La icónica obra de Diego Rivera se puede visitar de martes a domingo en el Museo Mural Diego Rivera, recinto del INBA

CDMX.- 7 de Enero de 2018.- Sobreviviente a dos de los terremotos más fuertes que ha sufrido la Ciudad de México en los últimos 100 años, así como a dos traslados y a la construcción del inmueble que hoy lo resguarda, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Centrales hoy una de las obras más reconocidas de Diego Rivera que los mexicanos y miles de turistas pueden visitar en el Museo Mural Diego Rivera.

Con aproximadamente 35 toneladas de peso, es quizá una de las obras artísticas más admiradas de México, en el cual Diego Rivera refleja el momento más esplendoroso de la cultura.

Iniciada en 1947, es una de sus piezas artísticas más reconocidas en la actualidad. Al centro se encuentra la icónica Catrina, pero junto a ella múltiples personajes de la historia mexicana: Hernán Cortés, fray Juan de Zumárraga, sor Juana Inés de la Cruz, Antonio López de Santa Anna, Benito Juárez, Maximiliano y Carlota de Habsburgo, entre otros, quienes ilustran las diferentes etapas que han conformado a nuestro país, desde la Conquista hasta la modernidad.

Todos estos personajes coinciden en un mismo contexto, un mismo sueño: la Alameda Central, paseo obligado en la ciudad de los palacios. A decir de Rivera, “la composición son recuerdos de mi vida, de mi niñez y de mi juventud, y cumbre de 1895 a 1910. Los personajes del paseo sueñan todos, unos durmiendo en los bancos y otros andando y conversando”. Este mural es un recorrido muy condensado donde el mismo Diego niño sueña, junto a Frida Kahlo y otros miembros de su familia.

Como toda obra emblemática en el mundo, este mural cuenta su propia historia. Inicialmente fue una pieza para el salón comedor del Hotel del Prado, sin embargo, antes del sismo de 1985, el cual destruyó el inmueble, el mural fue trasladado al vestíbulo del hotel, para lo cual se le construyó una estructura metálica. Este primer traslado lo salvó, pues el restaurante quedó totalmente en ruinas.

Frente al Hotel del Prado, otro gran inmueble se derrumbó durante aquella catástrofe: el Hotel Regis. En diciembre de 1986 el mural de más de 4 metros de ancho por poco más de 15 metros de largo fue trasladado donde un año antes yacían las ruinas del icónico Regis. El procedimiento tomó cerca de 12 horas y la participación de más de 300 trabajadores.

Hoy, esta magnífica obra, que no sólo condensa la historia de México, sino que cuenta su propia historia, se puede visitar en el Museo Mural Diego Rivera del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), inmueble que se construyó para resguardarlo y que presenta diversas exposiciones durante el año.

Fuente: (bellasartes.gob.mx/prensa)