Victoriano Huerta puso sus ojos en Mercedes, pero la joven no le tiró ni un lazo, estaba enamorada de otro militar, Joaquín Mass, con quien se casó en 1879.

Con el corazón hecho jirones y para no estar lejos de su amada, empezó a cortejar a María Francisca de Paula Emiliana Ninfa Aguila, mejor conocida como Emilia y hermana de su amor frustrado.

Se casaron el 21 de noviembre de 1880 y se establecieron en la Ciudad de México.  Son contradictorios las versiones sobre el matrimonio.  Por un lado se señala que debido al desamor Victoriano Huerta comenzó su larga y fiel devoción al coñac y se entregó a decenas de amoríos mientras su abnegada esposa se hacía cargo de los once hijos que procrearon; y por otro, el principal biógrafo de Huerta, Michael C Meyer, escribe al respecto:  “ llevaba una vida matrimonial honesta y era un buen padre”.

Emilia fue descrita como una mujer de gran educación, fina y llena de virtudes y elegante.

Tras el golpe de Estado a Madero, Emilia tomó su papel de primera dama y gracias a todas sus cualidades lo hizo con gran naturalidad y apegada al protocolo del que poco sabía su marido.

Algunos fines de semana el presidente Huerta con su esposa y sus hijos solían ocupar una casa que tenían en Popotla.  Se olvidaba el general de las formas y pedía a Emilia que le cocinara puerco en chile pasilla o enchiladas de mole, como una familia común y corriente.

Cuando partieron al exilio en 1914, Emilia acompañó a su esposo a Barcelona y poco después a Nueva York donde Huerta preparaba un levantamiento y así volver al poder.

La cirrosis hepática acabó con la vida del ex.presidente en 1916, su viuda  permaneció en los Estados Unidos hasta que pudo regresar a la ciudad de México y ocupar una vieja casa de la colonia San Rafael donde falleció en 1940.

Nunca se escuchó una queja respecto a Huerta, comentarios celosos de lo que el general sentía por su hermana, ni un solo reproche; si los tenía se los llevó a la tumba.