que el único que tenía una y entre Pompa y Pompa era don Antonio) es dos veces lamentable, por la pérdida misma, pero por lo prematura, me hace pensar que acaso con ella llegó también la muerte de la tradición de eruditos mexicanos decimonónicos en la que se encontraba inscrito Guillermo. Él siempre mostraba cierto enfado cuando se le llamaba erudito, pero lo era. Fernando Benítez lo llamó así en su libro “Los demonios del convento”. Octavio Paz fue uno de los que más finamente ponderó su inteligencia. En definitiva, fue una mente privilegiada, de ésas que no encuentras a la vuelta de la esquina, más si consideras la cantidad de información que acumuló mentalmente a lo largo de su vida. La muerte de Guillermo tiene, al igual que sus libros, algo de simbólico. Su vida fue, en suma, un viaje entre los trotes de El Caballito y el último vuelo de Pegaso.

Continuará…

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Foto: Guillermo Tovar de Teresa, por Sebastián Saldívar.
Cortesía: Óscar G. Chávez, a quien Guillermo Tovar de Teresa se la obsequió en 2009.