Con su levita negra, el semblante sereno y las manos a la espalda, el presidente conversaba pausadamente, pero su mirada era triste, Benito Juárez cargaba una pena en el alma, extrañaba a su amada Margarita, fallecida el 2 de enero de 1871 en su casa, ubicada en San Cosme.

“Si, ya sé que es muy feo, pero también es muy bueno”, solia decir Margarita Maza, cuando le preguntaban “pero ¿Qué le vista a Benito, mujer?”.  Se casaron el 31 de julio de 1843 en el templo de San Felipe Neri en Oaxaca, Juárez tenía 37 años y Margarita apenas 19.
Para Benito, Margarita no fue su primer amor, él había compartido algunos momentos de su vida con Juana Rosa Chagoya con quien tuvo dos hijos, Tereso y Susana, ambos reconocidos por el matrimonio Juárez-Maza, quienes velaron por su bien.

Benito sirvió de mozo en la casa del don Antonio Maza, su futuro suegro y durante ese tiempo Margarita fue conquistada por las cualidades de Benito, serio, tenaz y de férrea voluntad.  Tuvieron doce hijos, de los cuales vivieron siete, que estuvieron al ciudado completo de su madre.

Conforme la carrera política de Juárez fue en ascenso, adquirió conciencia de su papel junto a él, siempre procuro sosiego en la intimidad familiar.  Era la mujer hecha para acompañar al hombre del poder, discreta, reservada, reflexiva.

Margarita sufrió el destierro obligada por las circunstancias y entre angustias y pesares se hizo cargo de su familia en el extranjero muchas veces sin tener noticias de lo que pasaba a su marido y sufriendo la muerte de sus dos hijos más pequeños, José y Antonio, ya que no tenía los recursos económicos suficientes para vivir.

Ella escribió a su esposo, con la certeza que le había fallado:  “si Dios no remedia nuestra suerte, yo no resisto esta vida de amargura que tengo sin un momento de tranquilidad, todos son remordimientos… Yo tengo la culpa de la muerte de nuestros hijos… yo no quisiera presentarme delante de ti sin ellos, porque me debes aborrecer y con razón, pero es tanto lo que sufro que soy digna de lástima”.  La respuesta de él fue:  “Déjate de tonterías y no estés calentándote la cabeza con falsas suposiciones.  Diviértete y procura distraerte”.  Por sobre todas las cosas, Juárez admiró la fortaleza espiritual de su esposa para enfrentar ella con todos sus hijos aquel terrible exilio en Nueva York durante los años de guerra.

No fue un amor arrebatado sino de lealtades, no obstante que Juárez tuvo un hijo en Chihuahua durante los tres años de exilio de su familia.

De regreso en la ciudad de México, Margarita afectada de su salud por la zozobra, sobresaltos y pérdidas murió a los 44 años.  Juárez sufrió y lloró en silencio la muerte de su esposa.

Una crónica señaló:  “El señor Juárez estaba positivamente conmovido y no pudo impedir que asomaran las lágrimas a sus ojos cuando se acercó el momento de que la compañera de tantos años fuera conducida a la última morada.  Cuando salió de la recámara donde permaneció solitario haciendo compañía al cadáver de su esposa, vacilaba como un hombre que ha sido sometido a un vértigo y se sentó silencioso tratando de dominar sus emociones”.

Bibliografía
“99 Pasiones en la historia de México”
Alejandro Rosas
Mr Editorial