Las figuras que se presentan en esta ocasión dan cuenta de la variedad de movimientos, máscaras, camisas, huipiles, chaquetillas y pantalones usados en estos bailes tradicionales. Asimismo, se aprecia a los músicos con tambores, trompetas, violines, contrabajos, clarinetes, flautas y guitarras, que acompañan dichos rituales.

CDMX.- 26 de Septiembre de 2018.- Un acercamiento a las danzas de yaquis, zapotecos, tarascos, nahuas y totonacos, a través de 32 ceriesculturas (esculturas en cera) en pequeño formato, que dan cuenta de los atuendos, actitudes y semblantes de sus ejecutantes, es mostrado en la exposición temporal Carmen Carrillo de Antúnez, que se presenta en el Centro Comunitario Culhuacán, Ex Convento de San Juan Evangelista, donde permanecerá hasta el 20 de enero de 2019. 

Las obras de la artista plástica guanajuatense Carrillo de Antúnez (1900-1981), forman parte del acervo permanente del Museo de El Carmen y fueron prestadas en esta ocasión para ser exhibidas en dicho recinto, con el fin de resaltar el valor estético y cultural de cada pieza, así como acrecentar el vínculo de cooperación entre estos espacios adscritos al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Miriam Hernández Hernández, directora del Centro Comunitario Culhuacán, señaló que con estas piezas, Carrillo de Antúnez ofrece un testimonio visual de las comunidades étnicas que habitan en el territorio mexicano. Recalcó que no hay figuras iguales, todas varían entre sí, no sólo por la particularidad de su vestuario, sino por sus características físicas.

“Carmen fue una prolífica escultora mexicana, que tenía la claridad de hacer un vínculo con las diferentes expresiones dancísticas, ceremoniales y rituales de las  sociedades indígenas  mexicanas, con la sensibilidad de imprimir emociones en cada personaje, consiguiendo que a través de su intenso y detallado trabajo seamos parte de la obra”, acotó.

Bajo la curaduría de Alfredo Marín Gutiérrez, director del Museo de El Carmen, las ceriesculturas hechas en su mayoría de 1930 a 1940, están relacionadas con las danzas del Venado y Pascolas, de Sonora; de La Pluma, Oaxaca; Los Viejitos, de Michoacán; Los Paragüeros, de Tlaxcala; y Los Quetzalines, de Puebla, Hidalgo y Veracruz.

“Es probable que la obra de Carmen Carrillo haya pasado al menos una vez frente a nuestros ojos, por ejemplo el diorama del Mercado de Tlatelolco que hizo a finales de 1950 para el Museo Nacional de Antropología (MNA); las estatuas de mujeres de más de dos metros y medio de altura, en la fuente monumental de bronce de la capital oaxaqueña, representativas de las regiones del estado, entre otras más. El arte fue puesto por ella misma a disposición de otras pasiones: la identidad, la historia, la divulgación y la antropología. En suma, doña Carmen fue una mujer entregada a sus pasiones”, precisó Marín Gutiérrez.

Las figuras que se presentan en esta ocasión dan cuenta de la variedad de movimientos, máscaras, camisas, huipiles, chaquetillas y pantalones usados en estos bailes tradicionales. Asimismo, se aprecia a los músicos con tambores, trompetas, violines, contrabajos, clarinetes, flautas y guitarras, que acompañan dichos rituales.

En la primera parte de la exposición están ubicadas las esculturas que representan la ceremonia del Venado y Pascolas, realizada en Semana Santa por los indígenas yaquis de Sonora. Simboliza la lucha entre el venado y un coyote, el cual es derrotado por el ciervo; poco después el coyote se convierte en cazador y mata al venado, que herido agoniza hasta morir. 

En tanto, los pascolas son tres hombres que portan máscaras de cabra a un lado de la cara, tapando sus oídos. Éstos acompañan al venado en el rito, el cual para las culturas prehispánicas simbolizaba un animal sagrado.

El siguiente módulo está dedicado a la danza zapoteca de La Pluma, de Oaxaca, que recrea el proceso de la Conquista española. En ella se narra desde la llegada de los aztecas a Tenochtitlan para fundar su ciudad, hasta el enfrentamiento entre españoles y mexicas en 1519, suceso que concluyó con el triunfo español.

Posteriormente, la danza de Los Viejitos es ejecutada por ocho participantes personificados como ancianos a través de máscaras de pasta de maíz o de madera, quienes visten con calzones y camisas de manta, un poncho de lana y un sombrero de palma adornado con listones de colores. Es interpretada por los tarascos de las regiones lacustres del lago de Pátzcuaro, Michoacán, y actualmente se realiza para celebrar el Día de la Santa Cruz, la Natividad o en honor a la Virgen de la Salud.

El siguiente segmento está dedicado al baile de Los Paragüeros, originario de Tlaxcala, el cual se realiza durante abril o mayo para hacer la petición de lluvias. El traje de los danzantes consta de una chaquetilla y pantalón de terciopelo negro; un pañuelo bordado que se pone alrededor del cuello y un paño ricamente bordado de colores que cubre la espalda y la cabeza. Además de una máscara de madera y un sombrero que semeja un paraguas y del cual salen plumas de guajolotes silvestres, de ahí la denominación paragüeros.

En la última sección se exhiben las ceriesculturas que ejemplifican la danza de Los Quetzales o Quetzalines, perpetuada en la Sierra Norte de Puebla, algunas comunidades de Hidalgo y en la región nahua-totonaca de Veracruz, con el fin de propiciar las buenas cosechas. La muestra se complementa con tres fotografías impresas en gran formato, una de ellas alusiva al retrato de Carmen Carrillo de Antúnez, que pertenecen a la Fototeca Nacional del INAH.

Alfredo Marín finalizó que en los rostros de las piezas se percibe la sorpresa, el asombro o la concentración del músico y el danzante, “en ellas hay un gran realismo que vale la pena contemplar con detenimiento, ya que denota la madurez y sensibilidad de la artista. La colección también trasmite un mensaje que tiene que ver con la historia de nuestro país, con su diversidad, sus múltiples identidades, valores estéticos y sociales”.

La exposición Carmen Carrillo de Antúnez permanecerá hasta el próximo 20 de enero de 2019, y está distribuida en los cuatro pasillos del claustro alto del Centro Comunitario Culhuacán, Ex Convento de San Juan Evangelista (calle Morelos número 10, colonia Culhuacán, Ciudad de México). Entrada libre.

Fuente: (INAH)