Redacción Azteca 21

Como en la mitología griega, la leyenda del Callejón del Beso se enmarca en la tragedia; pero a diferencia de los clásicos que exaltan el dolor y el sufrimiento, esta historia evoca un cierto aire romántico y poético que quedó impregnado en el tiempo.

Ciudad de México.- 14 de Febrero de 2013.-  Un recorrido por los lugares más tiernos para pasear tomados de la mano puede comenzar por la zona antigua de la ciudad mexicana de Guanajuato, donde los callejones son tan estrechos que los balcones de las casas casi se tocan y los paseantes deben hacer turno para poder transitar por ellos.

Uno de esos callejones es parada obligada para los enamorados que quieran un amor sin fin.

En el romántico callejón del Beso se dice que si las parejas se besan en su tercer escalón tendrán siete años de amor. Y es que contarán con la bendición de doña Carmen y don Luis, los protagonistas de la leyenda que da vida a este lugar. Ambos enamorados, embarcados en un amor prohibido por sus familias, podían verse de balcón a balcón, pues entre ambos solo hay 68 centímetros de separación, pero los amantes fueron descubiertos por el padre de ella y la relación terminó en tragedia.

Como en la mitología griega, la leyenda del Callejón del Beso se enmarca en la tragedia; pero a diferencia de los clásicos que exaltan el dolor y el sufrimiento, esta historia evoca un cierto aire romántico y poético que quedó impregnado en el tiempo.

En medio de las caprichosas montañas y profundas cañadas de Guanajuato, esta leyenda cautiva a los enamorados que en su recorrido por las estrechas y empinadas calles encuentran fascinante la posibilidad de darse un beso en un reducido espacio.

El Centro Histórico de Guanajuato, una ciudad famosa por su pasado heroico y por la prosperidad de sus  yacimientos de oro y plata, ofrece a los turistas calles, callejones, balcones y barandales iluminados por los colores ocres de edificios y casonas que ensalzan su riqueza colonial.

Es en este lugar incrustado en las faldas del Cerro del Gallo, que los paseantes pueden escuchar la historia de una joven española y un minero mestizo que vivían separados por un callejón de apenas sesenta y ocho centímetros.

Conocidos como Carmen y Luis o Ana y Carlos, esta pareja vivió un romance secreto que por iracundos, soberbios y egoístas actitudes del padre de ella o por simples calamidades de su época no podían revelar.

Quizás el preciso encanto de la historia se corona cuando el padre de la joven los descubre en el balcón, y sin el temor de la divinidad o de la moral, apuñala a su hija con una daga en el pecho. La mano de ella permanece entre las manso de él, quien le da un último beso.

Quienes visitan esta ciudad que se precia de ofrecer una vida de sosiego, cultura, música, cine y de arte, no pueden olvidar recorrer las calles subterráneas, observar los edificios barrocos, apreciar el espectáculo del paisaje, ni dejar de ir evocar la historia del este singular callejón.

Esta leyenda que se quedó congelada en el tiempo es una de las tantas que atrae a turistas que, en apego al ritual instaurado por los lugareños, deben desafiar los límites del espacio y darse un beso en ese oculto rincón de Guanajuato que les augura siete años de buena surte.
Pero como sucede en las tragedias griegas, el drama no siempre tiene un final feliz y, por el contrario, la pareja que acuda al lugar, sin darse un beso en el tercer escalón del callejón, le valdrá siete años de mala suerte. Es esta una de las razones que hace de Guanajuato una opción ideal para los ávidos de romanticismo. Un lugar que ya es reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad.