A Sofía G.S. porque septiembre siempre ha tenido su sonrisa

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Hace varios años tuve la oportunidad de escuchar un disco que me deslumbró: “MéXXIco”, producción independiente de Guillermo Fragoso, un compositor que por entonces componía música para coreografías de Isabel Beteta y Silvia Unzueta, así como jingles y música para teatro y

proyectos multimedia. También tuve ocasión de conocer y tratar al artista y, a pesar de que no pude localizarla en mi archivo caótico, hacerle una entrevista con motivo de ese disco deslumbrante. Por azares de la vida o por la “sincronicidad”, diría él, nuevamente el destino nos acerca mediante ese disco. Mejor dicho: por la música contenida en éste, que es un canto a México, una recreación alegórica, a través de sonidos, de la grandeza cuasi trágica de nuestro país. Guillermo Fragoso ha tenido la visión y el talento para pasar esa oda musical a la partitura y el domingo 26, a las 12 horas, estrenará el poema sinfónico homónimo, basado en la música de aquel disco, con la Orquesta Sinfónica de Coyoacán (OSC) en el quiosco de la Alameda del Sur. He aquí la charla sostenida hace pocos días en esta megaurbe casi siete veces centenaria.

¿Cuál fue la génesis de “MéXXIco”?

Su composición se remonta a hace diecisiete años, no a unos cuantos meses, fue la música por encargo para un performance llamado “Malintzin”. Originalmente querían una edición de audio, algo que saliera de Peter Gabriel y otros, pero yo estaba en mis descubrimientos del fenómeno de la sincronicidad de los eventos, cómo se iban dando todas las coincidencias, ya en ese momento había descubierto que sí existía y se podía provocar de alguna forma, porque nuestra capacidad de darle sentido a las cosas nos iba a dar un orden en lo que estuviéramos escuchando, perceptualmente se nos iba a ordenar todo, de manera automática, por nuestras capacidades creativas, memoria, significación... Entonces le propuse a esta chica, Antonia Guerrero, la pintora performancera, quien fue la que me pidió el trabajo, hacer una propuesta de música original. Lo que quería era aprovechar estos experimentos con la sincronicidad, no era otra cosa, quería dar rienda suelta a mis impulsos sin salirme por la tangente, y funcionó, porque el hecho de incluir... Yo tenía una composición muy formal, que es lo que hago, la composición, de acuerdo con ciertas exigencias de la coreografía, ciertos parámetros. Así, empiezo a agregar grabaciones que tenía de percusiones, voces y algunas ediciones que había hecho años antes, y comienzan a ir coincidiendo poco a poco con los elementos que ya estaban compuestos previamente. ¿Cuál era el método? Soltaba la computadora con la música y, al mismo tiempo, soltaba la grabadora, la multitrack, donde estaban todas las grabaciones, ya en el máster lo iba mezclando, esto arriba, esto abajo, así, entonces había elementos que se iban conjugando de alguna manera, voces grabadas en vivo, con los sintetizadores, en el mismo tono, en el momento justo, cuando tenían que aparecer, aunque yo hubiese movido el peach de la grabadora, que eso modifica el tono, pues lo puede hacer más grave o más agudo, más rápido o más lento, se sincronizó de maravilla y eso es lo que obtuve como resultado final.

¿Esa primera versión cuánto duraba?

Una primera versión carece de la parte del mestizaje, quizás haya durado unos cuarenta minutos, aproximadamente, que es un estándar de la danza, pues manejan cuarenta, cincuenta minutos por obra, entonces debe de haber sido más o menos en ese estándar.

¿Ésa fue la base sonora para desarrollar “MéXXIco”?

Ya tenía la parte del mestizaje compuesta, entonces el día que llegué a la compañía con esa parte en mi casete me dijeron: “No, déjalo, ya decidimos que lo que sigue va a ser en silencio”. Entonces nunca la escucharon, simplemente me la guardé y ahí se quedó arrumbada por años, de 1993 a 1999, seis años, hasta que decido publicar el disco, agregando esa parte que faltaba y dándole un nombre, porque realmente no tenía nombre la música, tenía el performance, que era “Malintzin”, además éste no me significaba nada, eso le significaba a ella, porque era la reivindicación de lo femenino en México o la mexicanidad, como pudo haber sido sor Juana o Juana de Arco en otras latitudes, ya sabes, las heroínas femeninas, pero a mí no me significaba nada. Entonces, al agregar mestizaje, había que buscarle un nombre, ya te imaginarás, México 21, México quién-sabe-qué y así...

Supongo que también influyó el fin de siglo...

Seguramente, cosas así, hasta que se me ocurrió con las dos equis y la i, dije: “Ya está, aquí tengo el 21”, para mí fue un momento brillantísimo, de inspiración absoluta, porque sin auxiliarme de nada, sin buscarle por ninguna parte, no tenía Internet, entonces no había manera siquiera de que se me ocurriera, era simplemente idear un nombre adecuado y, cuando llegó, la verdad es que se me hizo así como la luz, de inmediato lo propuse y se publicó, salió como por agosto de 1999.

¿Independiente?

Independiente completamente. En El Chopo...

¿La misma versión?

Sí, la del performance, más los 22 minutos de mestizaje, ahí hago una mezcla curiosa, de hecho, hay una pieza que se llama “Naguales”, y otra “El sacrificio”, entonces lo que hice fue tomar el archivo de “Naguales” y lo partí por la mitad, ahí incrusté “El sacrificio”, por eso en el disco aparece “NaguElsacrificioAles” porque físicamente así está configurada esa música, el tema de “Naguales” lo pongo al principio, luego mezclo “El sacrificio” y después termino con lo que sigue de “Naguales”, así como lo ves en el disco, así está hecho auditivamente.

¿Entonces de “Malintzin” pasa a ser “MéXXIco” con más de una hora de música?

Son 63 minutos, por eso yo digo que son como 41 minutos, un estándar de danza, más los 22 que habían quedado fuera nos dan los 63.

¿Hiciste algunas adecuaciones o sólo la incrustación?

La incrustación y fue todo, exactamente como se hizo en su origen.

¿Estos nombres que me has mencionado son los movimientos de la obra que vas a estrenar el domingo?

Son los movimientos, el primero es “Videntes”, el segundo en el disco aparece como “Danza Serpiente”, que era el nombre en “Malintzin”, pero yo lo cambié a “Águila Serpiente”, para darle un mayor significado a “MéXXIco”. No imagino a un águila devorando a una serpiente, sino una fusión entre el águila y la serpiente, de ahí se habla de la serpiente emplumada, las plumas han de ser de águila, supongo. El tercer movimiento es “Caracoles”, pero no la interjección, su nombre original era “Sahumerios”, porque se sahumaba el espacio en ese momento. Le puse así porque es un concierto de caracoles. El cuarto es “El encuentro”, que es desde que llegan los “quetzalcoatles” hasta que cae Tenochtitlan, luego sigue el quinto, que es “Naguales-El sacrificio,” que es ya el mestizaje propiamente, por un lado los indios son sometidos, esclavizados, vejados, quebrantados, y por otro lado, otra clase de indios se dedica a preservar las tradiciones, permanecen ocultos, etcétera.

Los guardianes...

Los guardianes, los naguales, los chamanes, los brujos, los hombres de conocimiento, no sé, entonces están ahí los dos tipos de habitantes de aquí, paralelos, en el mismo mundo pero viviendo cosas distintas, y termina con “MéXXIco”, porque ya en éste, como le llaman en Internet en alguna crítica: un “poema masivo”, al final ya estamos en nuestros días.

¿De un modo u otro, es una alegoría del proceso histórico de México?

Es una alegoría.

¿Podríamos decir que es un poema sinfónico?

De hecho, es un poema sinfónico, y termina con “MéXXIco”, queriendo intuir un poco el México de este siglo, que no es lo que estamos viviendo ahorita, no sé por qué en su momento funcionó y ahorita funciona todavía más porque está representando los niveles de violencia, de corrupción y de criminalidad que hay en el país.

¿Cuántos discos salieron de “MéXXIco”?

Deben de haber sido mil, a mí me pagaron con una cantidad de discos.

¿Quién?

José Luis Garnica, vende en El Chopo.

¿Se quedó con la mayoría de discos?

Pues casi todos. De hecho, se quedó con un máster y puede reproducirlo cuantas veces desee.

¿Entonces el disco se podría conseguir en El Chopo?

Yo creo que sí, quizás lo conveniente sería hacer una pequeña inversión y decirle a él: “Tráeme una determinada cantidad de discos, te los pago a un precio y yo los doy acá a otro precio”, la versión extendida o yo hago mis copias, con mis impresiones. Además, tendría la posibilidad de incluirle, cosa que no tienen en El Chopo, para que sea un plus, un video del performance, llamado “Malintzin”, aunque sea un tráiler, un fragmento de “Águila-Serpiente”.

¿Entonces pasaron diecisiete años entre lo que fue la génesis y que lo retomas?

Nació en 1993, antes de los zapatistas, eso fue lo que me gustó, no es una obra oportunista, nació antes, aunque ya algo se intuía, yo algo intuía...

Con el paso del tiempo, ¿hay algún tipo de crítica sobre el disco?

Cuando estuvimos presentando la obra en el Espejo de Agua del Centro Cultural Universitario, en 1994, ahí recibí una supercrítica de un fulano que se me acerca y me dice: “Muchas felicidades por esa música”, yo le di las gracias, le pregunté su nombre y me dice: “Arturo Márquez”, entonces le digo: “Gracias a ti, felicidades por lo tuyo, a mí me gusta mucho lo que tú haces”. Eso es algo que guardo en mis recuerdos. ¿Jorge Reyes? Al Jorge sí lo indigno un poco esta música, él decía que yo lo había copiado, pero no, no es que yo lo fuera a copiar, había que hacer algo con los tintes prehispánicos, porque era el encargo, quizás inevitablemente tuvo que parecerse, pero él en todo caso tenía que haberse referido a Luis Pérez, que fue el primero que sacó este género y no él, estaba también Antonio Zepeda, ¿por qué no hizo referencia a él en relación con los trabajos anteriores?

Entonces es una buena crítica, ¿no?

Bueno, a mí me gusta mucho el trabajo de Jorge Reyes. Entonces sí [ríe] podemos decir que es una buena crítica. Mira, esto es otra cosa, es meramente perceptual, un viaje, creo yo, muy subjetivo. En 1993 vino a México Philip Glass, por ahí de junio, julio, se presentó en el Julio Castillo. Fui a verlo el sábado con “Koyaanisqatsi” y con “Powaqqatsi” el domingo. Ese día había tomado la decisión de obsequiarle lo que tenía de “Malintzin”. ¿Por qué? Pues por un gesto de admiración, porque seguramente hasta había influencias de él, yo lo venía escuchando desde 1984, entonces le entrego el casete, se lo lleva y cinco años después aparece algo que, dicen, se parecía mucho al inicio de lo que es “MéXXIco”, y algunos tiempos de algunos temas también, es la película “Kundun”...

¿Y a ti qué te parece?

Cuando fui a ver la película sí, no tanto en el disco, porque en el filme aparecen unas montañas, unos rumores, como de voces muy bajas, un golpe de orquesta y luego vienen cantos tibetanos, justamente como yo lo organicé en mi disco, cinco años antes.

Pero no hay referencia a “MéXXIco”.

No, por supuesto, como tampoco la hay en “MéXXIco” a Glass [risas]. Pero la verdad es que mi trabajo ha tenida buena acogida, al menos dentro de ese mundo subterráneo, ha sido muy positivo.

Oye, por cierto, ¿en qué momento decidiste retomar ese trabajo, qué te decidió a hacerlo?

Bueno, en 2004, Federico Álvarez del Toro me dijo que si le prestaba o le permitía usar el tema de “Caracoles” para una exposición en Chiapas, seguramente le di el disco o lo oyó alguna vez en mi casa. Le dije que sí, por qué, pues porque a Álvarez del Toro lo conozco a través de un amigo que me mostró un disco de él, “Gneiss y Ozomatli”, no lo conocía, pero me fascinó, por ese disco, me lo presentan y, bueno, creo que esto fue así como una especie de correspondencia, luego me pidió la obra, me puse a escribirla, me faltaba uno o dos movimientos, él estaba organizando dos orquestas, pero finalmente no sucedió nada, entonces me quedé con las partituras en 2004.

¿Ahí hubo otro brinco de seis años?

Sí, bueno, cinco, porque en 2009 volví a la idea, me basé un poquito en lo que ya estaba escrito y otro poco en lo que estaba grabado, ya para terminar de definir la partitura, lo demás ha sido estar visitando al director, hacer la labor de colocación...

¿Entonces te acercaste a la Orquesta de Coyoacán?

Sí, porque ya antes había presentado con la Camerata Concertante de México una pieza mía, pues estaban pidiendo obra de compositores mexicanos, yo les ofrecí una para dos guitarras y un oboe, para una camerata de cuerdas con un oboe. Aquí se dan las casualidades, yo tenía un saxofonista y dije: “Bueno, no va a ser oboe, va a ser saxofón”, ya habíamos hecho algunos ensayos, sonaban padrísimo dos guitarras y saxofón, pero a la mera hora nos quedó mal el saxofonista. Entonces el director de la Camerata o alguien de ésta se consiguió a un oboísta, que era de la Orquesta de Coyoacán, no, alguien de la Camerata estaba en la Orquesta, entonces hace la invitación simplemente, conozco al oboísta, Rafael Maldonado, se oye como yo esperaba que se oyera, aprovecho que es una persona muy cordial y le hablo de “MéXXIco”, me dice que vaya con toda confianza, que son muy abiertos en la Orquesta, tienen presupuesto fijo, no les cuesta presentar esta obra u otra, pues finalmente el director decide qué tocar. Fui, hablé con Enrique Barrios, que era en ese momento el director, a finales de 2009, pero con él ya no se pudo hacer nada porque salió de ahí, voy en enero y hablo con el maestro Alfredo Ibarra, cuando le propongo esta obra, me dijo: “Pues mira, hasta queda muy bien por lo del Bicentenario”, claro, ésa era mi idea, pero añadió: “hazle una reducción porque está muy larga, hay momentos muy extendidos, minimalistas”. Ya lo había pensado, pero sentía que... por qué habría de hacerlo, pero ya con ese comentario hice la reducción y le mostré la prueba, la aprobó, incluso me presentó con la Orquesta y me puse a trabajar los siguientes meses. El 10 de febrero, que es día de san Guillermo Abad, me da el sí, y cuando entrego la partitura es el 25 de junio, que es otro día de san Guillermo, pero no me dan el sí definitivo sino hasta el 11 de agosto, que es cuando regresan de vacaciones, pero ya no iba a ser con Alfredo Ibarra, sino con Arturo Quezada, director huésped.

¿Cuántos músicos participarán, estarán todas las secciones?

No estarán todos los instrumentos, estarán las maderas, dos flautas, dos oboes, dos cornos, trompetas, la sección de cuerdas, percusiones y otras chácharas.

¿Será todo un experimento sonoro, eh?

Estoy muy emocionado, pero también aterrado. Porque estoy consciente de que puede ser un éxito o un fracaso, y esto de aquí en adelante porque ya me atreví a sacarlo durante estas celebraciones. Puede ser un éxito o fracaso dentro de lo subterráneo, esperemos que trascienda, que sea como el “Huapango” de Moncayo, que cada año lo tocan... De hecho, el primer ofrecimiento que yo hice de “MéXXIco” fue en Morelia, antes que la ciudad de México, porque estuve con un grupo tributo a los Beatles, Sargent Pepper Band, en el XXI Festival Internacional de Música “Miguel Bernal Jiménez”, en noviembre de 2009, que estuvo dedicado al Reino Unido, había gaiteros, alusiones a Londres, al baterista lo invitaron a participar en el festival, dimos allá diez tocadas, en las actividades paralelas del festival. A mí me gustó mucho porque estábamos con la gente en directo, no estábamos en el foro, había también otra banda tributo a los Beatles, un ensamble orquestal, ellos dieron uno o dos conciertos, nosotros diez en tres fines de semana. Además, había otra banda allá, La Gran Jamona, muy buenos, pero, al parecer, nuestra banda fue la más aceptada por la gente. Aprovechando todo esto, nos pidieron tocar para los patrocinadores en el Conservatorio de Morelia, en un momento dado me acerqué a Verónica Bernal, nieta de Miguel Bernal, a quien está dedicado el festival, ella muy cordial, le comenté que hace 25 años tenía un cuarteto de guitarras clásicas con el cual grabamos un ensayo del “Cuarteto virreinal” para cuatro guitarras y le hice el ofrecimiento de llevarle esa grabación e incluso las partituras, también las de “MéXXIco”, a la semana siguiente le entregué el disco y hasta ahí, inicié a hacer la partitura, me llevó casi medio año escribirlas, así que cuando hablé a Morelia me dijeron que ya tenían completa la programación de este año, que está dedicada a México por obvias razones, entonces era el momento oportuno, bueno, de ahí las coincidencias, pero esta obra fue ofrecida antes que a nadie para estrenarse en Morelia.

No deja de ser un estreno afortunado, dado el número de obras sin estrenar de compositores mexicanos contemporáneos.

Aquí ayudaron el nombre de la obra y la temática, sin duda.

Pero, vamos, algún valor musical debe de tener para que la escucharan y...

No sólo que la oyeran sino que la aceptaran, porque ya la había escuchado Miguel Bernal Matus, que también era de la Sinfónica de Coyoacán, se la mostré recién salido el disco, a finales de 1999, fui a su casa, ahí lo pusimos, lo escuchó completo y me dijo al final: “Aquí no hay nada”, agarré mi disco y me fui, no le encontró valor, se lo comenté a Álvarez del Toro, y me dijo que Bernal es muy conservador, eso me dijo, yo no lo conozco bien, añadió que era de la vieja guardia, y Álvarez del Toro ha de ser como de la nueva guardia, digamos, para él era muy atractivo, y Alfredo Ibarra debe ser más joven que los anteriores y una versión reducida, como con más visión, dijo va, vienen los festejos, es el momento, porque aparte en cada tema va recreando aspectos de la historia de México, y quizás puedas evocarla, pero no se puede pensar en otra historia, por ejemplo, de Estados Unidos. Asimismo, mi obra es más emotiva que descriptiva.

¿Entonces se estrena el 26?

El 26 de septiembre, en la Alameda del Sur, en Miramontes y Calzada del Hueso, a las 12 del día. Como estoy en el Coro de la OFUNAM, le llevé la partitura al director, Gerardo Rábago, le dije: “Mira, la OSC me va a estrenar esta obra, quisiera que me hicieras el honor”, y le muestro en las partituras la parte de los coros, para ver si le interesa lo suficiente e invitara al Coro o a miembros de éste... Si no, lo haré yo personalmente, vamos a ver qué sucede, voy a invitar a patrocinadores del Coro y a todos los que se pueda, por fortuna, ya entré con el pie derecho.

¿Sólo está considerada esta fecha?

Sí, las demás se darán en la medida en que me mueva con otras orquestas, ya sacaré duplicados o multiplicados de las partituras. La idea es distribuirla entre todas las orquestas posibles para que se pueda popularizar, hace poco les presenté la versión reducida a unos amigos, les gustó, luego les puse la versión completa y ya no quisieron escuchar la reducida enloquecieron [ríe], es que es mágica, esta versión es más musical, la otra es para moverte la percepción, para reflexionar, es una obra mágica, aquí ya no hay esa magia, pero tienes la música, a lo mejor a partir de esta versión se interesan por la versión larga y entonces sí hacemos todo un espectáculo…

¿Cómo has imaginado que podría reaccionar la gente ese domingo?

No sé, de pronto la escucho muy bien y de pronto muy esquemática. Una persona que aprecio mucho dice que es una obra anquilosada, y él es muy culto y preparado. Ha sido la única crítica negativa que he recibido, porque en Internet recopilé muchas positivas, e inevitablemente en todas hay referencias a Jorge Reyes, pero también a Glassou –a quien no conozco–, Philip Glass, Vangelis...

Esto por la versión del disco, ¿no?

Así es, quiero pensar que al convertirla a versión orquestal va a cambiar todo, va a sonar igual y distinto, entonces las referencias tendrán que desaparecer de una u otra manera, quizás Philip Glass quede, va a cambiar la ambientación, ya no va a haber grabaciones como las que tengo en el disco, va a ser la orquesta, ya no va a haber caracoles, por qué, porque conseguir caracoles está difícil y si se consiguen, siento que va a ser difícil para los caracoleros seguir la pauta de la partitura, entonces pasé todo al corno, dos, va a haber otras percusiones, va a sonar a otra cosa. Mi fracaso radicaría en que haya malinterpretado, a la hora de bajar al papel, los instrumentos, sus alturas, sus afinaciones, sólo a la hora de ensayar, si suena diferente, corregirla sobre la marcha, por eso tengo que estar a la par del director. Quiero pensar que, por mucho que haya gente el domingo que sepa de música, la obra está ahí, es mía y vamos a ver qué pasa, Dios mediante...

¿Quieres agregar algo más?

Bueno, tengo la idea de, si tengo una buena grabación orquestal, hacer un video, música contra imagen, ilustrando lo que está pasando, ya veremos en el futuro.

Así, “MéXXIco”, poema sinfónico de Guillermo Fragoso Ramírez, pleno de significación poética y simbólica, se suma a los anales del Bicentenario y el Centenario de México y contribuye a forjar el rostro cultural de una nación soberana, aunque ya es imposible saber qué tan independiente. El estreno de esta obra, a cargo de la OSC, se realizará el domingo 26 de septiembre, a las 12 horas, en la Alameda del Sur, la entrada es libre.

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Foto: Guillermo Fragoso compuso una obra de resonancia universal inspirada en los rasgos culturales salientes de México.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.