A la memoria de Carlos Monsiváis, un nostálgico incurable y un hombre enciclopédico de lo mexicano, con admiración y respeto.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Un día domingo, a principios de este año, caminaba por un tianguis en el Poniente de esta urbe, de ésos que algunas personas llaman pomposamente mercado de pulgas o, como les decían cuando viví en Guadalajara en los años noventa, baratillo, en busca, literalmente, de lo

ignoto. Un tianguis es un paraíso para los que nos gusta recorrer infinidad de puestos a la espera del libro, postal, disco, papelillo o artículo impensable que nos brindará asueto y solaz. Por supuesto, la cantidad de artículos a la venta es inmensa e inclasificable. Desde un auto, moto o llantas, hasta muebles, artesanías, cuadros, perros, muñecos de colección, pasando por carnitas, frutas, verduras, garnachas, ropa, calzado y un larguísimo etcétera. Popular, abigarrado, aromático, escandaloso edén urbano.

Así, como es natural, de manera fortuita llegué a un puesto en el que mis ojos descubrieron un montón de discos, uno de éstos llamó mi atención por su portadilla: el retrato ovalado de una mujer, en blanco y negro, enmarcado en estilo casi rococó en un fondo sepia y el nombre de México en el título. Un aire antiguo y moderno lo cubría, le confería una aureola de fascinación ante mis nacionalistas ojos. Diseño ad hoc al contenido. Me acerqué y lo observé con detenimiento, incluso con suspicacia, pues dudé en comprarlo, a pesar de que lo vendían a un precio asequible, porque no lo conocía ni por referencias. Además, debo confesarlo, tampoco a la intérprete. No obstante, como me permitieron echarle una ojeada, pude advertir que incluía un repertorio que por sí solo lo acreditaba. Terminé convenciéndome de adquirirlo al leer la nómina de músicos. Llegué a casa y lo escuché de inmediato. Ahora lamento no haber comprado otros dos ejemplares, pues había varios, todos originales y con su celofán. Como quien dice nuevos.

Se trata de “Así cantaba México” (México, 1984), de Alma Velasco. En el breve cuadernillo, cuyo retrato de la cantante sirve de portada, hay datos sustanciosos que, sintéticamente, nos recuerdan el contexto de cada tema incluido y la letra de éstos. No es difícil imaginar que era el guión o la guía de un espectáculo en vivo, o tal vez de un folleto, o sea la información que se ofrece a los escuchas para ubicarlos en el ambiente de la canción por interpretar. En la contracubierta vienen los créditos de las canciones seleccionadas de manera temática: Independencia: “Allá en la cumbre”, “Rema, nanita”; Campirana: “Pregúntale a las estrellas”; Intervención francesa: “Sitio de Querétaro”, “Adiós, mamá Carlota” (V. Riva Palacio); Porfiriato: “Ana” (M. Abadés), “Preguntas, niña”; Revolución: “Corrido del levantamiento de Madero” (arreglo de Pedro Llero), “Soldado raso-Adiós del soldado”, “Adelita”, “Marieta” (Samuel M. Lozano), “Muerte de Zapata” (A. Liszt-G. Amador), Después: “Jacinto Cenobio” (Francisco Madrigal) y “Corre, nanita”. La mayoría, se indica, de dominio público.

También se señalan los créditos de las hacedores: dirección artística, Luis Rivero; músicos: Luis Rivero, percusiones y pianola; Carlos Velasco, guitarra; Iván Sánchez, alientos; Ernesto Anaya, violín, guitarrón, vihuela y casú; apoyo técnico: Francisco Aguilar y Javier Posada; fotografía de la portada: Rogelio Cuéllar; grabado en: Audioacústica; apoyo especial: Carla Adame; remasterización y edición: Manuel Mora, producción y propiedad: Alma Velasco. [Ahora sé que hubo una omisión involuntaria y que ahora vale la pena enmendar: Eduardo Casar.] Como anoté, la fecha es de 1984, pero, evidentemente, es de la primera producción en elepé. Este disco compacto remasterizado no tiene fecha.

Son casi cuarenta minutos de paseo panorámico por la recreación de la música popular que se hacía y tocaba en México a principios del siglo XIX y hasta las primeras décadas del siglo XX, según el susodicho apartado temático. Cantos patrióticos, con un acento lúdico, no exentos de ironía, canto amoroso preñado de nostalgia y languidez, canto que recrea un ambiente y costumbres con ligero espíritu pícaro. Pero el canto va acompañado de arreglos musicales frescos, deliciosamente sazonados con la voz de Alma Velasco, que logra apropiarse del espíritu de cada tema y ofrece al escucha interpretaciones altamente disfrutables. Memorables. ¡Cuánto gozaría el espectador si pudiera escuchar en vivo esta selección musical! Tanto como lo he hecho yo escuchando innúmeras veces este disco compacto.

Me sentía feliz de mi adquisición, ya que tenía la idea de que era un disco de colección. Ay, debo decirlo, no lo es tanto en el sentido de agotado o muy raro; inconseguible, pues. Cautivado y ya con el germen de esta serie en mente, intenté buscar datos de la cantante o del disco en Internet. Escasos, casi nada. Bien, me dije, me limitaré a una reseña, como lo había pensado en un inicio. Lo inserté en la lista de “Mi Bicentenario...”. Empecé a tomar notas para dar cumplimiento a ese propósito. Pero un día encontré al generoso investigador musical y profesor universitario Pável Granados en el mensajero instantáneo y le pregunté por Alma Velasco y el disco. Era su amiga y le parecía buen disco, le gusta. Me proporcionó su correo electrónico y entré en contacto con ella. Ajustamos tiempos y pude entrevistarla el mes pasado para hablar de ese disco y de ella, que tuvo a bien realizar esta joya musical. Así, en las entregas siguientes más de Alma Velasco y “Así cantaba México”.

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Foto: Portadilla de un disco que hace un recorrido musical por la Independencia y la Revolución, entre otros periodos históricos de México.
Cortesía: Alma Velasco.