Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Sin duda, ya que estudiar más de diez años en el Conservatorio Nacional es en sí una etapa de una vida, además hablan de una pasión y disciplina...

En “Así cantaba México” yo hice un juego de voz que no es ópera, estoy cantando como de época, pero no es operístico en el sentido estricto, aunque la voz es aguda, pero sí te remite, te da una imagen como de antiguo, que era de lo que se trataba, de conseguir un material que sonara muy fresco, que sonara a época, que no sonara hechiza. Es un disco que no tiene trucos de grabación, no hay ecos, como si lo estuvieras escuchando en la sala de tu casa, en una cena, en vivo...

Destaca la frescura en cada tema, así como la alegría o el amor, situar al espectador en el momento histórico, en el contexto... Tu voz –tu interpretación– consigue esto...

Bueno, bailaba, cantaba, hacía gestos... Te voy a decir algo de este disco: 90 por ciento de estas grabaciones fueron en una sola toma, se grabó la música, después sobre ésta grabé la voz. Habíamos hecho 380 representaciones, nos las archisabíamos de memoria. No hice nada especial para la grabación, ése era el espectáculo. Por supuesto, me movía de manera muy graciosa en el escenario, digo, 25 años antes y menos kilos, era muy bonito. Había un farolito, el famoso farolito que se desmontaba, pero en él colgaba los chales, me los ponía; también había una mesita que tenía cositas de vidrio soplado rojo, me servía mi trago y mi agua, tenía dos copitas, era muy agradable, hermosísimo. Adoré esa etapa, ese trabajo... Idolatré ese recital.

¿Conservas fotografías?

Algunas, muy poquitas. Me pasó una cosa muy curiosa: estuve armando mi archivo de fotos, ya completo, pues salía mucho en prensa en esa época, me lo llevé a una compañía donde trabajaba. Ahí empezamos a armarlo, con mi secretaria, pero me accidenté y estuve fuera de circulación de esa empresa un año, pasé un año en recuperación. Cuando quise regresar, la compañía había dejado de pagar la renta, entonces le incautaron todo lo que estaba adentro. Entre esas cosas se perdió mi equipo de sonido y todo mi archivo, entonces tengo muy poquitas fotos, si las quieres te las muestro, y tengo video. Ah, pero, mira, una cosa que me parece importante de este disco es que el folleto te va llevando de la mano, pues aborda momentos que en esa época no se usaban mucho, aunque Amparo [Ochoa] sí grabó Intervención francesa, un disco grande, yo grabé Intervención francesa, pero mucha canción campirana, grabé muchas cosas que no eran comunes y que además la gente no sabía de dónde salían. Óscar Chávez tiene rescates musicales muy importantes e interesantes de música mexicana, sé que ahora intentó hacer un proyecto muy grandote, no sé si alguien finalmente se lo compró y lo pudo hacer, no lo sé, no tengo la referencia, he preguntado en varias partes, pero no me han sabido indicar si sí o si no, pero de todos modos existe todo esto. Creo que, así como tú lo piensas, que éste es el momento para este disco o para la nueva propuesta de un disco que se va a llamar “Cuando México despierta”, que son los dos momentos en que despierta, la Independencia y la Revolución; intentaré hacerlo.

¿Dónde te documentaste, quién te ayudó a hacer la selección del repertorio de este disco?

Nadie, lo hice yo sola, nadie se metía en eso, todo lo que hice, el rescate, lo hice absolutamente yo solita. A veces, alguien me daba un material o yo contactaba a alguien que tenía material, así iba sacando el material. Hubo una persona que me ayudó, por ejemplo, para los principios del bolero, Jorge Miranda, quien después murió, yo lo quise muchísimo, fue uno de los grandes coleccionistas, sus archivos creo que pasaron a una asociación fonográfica, con Jesús Flores y Pablo Dueñas... Ellos tienen mucho archivo, pero lo manejan para ellos, no lo abren para el público, Jorge sí lo abría, éste me dio muchas cosas maravillosas, pero, bueno, nadie se metía con mi repertorio.

¿Hay alguna canción desconocida o muy poco conocida en el disco?

Sí, totalmente.

¿Cómo cuáles? ¿Me las puedes señalar?

Mira, “Allá en la cumbre” fue una canción que no se había grabado nunca y, hasta donde sé, no conozco a nadie que la haya grabado. “Rema, nanita” la grabó Tehua, “Pregúntale a las estrellas” es una canción que yo no le oí a nadie nunca, que la heredé de mi familia, me encantaba...

¿La heredaste de tu familia?

Por parte de mi papá, quien nació en Puerto Vallarta, Jalisco, y todas mis tías cantaban, pero a la vieja usanza, yo conocí la canción de ahí, él se crió en Tomatlán, que está muy cerca de Vallarta, bueno, ahora, porque antes no era así, y en Guadalajara. De la Intervención francesa metí “Sitio de Querétaro”, una versión muy mía, ésta sí se ha grabado un poco más, y “Adiós, mamá Carlota”, que es una versión a la antigua, porque la “Carlota” original tenía un paso de cambio musical, entonces Luis [Rivero] me dijo: “Vamos a ponerla con ese cambio musical”, y le cambiamos, de pronto aparece un cambio de tono, que existía en la época, en el estilo de la época y en la partitura y todo eso, es una versión que nadie tiene porque todo mundo la canta en un solo tono. Luego “Ana” es una canción que después se metió en una película, pero es una canción de juego, que manifiesta un sentido de la música mexicana que no todo mundo hace conciencia de él, y es que México ha cantado... todo, lo que vive, entonces tiene sus cantos originales, como éstos de Independencia, porque canta sus sucesos. En el mundo, la gente del pueblo canta lo que vive, digo, son famosos los cantos del Gólgota, donde los remeros van cantando, y hay muchas cosas con tambores; yo intenté hacer eso. Sigue “Preguntas, niña”, que después, en un pueblo, una vez alguien me dijo: “Yo conozco esa canción”, pero nunca supe quién era el autor ni me dio una copia ni nada, porque yo llegaba a un lugar y me iba a otro, a otro, entonces como que no hubo oportunidad de que me la mandara. En esa época era diferente que ahora, ahora te la fotocopian, te la mandan por correo electrónico, en un archivo, pero esa canción para mí representa mucho porque la mamá de mi papá se la cantaba a éste y mi abuela murió cuando mi papá tenía siete años. Entonces mi papá la cantaba, él tenía muy linda voz, igual que mi mami, yo la rescaté, ésa sí nunca la he oído en ninguna parte. De los corridos, bueno, te digo, traté de rehacer un poco lo que pudo haber sido el espíritu del pueblo cantando esas canciones, así mi corrido del “Levantamiento de Madero” es muy de pueblo, pero además de pueblo bajo, o sea hay dos tipos de canto en el pueblo, el bajo, que canta así [ejemplifica vocalmente], como todo abierto, y el pueblo alto, que es así [nuevamente me ilustra con su voz], son dos cantos del pueblo muy marcados, muy diferenciados; yo traté de jugar aquí con esos modos. Después entra “Marieta”, que yo la veo absolutamente metida dentro de un juego, entonces hago una “Marieta” absolutamente lúdica, ah, porque la otra parte, cerrando lo que empecé a decir, es el humor, hay muy poca gente que lo rescata, para mí es muy importante porque, además, las mujeres en este momento tienen una importancia, bueno, en todos los movimientos, pero aquí empiezan a reconocerse. Así hay dos cantos muy contrastados, que son “La Adelita”, que es la parte como dolida, digamos, tanto del hombre como de la mujer, que saben que se están jugando prácticamente el pellejo, la vida, ésa es “La Adelita”, y la “Marieta”, la otra mujer que también está metida en la tropa, sale de la tropa y se va a un burdel, o sea, es otro tipo de mujer, ¿me entiendes? Yo hago una muy marcada diferencia entre estas dos versiones porque así las siento. Además, en “La Adelita” busqué hacer una cosa que sí tiene que ver mucho con mi formación, ya que tiene un tratamiento vocal más complejo, más elaborado, tiene unos pianos muy sofisticados, es una versión que me gusta muchísimo, me sigue pareciendo que es la versión que yo quería dar. Después quise poner el “Jacinto Cenobio” como parte de la conclusión de una revolución que no termina de hacerle justicia al pueblo. Efectivamente, veo que hay muchos cambios, porque dicen: “Es que no ha habido ningún avance entre los pobres de antes y los de ahora”, por supuesto que hay millones de avances. Mi papá decía: “Es que ustedes no vivieron el principio del siglo”. La gente pobre no solamente era pobre, digo, el 15 por ciento de la población leía y escribía, hay una enorme diferencia; yo reconozco que hay esa diferencia. Mi abuelo, que era campesino y el dirigente de un grupo de campesinos en Sonora, se vino a [ciudad de] México porque les vendieron unos tractores que estaban muy viejos, usados y descompuestos. Nunca se los quisieron componer y tenían una deuda gigantesca por esos tractores que habían comprado y no servían para nada, él se vino a tratar de arreglar eso y se pasó toda su vida arreglándolo. Esa canción es a mi abuelo, él se llamaba José María del Rincón, de por unos campos del rumbo de Ciudad Obregón. Mi abuela, su esposa, era parte yaqui y parte mestiza. Decía ella –que tenía una cosa genial, porque trabajó con su tío, pues quedó huérfana y vivió con éste–: “Ay, mi tío, el pobrecito cacique”, era el cacique, ella tenía la mitad de su sangre yaqui, aunque el apellido no era yaqui, la veías y tenía muchos rasgos así. Era una adivina, muy alegre, una mujer que a mí me metió mucho de esta vida jocosa y juguetona de la época, entonces como que eso tiene que ver con ellos. Ah, tenía una cosa que decía: “Ay, el pobrecito de mi tío...”, el cacique, pues ella era la que estaba en la caja. Cuando llegaba un pobre, agarraba una moneda de oro y se la daba. Su tío el cacique lo sabía y lo permitía, pero ella tuvo este impulso desde siempre, desde que era una adolescente. Nosotros crecimos un poco... de una manera muy especial, que nos hizo conectarnos mucho con la gente pobre, no sólo en el sentido de que no tienen dinero, sino con la gente que pertenecía a tu mundo, en tu mundo hay gente campesina, el jardinero, la señora que ayudaba a hacer la limpieza... Nosotros vivíamos como en una gran fraternidad con ellos, y este “Jacinto Cenobio” quise que reflejara un poco el dolor de algo que no se logra aún...

Sigue muy vigente.

Por supuesto... El “Corre, nanita”, con el que cierro, es el mismo con el que abrí el “Rema, nanita”, pero el “Corre, nanita” tiene una letra que fui tomando y adaptando de textos antiguos. Tú me preguntabas de las fuentes, Vicente T. Mendoza; de la Revolución había muchas cosas, hay mucho material, eso lo fui tomando de diversas partes. El “Jacinto Cenobio”, de Francisco Madrigal, pues de quién más, de Pancho, nunca fui amiga cercana de él, pero él fue muy generoso conmigo, le gustaba mucho mi versión y la rescataba de entre todas las versiones que se cantaban en la época. Decía: “Me aburre oírla, pero contigo me gusta oírla, es muy distinta”. Me sentí muy contenta, aunque Luis [Rivero] decidió meterle una pianola, hay a quien le suena rara la pianola en esa canción, pero a mí, finalmente, me gusta.

Sabías que iban a llegar estas fechas...

No me preparé.

¿Para qué?

No me preparé para el 2010.

Lo que te quiero decir es que hiciste este disco 25 años antes de esta fecha y ahora, que hay mucho ruido y, aparentemente, mucho presupuesto para esta bicelebración, tú tienes un gran disco alusivo, situado en esas épocas, yo no conozco una producción semejante, y tú lo hiciste sola, por eso, en perspectiva, te quiero preguntar cuál crees que sea la importancia de tu disco...

Continuará...

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Foto: Alma Velasco ataviada para presentar el espectáculo “Así cantaba México”.
Cortesía: Alma Velasco.