La exposición itinerante El maíz: nuestra luz, nuestro nombre... Una visión integral de la tradición milpera en los pueblos indígenas de Guerrero presenta aspectos de la diversidad biológica, alimentaria y cultural de los nahuas de Coatlaco, Xalpatláhuac, Copanatoyac, Atzacoaloya y Coachimalco; el pueblo na savi de Cahuatache; la comunidad ñancue ñomdaa de Xochistlahuaca, y los me'phàà de Unión de las Peras y La Ciénega. 

Ciudad de México.- 12 de Junio de 2017.- Parte de los conocimientos, técnicas de cultivo y rituales asociados a la milpa desarrollados por diversos grupos étnicos de la Montaña Alta y Costa Chica del estado de Guerrero, han quedado plasmados en 46 fotografías que se exhiben en la Coordinación Nacional de Antropología del INAH. 

La exposición itinerante El maíz: nuestra luz, nuestro nombre... Una visión integral de la tradición milpera en los pueblos indígenas de Guerrero presenta aspectos de la diversidad biológica, alimentaria y cultural de los nahuas de Coatlaco, Xalpatláhuac, Copanatoyac, Atzacoaloya y Coachimalco; el pueblo na savi de Cahuatache; la comunidad ñancue ñomdaa de Xochistlahuaca, y los me'phàà de Unión de las Peras y La Ciénega. 

La investigadora de la Dirección de Etnografía y Antropología Social (DEAS), Cristina Hernández Bernal, curadora y coordinadora de la exposición, dijo que el montaje muestra este agrosistema tradicional como parte esencial del patrimonio, pero también aporta elementos para su defensa y preservación ante el riesgo que implica la introducción del maíz transgénico a México. 

“En el contexto actual es necesario difundir la diversidad de 64 razas de maíz que existen, de las cuales 59 son consideradas como nativas de nuestro país; con ello, no sólo se reconoce este cereal como un elemento importante de la economía nacional, sino también se garantiza la seguridad alimentaria”. 

La investigadora del Programa Nacional de Etnografía de las Regiones Indígenas de México, equipo Guerrero, mencionó que la muestra itinerante incluye imágenes captadas de 2002 a 2011 en diversas temporadas de campo emprendidas por dicha iniciativa en esa entidad, pero la mayoría se tomaron de 2013 a 2015 cuando se puso en marcha un estudio específico del maíz en las comunidades indígenas citadas. Aquel trabajo estuvo a cargo de los investigadores Samuel Villela, coordinador del equipo Guerrero, Juan José Atilano, Pablo Cruz y la propia investigadora Cristina Hernández. 

Entre las obras gráficas destacan El jaguar-tigre y los ritos de aseguramiento, que refleja una ceremonia nahua a las deidades de la lluvia y la fertilidad para que no se malogre la cosecha, tomada en Copanatoyac, 2006, por Samuel Villela; Altar con piedras del trueno, una ofrenda asociada con la tormenta de la comunidad ñancue ñomdaa de Xochistlahuaca, 2015, de Pablo Cruz; Preparando el almuerzo, muestra a las tortillas como complemento indispensable para las comidas de los mè´phàà en Unión de las Peras, captada en 2015 por Cristina Hernández. 

También se integraron las fotografías de los arqueólogos del INAH, Guadalupe Martínez y Miguel Pérez, este último da cuenta a través de la fotografía titulada El hombre de maíz, de un petrograbado localizado en la Zona Arqueológica de La Gloria, en Atoyac de Álvarez, Guerrero, en la que se observa el maíz con un rostro, lo que remite la condición animista que se le ha dado a esta especie endémica de México desde tiempos prehispánicos. 

El eje temático de la muestra gira en torno a cinco temas: Profundidad histórica del maíz, Cultura y agrobiodiversidad, Prácticas Agrícolas, Ritualidad y mitos, y Alimentación. Asimismo, la etnohistoriadora Cristina Hernández elaboró un cuadernillo como complemento de divulgación, en el que aparecen fotografías de la vida común en La Montaña Alta guerrerense, proporcionadas por el lingüista Iván Oropeza, hablante de lengua mè’phàà, e información adicional sobre el sistema de milpa en la región. 

Dicho texto también discurre sobre la relación de este policultivo con las deidades prehispánicas y el uso cotidiano del maíz en la cocina mexicana. 

Finalmente, la investigadora de la DEAS-INAH comentó que el hecho de retratar las experiencias vividas en esas comunidades indígenas responde a un trabajo de tipo académico, pero que también busca generar la reflexión del público a partir de la imagen. “Cuando se analiza una fotografía, ésta se transforma y deja de ser estática para colocarse en el mundo de lo posible: imaginación, pensamiento, sentimiento y evocación de aquello que nos es cercano o quizás lejano”. 

La exposición El maíz: nuestra luz, nuestro nombre... Una visión integral de la tradición milpera en los pueblos indígenas de Guerrero permanecerá hasta el 29 de junio próximo en la Coordinación Nacional de Antropología del INAH (avenida  San Jerónimo número 880, colonia San Jerónimo Lídice, Ciudad de México). La entrada es gratuita.

Fuente: (INAH)