Para Manuel Arrubarrena Luna, por la amistad y los sones compartidos

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Coordinador editorial Azteca 21

Ciudad de México. 26 de septiembre de 2012. Fue el 24 de septiembre. Pasado el mediodía. Antolín Orozco Luviano, entrañable amigo, me avisó de la partida de este mundo de don Cástulo Benítez de la Paz ese mismo lunes por la mañana. Antolín, poeta y editor de la desaparecida revista cultural Voces de Tierra Caliente, recién había escrito la historia de vida del músico guerrerense en un libro de autoría colectiva editado por un programa cultural del CONACULTA que lleva por nombre Ases de Tierra Caliente. Cástulo, gran maestro guitarrero, murió en su casa de Ciudad Altamirano, Guerrero, sin hacer ruido, solo. Para no variar, olvidado del mundo y de las autoridades culturales. Pero, seguro, partió cobijado por el amor de su familia, de sus hijas, de sus nietos, de los muchos amigos que hizo en su vida larga y trashumante...

Cástulo, el hombre de las mil historias y la sonrisa presta, franca; el hombre que amaba a la música, como el mar ama al río que lo nutre, que lo forma, que le da vida; el hombre con el infaltable cigarro en los labios y la guitarra en las manos; el hombre cuya voz cascada seguía rindiendo homenaje a su tierra, a la alegría de vivir; Cástulo, el hombre que era la memoria viva de las formas sinuosas y henchidas de su cultura popular calentana, murió el 24 de septiembre por la mañana a las faldas del cerro famoso...

Cástulo, el hombre siempre dispuesto a platicar durante horas y horas si el asunto tenía que ver con la música y los músicos de la Tierra Caliente; Cástulo, el anciano que con dos bastones, uno en cada mano, no dejaba de caminar por su Pungarabato querido; Cástulo, elegido por Euterpe y Santa Cecilia y con la emoción a flor de piel; Cástulo, cuya sencillez sólo era equiparable a su sabiduría, ha sellado definitivamente el baúl de las anécdotas...

Cástulo Benítez de la Paz, prócer de la música de Guerrero, compañero leal e incondicional del “maestro de maestros” Juan Reynoso; Cástulo, el informante y acompañante de los anfibológicos gringos calentanos; Cástulo, el integrante del mítico Pokar de Ases; Cástulo, sentado en su silla, tomando el sol o en la sombra, cerca del palacio municipal de Altamirano, en una postal del México profundo y verdadero, auténtico, se ha marchado a tocar al cielo junto a su maestro a Santa Cecilia...

Cástulo, de cuerpo enjuto y alma quijotesca, sabio y amoroso con sus nietos, risueño constante; Cástulo, agradecido con sus maestros, con su Maestro, con el municipio –hace unos años orgulloso portaba su credencial del Ayuntamiento de nombre purépecha, que gustaba de pronunciar con toda su eufonía–, con la vida; Cástulo memorioso, humilde, sincero, se ha ido al parnaso guerrerense para seguir a su Maestro, para tocar su música...

Cástulo, el baluarte y guardián de la tradición, la voz y la armonía, la letra y la melodía; Cástulo, generoso, con el tesoro musical de la Tierra Caliente en las manos y en la sesera; Cástulo, el amigo de los amigos, el músico entre grandes músicos; Cástulo entre Zacarías y Ángel en una tarde de domingo en la ciudad de Mexico; Cástulo entre la bruma de la nostalgia y la emoción; Cástulo, nacido en marzo de 1927 y fallecido en septiembre de 2012, David y Goliat del patrimonio cultural intangible calentano...

Cástulo, músico ejemplar y hombre de mucha calidad; Cástulo, artista del pueblo y para el pueblo, feliz de que lo saludaran, lo buscaran, le preguntaran, feliz, sí, de enseñar “lo poquito que sabía”; Cástulo, personaje singular de la Tierra Caliente, a la que se entregó por completo, absolutamente; Cástulo, ya ido, Guerrero y México pierden para siempre una parte significativa de su tesauro musical y lo peor es que no lo saben, no quisieron ponerte atención, nunca te escucharon atentos, Cástulo maestro...

Cástulo, en su casa, una noche de humo y traguitos de mezcal dando cátedra sin presuntuosidad, sin saberlo; Cástulo con Chago y Palillo rememorando tiempos idos, músicos idos, letras perdidas, sones antiguos, poniendo los puntos a las íes; Cástulo, guitarra en mano tocando al compás del ritmo de la negra noche y sus sonidos estelares; Cástulo, de dedos encogidos y corazón abierto, de sensibilidad sobresaliente y ya no repetida; Cástulo, artista grande de corazón sencillo, hermanos, se ha ido de esta tierra para siempre. En silencio, cuando la música germina. En la mañana del 24 de septiembre de 2012. Que se sepa. Descanse en paz.

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Foto: Cástulo en el homenaje improvisado que se le hizo en Arcelia, Guerrero, en noviembre de 2009.
Azteca21/Gregorio Martínez M.