A Oliva, porque me acercó al “Maestro de maestros”, gracias.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

“La vida es ilusión; la muerte no existe; el amor es el camino; el hombre vino al mundo a ser feliz; somos lo que comemos; uno debe ser su propio médico; el hombre debe vivir más de cien años en perfectas condiciones; necesitamos dejar de comer

carne; consuma frutas y verduras; México es el país más rico del mundo, es una vergüenza que siendo tan ricos seamos el país número uno del mundo en obesidad; ayúdenme a abrir más clínicas naturistas; el que agradece, todo merece, el que se queja, de Dios se aleja; curar sin dañar el cuerpo y el alma; venimos a dar y a recibir amor”...

Todas las frases anteriores se las he escuchado al gurú Shaya Michan, algunas veces en persona y muchísimas ocasiones más a través de las ondas hertzianas que transmiten su voz todos los días, de 8 a 10 horas, en su emblemático programa “La luz del naturismo”, el cual se transmite por “Bésame”, en el 940 de A.M. Pero, más allá de la sabiduría implícita en cada una de aquéllas, el gran impulsor del naturismo en México se define por otra frase: “Vinimos a servir, porque es mejor servir que ser servido”. Y él ha servido a miles de personas en sus más de ¿cuarenta y ocho? años de servicio a la humanidad.

En mi caso, tuve la fortuna de conocer al “Maestro de maestros” hace casi veinte años, no recuerdo la fecha, pero fue gracias a mi hermana, que había entrado a trabajar como vendedora en uno de los centros naturistas Shaya Michan, precisamente en el ubicado en el número 11 de la calle de El Oro –hoy ya cerrado–, en la colonia Roma. Fueron muy buenos tiempos aquellos, pues me dedicaba a ayudarle a mi hermana a vender –tal como hasta la fecha lo hago, ahora con productos de soya que elabora mi cuñado, pues una de las enseñanzas del maestro es propalar la opción del naturismo como la más indicada para el hombre; sí, “hombre”, tanto el varón como la mujer– diversos productos magnéticos manufacturados con el logo y el nombre del gurú. También me tocó acompañarla a varios estados, adonde llevó al maestro y sus productos, es decir, llevó “la luz del naturismo” hasta donde pudo.

Debo añadir que en mi familia, por mis amados padres, ya consumíamos frutas y verduras, llevábamos una alimentación balanceada, aunque nunca hemos sido naturistas al ciento por ciento, pero siempre hemos transitado por las sendas de la buena alimentación. Así, pues, conocer a Shaya Michan en persona para mí fue como el motor de un avatar, un encuentro del que no dejo de agradecer a Dios, pues el gurú no sólo me ha dado luz para alimentarme mejor, sino que también me ha iluminado para enfrentar adecuadamente los retos de la existencia, para ser mejor persona, para creer en la misión que cada uno de nosotros tiene asignada en la vida. Por eso y muchas razones más, miles que no son mías, pero que las asumo, pues las he conocido de viva voz, incluyo en esta serie de “Mi Bicentenario y Mi Centenario” a Shaya Michan, divino maestro, de quien aún tenemos mucha energía y vitalidad, que comparte generosamente –del mismo modo que sus sucesivos colaboradores, anteriores y actuales– con todas las personas dispuestas a vivir mejor.

Yo no trabajo ni vendo productos del gurú, además de que ni siquiera sabe de mí; aclaro esto porque sin duda también abundan las personas que no creen en sí mismas, mucho menos en las virtudes del maestro ni del naturismo; es decir, me curo en salud. Simplemente, para mí ha sido un faro que guía aspectos esenciales de mi existencia –tan básico como mi alimentación y parte de mi forma de pensar– y eso es similar en miles de personas. Cada quien busca a sus maestros, y los sigue, como puede, en pos de una mejor calidad de vida. Sin tratar de convencer a nadie de nada ni de polemizar, creo firmemente que un mensaje de amor siempre debe ser reiterado, y eso es para mí la luz de Shaya Michan.

¿Cómo convencer a la gente de que no comer carne es más saludable que consumirla? Es una tarea ardua y difícil, pues va contra todo lo que nos han enseñado y fomentado; sin embargo, ésa es una de las premisas del maestro, quien no se cansa de repetirlo ni de solicitar a todas las personas que lo escuchan o han escuchado que transmitan sus enseñanzas, que contribuyan a su esfuerzo, que se sumen a una mejor forma de vida, que incluye, por supuesto, el respeto a los animales.

También reitera que le permitan hablar en televisión para llegar a más personas, que le abran un canal, que está dispuesto a sumar esfuerzos con el Gobierno Federal y el Poder Legislativo para disminuir los altos índices de enfermedades, que cada hogar debe tener un regenerador celular para que todos sus integrantes se beneficien con la hipertermia –principio de ese producto que venden los centros del gurú–, que consumamos agua alcalina, que usemos las flores de Bach, que aprovechemos las frutas de temporada, que se difundan los beneficios de su consumo, así como se difunden muchos productos nocivos para la salud, que...

Haría falta que el propio maestro publicara otro libro para difundir sus conocimientos sobre medicina natural o naturista o alternativa, así como su filosofía. Por mi parte, yo sólo tengo uno –desconozco cuántos ha escrito o publicado–, pero que ha sido fundamental en mi vida: “Manual naturista” (Centro Médico Naturista Shaya Michan, México, quinta edición, noviembre de 1991), donde se tratan someramente aquéllos, así como la iridología, el diagnóstico por la lengua, la odontología, la bioenergética, las alternativas naturistas de curación (la alimentación natural, la ayunoterapia, la fitoterapia, la helioterapia, la hidroterapia, la geoterapia, la reflexología y el yoga). También se mencionan ahí otras terapias alternativas y muchas recetas de jugos, ensaladas, caldos, baños y los compuestos especiales Shaya (el tónico de vida, el cerebral, entre otros).

Asimismo, tengo la fortuna de contar con unos casetes que el maestro realizó junto con uno de sus anteriores colaboradores, el orientador naturista Andrés Sierra. Son cinco y versan sobre los tratamientos naturales de las enfermedades del tubo digestivo, el aparato digestivo, la diabetes, la obesidad, la sangre y el sistema cardiovascular; supongo que hubo más, pero no los tengo. No obstante, en éstos encuentro también la luz del naturismo, o sea, las bondades de vivir lo más posible en armonía con nuestro entorno.

Pero ¿quién es Shaya Michan? Es difícil responder esta pregunta, o muy fácil, si nos atenemos a lo evidente: es un gurú, un maestro de maestros, un hombre que ha dedicado gran parte de su vida a investigar las propiedades de frutas, verduras y plantas para cumplir su lema: “curar sin dañar el cuerpo y el alma”. En seguida, transcribo lo que se dice del maestro en la solapa del libro susodicho: “Shaya Michan Musrri, orientador naturista e iridólogo, con más de 20 años de experiencia en el manejo de terapias naturistas. Discípulo del Dr. Juan Sperl, prestigiado médico naturista alemán. Ha participado como ponente y conferencista en múltiples congresos internacionales de naturismo. Ha realizado estudios sobre naturismo e iridología en Europa y EE.UU. En México se ha dedicado a la formación de naturistas, los cuales siguen su misma escuela y que colaboran con él en sus clínicas naturistas. En este ‘Manual naturista’, Shaya Michan nos muestra el gran respeto que tiene a las leyes naturales y la importancia que tiene para el hombre el estar en armonía con la naturaleza”.

En su página web dice lo siguiente: “Shaya Michan, con cuarenta años de experiencia, es el pionero e impulsor del naturismo en México, sabe lo importante que es la salud y el bienestar de las familias, por esta razón retomamos el conocimiento de nuestros antepasados y aprovechando la riqueza de la naturaleza ha desarrollado un sistema natural para conservar y recuperar la salud. Con su fórmula, Shaya Michan hace una aportación al mundo entero reconociendo que México es uno de los países que cuentan con más abundancia de plantas medicinales y recursos naturales, herramientas fundamentales en el naturismo. Combinando conocimientos de la medicina tradicional con los adelantos científicos y tecnológicos, da como resultado productos de calidad que satisfacen las expectativas de los consumidores. Todo este trabajo altruista se desarrolla en la ‘Casa Hogar Niños Acuarianos de México A.C.’. Y es la ‘Casa Hogar Niños Acuarianos de México A.C.’ quien en la actualidad es el fruto más grande del maestro Shaya Michan, una institución dirigida por jóvenes que en su momento forman parte de las primeras generaciones de esta misma, cuyo objetivo principal es el atender a niños desamparados por su estado de orfandad, brindando amor y cariño para hacerlos hombres y mujeres de bien al alcanzar una edad madura”.

Shaya Michan, un personaje carismático, polémico, trascendente, que vino al mundo a cumplir una misión: la de servir a sus semejantes. Y esto, además de sus grandes hechos y obras, lo hacen un hombre imprescindible, fundamental del México contemporáneo y, qué duda cabe, del futuro. Gracias, maestro, por tu generosidad y servicio.

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Foto: El gurú Shaya Michan en su centro naturista de la calle de Tabasco, colonia Roma, en 2010.
Azteca21/Gregorio Martínez M.