Para Darío Stalin, jefe perdulario y grande amigo, en su cumpleaños.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Coordinador editorial Azteca 21

Ciudad de México. Nuevamente se llevó a cabo el “Son para Milo” en la Benemérita Escuela Nacional de Maestros (BENM), un acontecimiento auténtico para este género de música, tan dejada de lado por los propios interesados; es decir, el grueso de los mexicanos. Por que no es nada fácil reunir y coordinar a más de sesenta grupos que

hacen las delicias de unos cuantos miles de seguidores que durante tres días –3, 4 y 5 de junio– tuvieron la oportunidad y el placer de escuchar sones huastecos, jarochos, costeños, calentanos, de tarima; y música de fusión o world music a partir de música tradicional. También de zapatear, si es que les da por desempolvar las tarimas dispuestas para ello.

Por mi parte, pude asistir algunas horas de los tres días susodichos. Como siempre, sucedieron varios hechos relevantes. El viernes 3, después de salir del trabajo e ir a recoger a mi hijo, pude llegar en la tarde, precisamente cuando cerraba el trío hidalguense Furia Huasteca. A un lado de la explanada de la Normal, acondicionada como tablado, Anatolio Vázquez transmitía por Internet el encuentro por radiomexico.com; Jesús Pérez Sámano, “El huasteco chilango”, junto a su inseparable princesa mixteca, tuvo a bien presentarme, en cuanto nos saludamos, a una mujer española, Raquel Paraíso, a quien agradezco su generosidad y ayuda desinteresada el domingo 5. Ella estuvo presente los tres días con sus cámaras de video y fotográfica en mano. Hasta donde sé, es una artista e investigadora, y esto lo digo por su trabajo y por un artículo suyo que leí. Es recomendable visitar su blog homónimo y nutrirse de su savia y sabiduría.

Más tarde, tuve la dicha de escuchar al Trío Aguacero, del maestro Lalo Bustos, que interpretaron “La orquídea”. Es un son huasteco de pura cepa; en mi opinión, un clásico joven. Sólo por este son yo me atrevería a afirmar que el maestro Bustos Valenzuela toca en vida las puertas de la inmortalidad en la música tradicional mexicana. Además, aunque hay otros tríos que ya lo tocan en diversas partes de la Huasteca, a mí me gusta mucho la versión del autor. ¡Qué gusto escuchar que muchas personas la corean! Al final de su turno, un alumno del maestro se subió a tocar el violín y a cantar “La petenera”, en tanto Bustos Valenzuela zapateaba en el tablado.

Después tocaron otros grupos, entre ellos Cucalambé. Pero desde ese primer día el ambiente se sentía algo enrarecido. Una señora se me acercó y me pidió que comentara que no le habían permitido entrar con su automóvil por instrucciones de “la dirección”; además, que el personal de la entrada se había mostrado muy grosero. Complacida, señora. Peticiones y quejas aparte, varios amigos me comentaron que circulaba el rumor de que había problemas, que el encuentro estuvo a punto de no realizarse, que tal vez era el último... Cuando el río suena..., pensé al retirarme con Jesús Gregorio, quien ya estaba cansado y deseaba irse a dormir.

El sábado 4, después de asistir a un seminario sobre arte y patrimonio, regresé a casa por Jesús, preparé algo de comer y luego nos lanzamos al “Son para Milo”. Ya llegamos tarde, pero tuvimos oportunidad de saludar a Ana Zarina Palafox y a Arturo Hernández Ochoa, en sus respectivos puestos de publicaciones culturales, al investigador Alejandro Martínez de la Rosa, a Marcelino González, a Los Brujos de Huejutla –César y Germán Hernández Azuara, y a Rodolfo González Martínez, a quien acompañaba Ángel de Jesús, del trío Cenzontle–, a los hermanos César y Mauricio Juárez Joyner, de Nostalgia Huasteca, a David Peñaloza, de Yolotecuani, a Juanito, de Discos Corasón, a los bailadores don Enrique, don Julián, Joaquín, Felipe...; también de escuchar algunos sones a los Hermanos Tavira. Da gusto ver cómo se renueva y fortalece esa rama del son calentano, pues ya se alternan más en el contrabajo Poncho y Vadim, los jóvenes Tavira. En un momento dado, Javier invitó a subir a bailar al maestro Rogelio, magnífico bailador, creo, de Zirándaro de los Chávez, quien bailó con Nelly, bailadora de este grupo de música regional guerrerense.

Lo que el día anterior era un rumor ya se había convertido en algo casi “oficial”: se anunciaba que no había recursos para pagar el sonido y el tablado; se mencionaba una cantidad de varias decenas de miles de pesos y se solicitaba la cooperación voluntaria de los asistentes al tiempo que un bote recorría el tablado –la verdad, no mucha gente cooperaba y dudo de que hayan conseguido el objetivo por ese medio–. ¿Qué se infiere? Que las autoridades de la BENM, de último momento, retiraron o no otorgaron el apoyo a los organizadores del “Son para Milo”. Incluso, algunos de los grupos participantes señalaron que ese encuentro no iba a variar de nombre: “Son para Milo”; es decir, aparentemente se pretendía cambiar éste, que se ha vuelto una referencia ineludible para acercarse a la música tradicional mexicana y popular –si pensamos que una diferencia entre ambas expresiones radica en que la primera aún es portadora de una tradición y la segunda, que llega a regiones más allá de la natural. Así, varios grupos participantes podrían entrar en este complejo juego de las definiciones académico-comerciales.

En fin, en lo que respecta a este asunto, podemos enumerar dos supuestos: no hubo recursos para los organizadores, como se había realizado anteriormente; se pretendía, al parecer, proponer una nueva denominación al encuentro. ¿Qué implicaciones se pueden extraer? Elemental: ¿quieren acabar con un encuentro cuyas raíces profundas han rebasado ampliamente los terrenos de la BENM? Parece inaudito y fuera de toda proporción: es una actividad que surge en el seno de la BENM, que la organizan varios de sus egresados y maestros, que le da realce y presencia social a aquélla, que se ha convertido en otra de las grandes tareas realizadas por tan señera institución, ¿entonces? No queda más que esperar que la cordura y la sensibilidad vuelvan a reinar en la BENM y no se haga a sí misma un daño irreparable. Una madre no debe sacrificar inútilmente a sus mejores hijos... Opciones: parecen pocas, pero, si las cosas empeorarán, creo que la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal o incluso la Universidad Nacional serían excelentes...

Ahora me doy cuenta que ese sábado 3 fue el que más tiempo estuve en el “Son para Milo”, ya que después de los Hermanos Tavira escuché a la Banda Mixanteña, Estampa Huasteca, Balajú, Cocoteros de Colima, Marimba Nanishe –Miguel Arizmendi tocó varias piezas con ellos–, La Semilla, Los Copleros de Chucho Gil, Los Salmerón, Palabra de Escándalo... No tuve chance de tomar notas, ojalá que no incurra en una falta de precisión y no cuatrapee los días y los grupos. El trío Estampa Huasteca sigue consolidándose y Gerardo Ayala, su trovador, asentándose más y más, como un buen refino curado con aguacate.

Los Salmerón complacieron sobradamente a muchos calentanos ahí reunidos, que no dejaban de solicitarles “Tlapehuala lucido”. Ahora tienen una nueva formación, con cinco elementos; no sé si sea permanente o variable. Don Juan Salmerón tocó la guitarra sexta, un nuevo miembro estuvo en el contrabajo, Camilo Camacho y Rigo Salmerón en los violines, y Nadia, hija de don Hugo Salmerón, en la tamborita. Por cierto, don Hugo falleció en octubre de 2010. Su orgullo calentano, sus voces ensalzando su pueblo natal y su estado, su entusiasmo y amor por esta música se extrañaron esa tarde.

Los Cocoteros de Colima es un grupo de jóvenes entusiastas que han integrado un mariachi tradicional, a pesar de que algunas de las canciones que tocaron no fueron precisamente del repertorio de su región, pero su gusto y modo de interpretar calaron entre la gente, que agotó con rapidez el disco que llevaron a vender; amén de que lo vendieron a 50 pesos y obsequiaron varias bolsas. Lamentablemente no conseguí disco de ellos; espero que para la otra próxima edición de “Son para Milo” vuelvan a participar, traigan más discos y mantengan esos precios, que, con base en éstos, permiten a su música llegar a más personas.

Vale la pena señalar que la mayoría de los grupos expresaron su solidaridad con los organizadores para continuar con esta gran verbena. También se extrañó mucho al Trío Chicontepec, que no tocó ese sábado: desconozco si lo hizo en algún otro momento, pues, como es habitual, hubo cambios en la programación. Tuve ocasión de saludar a Anastasia Guzmán “Sonaranda” –que debió tocar el viernes 3– y a Alejandro Flores, músico y compositor, además de promotor cultural quien, con dificultades y nulo apoyo de sus visitantes, sigue sosteniendo estoicamente “FAB, el portal de lo mexicano” (http://fab1.jimdo.com). Por cierto, Alejandro me presentó a Óscar Carrillo, quien realizó un documental excelente: “Ofrenda”, del que pronto haremos una reseña en estas páginas.

El domingo 5 fui aún menos tiempo que el viernes 3, pero, comoquiera, escuché a  Nahucalli, Cucalambé –que repitieron–, Son del Pueblo, Avispones Huastecos y La Zafra –Diego de Jesús Cruz Lara recitó varias de sus décimas–. También entré a ver la exposición “El color del folklore” (sic), de Óscar Montalvo Carrasco, cuyas pinturas están basadas en elementos prehispánicos y en fandangos, baile, bandas de viento; sobresale un “Son para Milo” que, si no me equivoco, se iba a subastar.

El sábado 4 y domingo 5 advertí que una camioneta de Radio Mexiquense estaba grabando las actuaciones de los diferentes grupos; me dijeron que una selección del material grabado lo programarían en varios días. Qué fortuna, ojalá se pudiera conseguir una copia, pues, a final de cuentas, es una institución pública y la gente tiene derecho, creo, a solicitar una copia, pues de otro modo esa música quedaría guardada o embodegada; en el olvido.

Así terminó este cónclave musical en la capital del país, festiva y grandiosamente, pero con ambiente enrarecido y una interrogante sobre el destino de este Encuentro de Música Tradicional Mexicana “Son para Milo”, ¿el último eslabón de una gran cadena? Ojalá que no sea así y continúe, aunque se busque la manera de organizarlo y realizarlo mejor, apoyando a los fundadores y organizadores, que trabajan muchísimo durante varios meses sin remuneración alguna. Si el “Son para Milo” es para todos los interesados en este género musical y bailable, entonces todos deberíamos apoyarlo y defenderlo. Hasta aquí estos recuerdos dispersos, casi pergeñados a vuela pluma, mientras lamento en el alma no poder ir el viernes 17 y el sábado 18 al Centro Cultural “El Tecolote”, en Arcelia, Guerrero, al cierre de cursos.

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Foto: "Los Avispones Huastecos" durante el X Encuentro de Música Tradicional Mexicana “Son para Milo” 2011.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.