A mi gran amigo “El kikapú huasteco”, Víctor Galiano Romero Cortés, y a su esposa, en Reynosa, Tamaulipas, quienes hicieron el viaje a Tampico sólo para gozar de esta fiesta huasteca.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Mucha expectación había suscitado la realización del XV Festival de la Huasteca en Tampico, Tamaulipas, por varios y diversos motivos. Tal vez el más relevante era la celebración de un aniversario que –sobre todo por la costumbre– se esperaba especial, sobresaliente, digno de recordarse por muchos años. Quince años no son pocos, tampoco los logros alcanzados ni los obstáculos superados –peor es nada. Aquí cabe incluir todos los productos culturales que, a través del Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca (PDCH) y otras instituciones, se iban a presentar del 19 al 21 de agosto: libros, DVD, exposiciones... Otro motivo era conocer a las personalidades que iban a ser homenajeadas en su tierra. Uno más –que pesó en el ánimo de muchas personas interesadas en asistir a esta fiesta institucional– fue el temor. “Un fantasma recorre el festival: el fantasma de la inseguridad y la violencia”, se podía inferir en el aire tampiqueño de esos días.

Lo anterior adquiere más sentido si pensamos que dicho festival se ha mantenido vigente y vigoroso por la participación entusiasta de muchas personas, huastecas la mayoría, que lo han consolidado y fortalecido con sus aportaciones y esfuerzos, a pesar de la poca difusión que se le brinda en los medios a la cultura tradicional y popular, del escaso apoyo gubernamental a los músicos tradicionales –especialmente a aquellos que viven en sus comunidades y son vestigios de un estilo o modo de hacer música que está a punto de desaparecer–, del uso discrecional de los recursos públicos destinados para ello, de los funcionarios burócratas que, al parecer, no terminan de comprender la importancia de dichas manifestaciones ni la difusión de las mismas, pues sobresalen por el desconocimiento, la improvisación y la indiferencia... No obstante, por lo antedicho, este festival se había convertido en un bastión institucional y representativo de esta región cultural de México. Desafortunadamente, esta última edición fue de claroscuros; la luz la aportaron los participantes; la oscuridad, los organizadores.

El jueves 19, primer día de las actividades, la programación inició tarde y fue un caos en general. Esto desalentó a la de por sí poca, poquísima concurrencia que deambulaba desorientada por el “Metro”. Ramón Chávez “El Jaranero” no se presentó en protesta, aseguró al que suscribe, debido a la sede elegida para efectuar el festival: el Espacio Cultural Metropolitano (conocido como “Metro”). Ramón decía que no era un sitio para el pueblo, que éste no tenía auto para ir, que si iba tenía que enfrentar riesgos de traslado, que no había permiso para beber. “A ver, dime, ¿qué huasteco conoces que no beba?”. Le sobra razón al creador de temas emblemáticos de la Huasteca, como “El zacahuil”, y de Tampico, “El tragón”.

Más tarde, con un profesionalismo enorme, Blanca Pulido, “La Embajadora del Huapango”, actuó ante un público escaso, mínimo. Posteriormente, se mostró una danza del municipio de Tula, Tamaulipas. Nadie sabía qué pasaba, nadie informaba tampoco nada. Por la tarde, Los Utrera brindaron un concierto que fue memorable, a pesar de los problemas de sonido, con motivo de la presentación de su más reciente disco, “Para curar un dolor”, en el que intercalan son jarocho y son huasteco. Luego, se efectuó el “Encuentro de músicos huastecos”, según el programa oficial, mejor conocido como la huapangueada. Para ello, los técnicos de Radio Educación estaban listos, pues de las 20:30 a las 22:30 horas transmitieron en vivo, vía satélite, por primera vez, la participación de algunos tríos, como el del Conjunto Típico Tamaulipeco. A muchos extrañó la ausencia de Camilo Ramírez Hernández en el violín, pero nadie explicó nada. Además participaron los tríos Calamar, de Hidalgo; Huasteco Hueytlalpan, de Puebla; Perfecto López y su Tradición Serrana –Perfecto sufrió un asalto callejero en el centro tampiqueño–, de Querétaro; Huastecos de Valles, que se llevó la noche, con Joel Monroy haciendo de las suyas en el violín y Goyito Solano en la jarana, trovando casi como su señor padre homónimo; hubo cambios en la programación oficial, como la inauguración –que se pasó al día siguiente– y la participación de Los Venaditos de la Sierra, de Querétaro, al inicio, y, por más que lo intentamos e insistimos, no pudimos conseguir la lista oficial de tríos participantes.

El viernes 20, aproximadamente al mediodía, en medio de un impresionante dispositivo de seguridad, arribó al “Metro” Eugenio Hernández Flores, el gobernador tamaulipeco, quien inauguró oficialmente las actividades del XV Festival de la Huasteca, no sin antes manifestar una crítica a los organizadores por no hacer el festival en el interior del recinto cultural, “para que nuestros amigos sientan el calor huasteco”. La presencia del gobernador fue importante porque demuestra su interés en esta región cultural y económica. Ahí mismo refrendó su compromiso con esas expresiones culturales y recordó que a su padre le gustaban mucho los huapangos. Cabe mencionar que también entregó reconocimientos a personalidades tamaulipecas que han contribuido con su trayectoria a la cultura huasteca: Blanca Pulido, Ludivina Nieto Ornelas, Everardo Ramírez Ochoa “El Águila Negra”, David Celestinos Isaacs y Jorge Yapur Sheriff.

Por su parte, Sergio Rodríguez Abitia, coordinador nacional de Patrimonio Cultural y Turismo del CONACULTA y representante de Consuelo Sáizar, presidenta de esa dependencia federal, dijo que el festival ya estaba maduro y listo para ser “presentado en sociedad”, es decir, darle promoción y otros alcances. Vaya, coincidimos en esa “madurez”.

Aunque no viene al caso, debo señalar que me perdí todas las actividades de ese día, pues un virus afectó letalmente mi computadora y mis tarjetas de memoria, por lo que me vi obligado a reparar, en lo posible, el daño. De otro modo, no podía hacer nada, ni escribir ni tomar fotografías. Nueve horas dediqué a esta labor, auxiliado por Dora Alicia Flores, quien estaba a cargo de la red instalada en la Sala de Prensa, montada en un auditorio del “Metro”. Para ella, mi reconocimiento y gratitud. A pesar de todos los esfuerzos y tiempo invertidos, volví a sufrir una grave pérdida de materiales. Lo lamento mucho, sobre todo por los personajes y amigos entrevistados. Por eso lo consigno, para que se sepa el motivo de no publicar determinado material.

Cuando salí de la Sala de Prensa, ya era de noche. Me perdí casi todas las actividades del día. Por suerte, tuve la fortuna de conocer y charlar informalmente con Philippe Grossiord, documentalista franco-mexicano, quien presentó un video, “La fiesta de Xantolo en la huasteca potosina”, y radica en la ciudad de México, por lo que es factible un encuentro próximo. Según el programa oficial, el cual cumplió la advertencia de “Programación sujeta a cambios”, la maestra Ludivina iba a presentar su video “Cantares y añoranzas de la Huasteca en Tamaulipas”, el cual tuvo la gentileza de obsequiarme y del cual hablaremos en entregas siguientes de estas “Memorias...”. Ya había iniciado la transmisión de la huapangueada por Radio Educación, la cual, por cierto, ya no fue por el Satmex-2, sino por la línea telefónica tradicional. Los conductores durante los tres días fueron Ludivina y José Luis Guzmán, locutor de Radio Educación, quien suplió a un lesionado Enrique Rivas Paniagua. De los tríos anunciados, escuché a Soraima y sus Huastecos y Los Regionales del Totonacapan; don Fortunato Ramírez y sus Cometas no asistieron; no hubo explicación al respecto.

El sábado 21 había muchas e interesantes actividades programadas. Entre éstas, una “Presentación musical interactiva: hablemos de sones y huapangos”, a cargo del maestro Tomás Gómez Valdelamar, a quien nuevamente agradezco su generosidad –y espero mejor ocasión para, si no asistir, hablar pausadamente del mítico bar Comercio tampiqueño–, así como al personal de Comunicación Social y Relaciones Públicas del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA), encabezado por Ubaldo Avalos Salas, quienes facilitaron el mejor desarrollo de mis labores. Bueno, con el maestro Tomás no hubo oportunidad de charlar tranquila y expresamente sobre su actividad y trayectoria, sin embargo, estaremos pendientes de su trabajo como compositor, pues algo nos comentó –de manera informal– de su próximo proyecto, financiado por el FONCA.

También se presentó el libro “Amatlán, una fiesta que nunca termina”, recopilado por Arturo Hernández Ochoa, con quien no pudimos charlar en esta ocasión y de quien extrañamos el excelente café xilitlense. Pero pronto aquí publicaremos algo al respecto. Más tarde se efectuó la presentación del libro “La huasteca de Tamaulipas en la décima”, de autoría colectiva, pero coordinado por el buen amigo Fernando Méndez, con quien tuvimos oportunidad de platicar el jueves 19. Hubo, claro está más actividades, pero no tuve ocasión de asistir ni de conseguir algún material. ¿Por qué hay tanta reticencia y resistencia para proporcionar material a medios de comunicación por parte de organismos públicos?

La tarde de ese sábado estaba animada, pero nunca se llenó la sillería instalada para los concurrentes. Siempre fluctuante la asistencia, calculo que nunca rebasó los mil asistentes, sin contar los centenares de participantes. Por la noche, Radio Educación nuevamente transmitió por señal normal, pues la satelital no se pudo repetir. Muchos personajes del huapango y la cultura huasteca en general andaban por ahí, como el doctor Elías Chessani y su esposa Hilda María, el cual cumplía 25 años de trovador; los músicos potosinos Samuel Martínez Herrera y Antonio Parga, con quienes degusté un sabroso mezcal y hablamos del siguiente disco de Huazzteco; Román Güemes, Miguel Compeán, Esperanza Zumaya, Natalia Valdez, Rodolfo González Martínez, Jorge Morenos, Javier Hernández Aquino, Carlos Arvizu Arvizu, Arturo Castillo Tristán, Blanca Barrón, Gilberto Ortega, Leo de Swann, Nicolás Cárdenas Reyes “Tenpach”, Blanca Pulido, David Celestinos, Daniel Ramírez Ochoa, Armando Herrera, Fernando Carrillo –secretario de Cultura de San Luis Potosí, de quien Fernando Méndez hizo públicamente una apología por su compromiso y forma de trabajar, es decir, de hacer cultura–, Rosendo Martínez, Ulises Trejo Amador, Hugo Rodríguez Arenas, la investigadora María Luisa Herrera Casasús, el trío Koneme, Efrén Fayad, Ramón Chávez “El jaranero”, Amparo González Berumen, Rodolfo Acevedo...

De acuerdo con la emisión radiofónica, los tríos que participaron en la huapangueada fueron Los Caporales del Pánuco, de Tampico; Los Gallitos, de San Felipe Orizatlán, Hidalgo; Inspiración Huasteca, de Huehuetla, Puebla; Ahuacatlán, de Pinal de Amoles, Querétaro; Alma Xilitlense, de San Luis Potosí; Alma Huasteca, de Veracruz, y el de los hermanos Ramírez Ochoa, de Tampico. Todo iba muy bien, en lo que cabría esperar –el zapateado nunca fue esencial, como es costumbre, por falta de bailadores, que los hubo, pero pocos para un encuentro de esta magnitud–, pero alrededor de las 23:20 horas la gente comenzó a gritar, a tirarse al piso y a correr; el sonido cesó de súbito y se apagaron las luces del escenario. Pánico casi general y desconcierto generalizado. Román Güemes, sensatamente, tomó el micrófono y pidió calma. Santo remedio parcial. Minutos más tarde, Olga Méndez, funcionaria del ITCA, anunció que se cancelaba el festival y que podíamos retirarnos, en orden. ¿El motivo? Oficialmente nadie dijo nada, pero “el miedo no anda en burro”, diría “La India María”. En el bulevar, a menos de un kilómetro –calculo, pues de regreso al Centro de Tampico pasé junto con “Tenpach” por el lugar del “evento” –según la jerga policiaca local–, lleno de policías fuertemente armados–, hubo un enfrentamiento armado cuyo eco ominoso llegó hasta la Explanada del “Metro”, causando lo antedicho. Bueno, ya decidida la sede, este festival merecía el interior y las instalaciones del “Metro” simplemente porque es un lugar para la cultura, como las expresiones huastecas ahí reunidas, y no insistir en la falsa separación de “alta cultura” y “cultura de segunda” o “popular”. ¿Cuándo habrá una temporada de son mexicano en el Palacio de Bellas Artes? NI siquiera en estas fiestas hechizas bicentenarias... Vale, hasta aquí esta entrega de “Memorias de un huapanguero”. Seguiremos próximamente con más del XV Festival de la Huasteca.

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Foto: Cartel de un festival grandioso por sus participantes.
Cortesía: CONACULTA.