Algunos editores de la época, como Ignacio Cumplido, Mariano Galván, Martínez Hermosa y Martín Rivera, entre otros, se asumieron como “tutores” del pueblo, por eso los calendarios y almanaques, fueron, además de instrumentos para medir el tiempo y los ciclos lunares, eficaces para educar sobre “lo que significaba ser parte de la identidad nacional”

Ciudad de México.- 10 de Diciembre de 2012.- En las modestas páginas de los calendarios, almanaques y otras publicaciones periódicas anuales se narraron, dibujaron o exaltaron los rasgos de los héroes de la Independencia de México, como Iturbide, Hidalgo, Morelos o Matamoros; gráficos que contribuyeron a la construcción del imaginario nacional, al haberse consolidado como el tipo de “publicación más socializada” durante el siglo XIX.
El libro editado recientemente, Antología de la Independencia de México, formada de los almanaques, años nuevos, calendarios y guías de forasteros, 1822-1910, reúne textos que aparecieron en varias de estas publicaciones anuales o de registro de los días, que aluden directamente “a los héroes que nos dieron patria”.

Con la intención de desentrañar “cómo se construyó el panteón heroico alrededor de la guerra”, la investigadora Laura Herrera Serna ha dedicado varios años al estudio de las publicaciones periódicas anuales, en las que ha encontrado biografías, efemérides, poesías, narraciones históricas y románticas, así como diálogos, discursos y géneros periodísticos (editorial, noticia, crónica y reportaje).

Editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), dicha antología tiene además “una intención didáctica, podría servirle a los profesores de historia, porque reúne lo que leía el pueblo en el siglo XIX, y cómo se formó este imaginario de nuestros héroes desde 1822 hasta 1910”.

Al presentar el libro, recientemente en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH), Herrera Serna destacó que uno de los hallazgos de la investigación es que, después de 1922, “la figura predominante es Agustín de Iturbide. Mientras que José María Morelos, Miguel Hidalgo y otros héroes y heroínas fueron destacados por Fernández de Lizardi en sus calendarios de 1924, en la mayoría de dichas publicaciones la figura de Iturbide pesa como principal héroe de la Independencia”.

La representación del Grito de Dolores, apuntó la investigadora del INAH, ya aparecía en los grabados de calendarios de mediados del siglo XIX. “Allí podemos ver al cura Hidalgo en el balcón, con el estandarte y tocando la campana”. Otra imagen recurrente es la Virgen de Guadalupe, a quien se dedican poemas en alusivos al 12 de diciembre.

El siglo XIX fue un periodo muy inestable políticamente, por lo que la labor de los editores tuvo altibajos “en la década de los años 40 de esa centuria, se produjo el auge de la empresa editorial”, aumentando el comercio y la importación de imprentas e insumos tipográficos. Después de la invasión de 1847, “la prensa se convirtió en una importante arma política, misma que también alcanzó a los impresos populares”, por ello algunos calendarios tuvieron títulos como el Reaccionario, el Liberal o el Católico, entre otros.

Algunos editores de la época, como Ignacio Cumplido, Mariano Galván, Martínez Hermosa y Martín Rivera, entre otros, se asumieron como “tutores” del pueblo, por la misma razón publicaciones tan modestas, como los calendarios y almanaques (algunos tenían 32 folios), fueron, además de instrumentos útiles para medir el tiempo y los ciclos lunares, eficaces vehículos para educar sobre “lo que significaba ser parte de la identidad nacional” después del triunfo de la Independencia.

Vida del calendario

La Antología de la Independencia de México…, explicó Laura Herrera, es una selección de 58 artículos y 30 ilustraciones, teniendo como criterio que expresaran el tema de la Independencia, provenientes del rico acervo de almanaques, calendarios, guías de forasteros y años nuevos que posee el INAH, y que consta de mil 343 piezas.

Actualmente, la investigadora trabaja en la conformación de un catálogo analítico y sistematizado para dicho tipo de publicaciones periódicas anuales, pertenecientes a la Biblioteca “Manuel Orozco y Berra”, de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

Sobre la historia de estos documentos anuales, Herrera Serna dijo que “fue el editor Felipe de Zúñiga y Ontiveros, quien en 1753 obtuvo el privilegio Real y publicó el primer calendario novohispano, después le anexó una Guía de forasteros, que era un directorio de las autoridades civiles, militares y religiosas para los extranjeros que veían a la Nueva España a hacer negocios o trabajar”.

Después de la Consumación de la Independencia —prosiguió— surgieron otros editores de calendarios, como José Mariano Ramírez Hermosa, Ignacio Cumplido, José Mariano Fernández de Lara, Alejandro Valdés y, el más famoso de todos, Mariano Galván Rivera, autor del famoso Calendario del más antiguo de Galván, que se publica ininterrumpidamente hasta el día de hoy.

Durante la época de la intervención estadounidense (1853-1855), la guerra de Reforma (1858-1860), la intervención francesa y la caída del Segundo Imperio (1862-1867), destacaron editores que también fueron escritores como Juan R. Navarro, Manuel Payno, José María Rivera y Juan Nepomuceno del Valle, entre otros.

Durante el Porfiriato estuvieron activos los Hijos de Manuel Murguía, Nabor Chávez, Manuel Caballero y la empresa Editores Tampico News, de capital norteamericano.

El almanaque de ser una publicación barata, con papel de baja calidad y forros de cartón, se convirtió en lujosas ediciones, profusamente ilustradas, incluyendo artículos relativos a la historia patria, obras literarias y también anuncios publicitarios, ejemplos de ello es el Almanaque, Histórico, Artístico y Monumental de la República Mexicana, 1883-1884, editado por Manuel Caballero.

Tan populares en el sigo XIX, por su utilidad y bajo precio, los calendarios desaparecieron poco a poco “y fueron sustituido por los cromos”, los almanaques “se convirtieron en verdaderas enciclopedias”. En cambio las guías de forasteros se convirtieron en publicaciones turísticas.

Fuente: (INAH)