En conferencia magistral mencionó que a pesar de que el texto es complejo y en cierto sentido perfecto, el autor no quedó satisfecho con el resultado y por tal motivo nunca lo publicó

CDMX.- 30 de Septiembre de 2018.- El sueño de los guantes negros, cuyo único manuscrito está resguardado en la biblioteca de la Academia Mexicana de la Lengua, es la obra menos analizada de Ramón López Velarde (1888-1921), pero una de las más interesantes que haya escrito sobre el tema de la muerte, expresó el editor y escritor Fernando Fernández, al dictar una conferencia magistral en torno a la figura del mencionado poeta zacatecano, en el marco de la jornada inaugural de la XXIX Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH).

El especialista en poesía contemporánea señaló que a pesar de que el poema es complejo y en cierto sentido perfecto, el autor no quedó satisfecho con el resultado y por tal motivo nunca lo publicó.

En el Auditorio Fray Bernardino de Sahagún del Museo Nacional de Antropología, el ponente expresó que de acuerdo con diversos testimonios históricos, se sabe que López Velarde leyó a sus amigos por lo menos en dos ocasiones el poema completo, pero el texto quedó como borrador. “Tenía la costumbre de aprenderse de memoria sus poemas antes de plasmarlos en pedazos de papel u hojas de periódicos, era un perfecto adjetivador de la literatura mexicana”.

Acotó que en 1971, al cumplirse 50 años de la muerte del célebre poeta, los hermanos del ilustre zacatecano entregaron a la biblioteca de la Academia Mexicana de la Lengua una documentación de López Velarde, como apuntes y textos inéditos, entre los que se encontraba El sueño de los guantes negros, escrito a lápiz a principios de 1920.

Fernando Fernández vio por primera vez el manuscrito en 2012 y lo acogió como tema central de la investigación que plasmó en su libro Ni sombra de disturbio, coeditado en 2014 por Auieo Ediciones y el anterior Consejo Nacional para la Cultura y la Artes.

El sueño de los guantes negros, explicó, trata de una quimera que tiene Ramón en la cual se reencuentra con su amada fallecida años atrás, de la que muchos estudiosos han deducido que alude a Fuensanta, y otros refieren que quizá se trate de una mujer armada fantasiosamente por Velarde. Él está muerto y ella también, es una aproximación entre fantasmas en una madrugada de invierno.

El  escritor expuso que el dogma cristiano que más abordaba Ramón en su obra era el de la Resurrección, concepto que queda implícito en el poema, ya que el eje central es el uso de los guantes negros, mismos que representan un misterio, debido a que no dejan ver al poeta la piel de su amada. “Es interesante para el lector entender que ni siquiera en una muerte literaria, Velarde pudo saber si realmente hay una vida más allá de ésta”.

Añadió que en el poema todos los versos están escritos en once sílabas. Asimismo, especificó que hay otro elemento extraordinario que le da un tono de misterio al manuscrito, y es que todas las palabras terminan con las sílabas “eo”, es decir, riman de manera asonante.

“En un poeta menos talentoso, esta rima asonante sonaría monótona, sin embargo, cuando se lee El sueño de los guantes negros, es armonioso, había tal plasticidad en el uso de las palabras que me llevó a pensar que quizá se trate de una oración dicha en voz baja”, argumentó Fernández.

El licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, finalizó su charla con el comentario de que el poema también es una especie de eco que repite la palabra “muerto”, lo que le recuerda a su autor que a pesar de haberse encontrado con su amada resucitada, la realidad es que los dos ya fallecieron.

El sueño de los guantes negros

Ramón López Velarde (1888-1921)

 

Soñé que la ciudad estaba dentro

del más bien muerto de los mares muertos.

Era una madrugada del Invierno

y lloviznaban gotas de silencio.

 

No más señal viviente, que los ecos

de una llamada a misa, en el misterio

de una capilla oceánica, a lo lejos.

 

De súbito me sales al encuentro,

resucitada y con tus guantes negros.

 

Para volar a ti, le dio su vuelo

el Espíritu Santo a mi esqueleto.

 

Al sujetarme con tus guantes negros

me atrajiste al océano de tu seno,

y nuestras cuatro manos se reunieron

en medio de tu pecho y de mi pecho,

como si fueran los cuatro cimientos

de la fábrica de los universos.

 

¿Conservabas tu carne en cada hueso?

El enigma de amor se veló entero

en la prudencia de tus guantes negros.

 

¡Oh, prisionera del valle de México!

Mi carne [... urna ...] de tu ser perfecto;

quedarán ya tus huesos en mis huesos;

y el traje, el traje aquel, con que su cuerpo

fue sepultado en el valle de México;

y el figurín aquel, de pardo género

que compraste en un viaje de recreo.

 

Pero en la madrugada de mi sueño,

nuestras manos, en un circuito eterno

la vida apocalíptica vivieron.

 

Un fuerte [... ventarrón ...] como en un sueño,

libre como cometa, y en su vuelo,

la ceniza y [... la hez ...] del cementerio

Fuente: (INAH)

gusté cual rosa [... entre tus guantes negros ...].