Para Nico, por su cumpleaños y con gratitud

 

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Nicolás Cárdenas Reyes, “Tempach” (antes “Tenpach”), transita por la vida ligero de equipaje y cargado de experiencias y sabiduría, tal como lo deja entrever su apelativo de origen náhuatl y que, aunado a su luenga barba, se ha convertido en su sello distintivo, intransferible. De artista. Tuve la suerte de encontrarme con él en Tampico, durante el XV Festival de la Huasteca, realizado en el Espacio Cultural Metropolitano (“Metro”), a mediados de agosto pasado. Como siempre, fue un suceso afortunado y grato para mí por varios motivos, pero, esencialmente, esta ocasión destacaré –evocaré– dos: un paseo por Las Escolleras –El Malecón– y su exposición fotográfica, que formó parte de las actividades del susodicho festival.

Comentaré primero su obra, cuyo conjunto mostrado en Tampico denominó “Huellas...”. Son cuarenta fotografías. Aquí mismo, en anteriores ocasiones, he hablado de, en mi opinión, la evolución artística de “Tempach”, de sus inquietudes y temas, de sus búsquedas y hallazgos. Debo señalar ahora que estamos ante el comienzo de la etapa verdaderamente artística de Cárdenas Reyes, en otras palabras, considero que éste ha alcanzado una madurez artística, un dominio técnico y una tolerancia a la crítica, aspectos imprescindibles en el artista verdadero, aquel que sabe que su obra puede gustar o no a un espectador, pero está consciente de que sus fotografías cumplen con los requerimientos técnicos mínimos –y los superan, en la mayoría de casos– y que son ya expresiones del hacedor de imágenes, objetos artísticos que llevan la impronta del artista veracruzano. Es decir, “Tempach” ha dado paso a la autocrítica, se exige, se plantea retos y, obstinado que es, obtiene mejores fotografías. Claro, de repente cede a la complacencia, pero, ante los resultados obtenidos, ésta se minimiza, tal como ocurre en esta muestra, donde las fotos del Castillo de Santa Apolonia sirven de mero contraste entre las tomas con un espíritu plástico, volador, y las de casi mero registro, que no permiten más de una lectura o interpretación, como es el caso de las de esa construcción situadas en el municipio de El Mante, Tamaulipas. Quizás por ser el foro un espacio tamaulipeco las incluyó en esta selección. Sin embargo, corroboran lo que antes he mencionado: el paisaje arquitectónico es uno de los temas de este artista visual. Y las tomas de ese edificio en ruinas se ciñen al título de la muestra: las huellas del tiempo transcurrido en la fachada y paredes sólo evidencian el esplendor pasado. Insisto: incluso en estas fotos se advierte la exigencia del artista, tanto física como estética.

Lo mismo podría decirse, sólo en cuanto al título de la exposición, de otras fotografías ahí exhibidas: la carreta arrumbada en un rincón con los bidones lecheros abandonados, mudos testigos de una historia y un modo de vida rural; el fogón y la leña amontonada, que aún perviven en muchos sitios de México y hacen rememorar nuestros sabores; el viejo arriero, que parece sacado de la historia y del tiempo; la especie de bodegón en el que las texturas se complementan equitativamente con el negro del jarrón y el rojo de los tomates tatemados...

También vi fotos ya exhibidas en otras ocasiones. Aquí cabe recordar que “Tempach” en cuatro años suma ya quince exposiciones individuales. ¡Un logro espectacular! Esto habla de su perseverancia y de la calidad de su trabajo fotográfico. Así, continuando con otro de sus temas, el paisaje, ahora contemplamos magníficas vistas de la Cascada de Tamul, en la huasteca potosina, hechas con el ojo nato del artista y la experiencia del fotógrafo, y una denominada “Una mirada a la huasteca potosina”, en Xilitla, en la que un hombre joven se asoma por una ventana y sólo vemos la silueta verde de los montes y la manta blanca de las nubes. Vale agregar que en varias tomas de Cárdenas Reyes hay un elemento poético que les confiere otro nivel de significación. Al respecto, mencionaré a la que más me llamó la atención: “Desprendimiento”: el salto de un bailarín que parece desprenderse hacia el empíreo de los artistas. He aquí otro elemento que evidencia el crecimiento artístico y profesional de Nicolás: su obra ya no se basa sólo en la Huasteca, como al inicio de su actividad fotográfica, sino que ya transita por otras sendas, ya se ocupa de otros motivos. Es decir, el artista ha salido de la aldea y se ha situado en el universo. Ahí discurre ahora.

Por último quiero comentar la fotografía que da título a la exposición: sobre fondo negro, las manos enlazadas tras la espalda de un hombre que usa un suéter negro y en cuyas palmas y dedos relevantes sobresalen los surcos del tiempo; asimismo, hay otra muy similar, denominada “Saludo maya”, que son las manos de hombres trenzadas en una especie de apretón. En ambos casos, el aspecto técnico (close-up), lo formal (fondo negro en oposición o contraste de colores luminosos) y el objeto fotografiado (la mano del hombre que lo diferencia de los otros primates y toda la carga simbólica, más allá de las arrugas) confirman la ascensión artística de “Tempach”. Su obra ya está a la venta y merece figurar en el catálogo de galerías. Al tiempo –por cierto, ese gran tema de Cárdenas Reyes.

Finalmente, y sólo porque tiene relación con su obra y los bastidores de la creación artística, referiré que uno de esos días “Tempach” me invitó a Las Escolleras de Tampico. Acepté sin dudarlo un instante, a pesar de que, en mi caso, era un despropósito, ya que me acostaba aproximadamente a las tres de la mañana y Nicolás, gran madrugador, quería que saliéramos a primera hora –creo que a las cinco o cinco y media–. Pero era una gran oportunidad de recorrer ese punto emblemático del puerto tamaulipeco y de acompañar a un artista a realizar su trabajo. Nicolás es un hombre audaz, a veces temerario, pero es un artista que persigue tenazmente sus objetivos. Lo acompañé dos madrugadas seguidas; una maravillosa, que le brindó el amanecer deseado, la otra lluviosa, que lo hizo desistir, pero también obtener imágenes grandiosas. Es decir, la foto no se hace sólo con una buena cámara y un buen ojo y talento y... Arrostramos peligros; nada del otro mundo, aclaro. Nos encanta la aventura. Sin que él lo sepa, también comparte mi convicción por la frase latina atribuida a Horacio: “Carpe Diem”, es decir, aprovecha el día. Nico dice: “Vive la vida, vívela ya”. Eso hicimos, hacemos. Después de esos recorridos mágicos, lo admiré más aún de lo que ya lo hacía. Ahora, estoy ansioso por saber cuándo será su próxima exposición: no tengo duda de que incluirá alguna de las fotos que hizo ahí. Hasta entonces. Para establecer comunicación con Nicolás, su correo es Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

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Foto: “Tempach” en Las Escolleras de Tampico.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.