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"Arqueólogos en apuros" es conducido por los pequeños, quienes toman sus propias decisiones editoriales para hablar de los temas que a ellos les interesan sobre arqueología de Teotihuacán, bajo la asesoría de Jaime Delgado Rubio, investigador posdoctorando en el Instituto de Ciencias del Patrimonio en Santiago de Compostela, España.

Ciudad de México. 23 de marzo de 2017 (Janet Cacelín- Agencia Informativa Conacyt).- Un grupo de niños de entre ocho y 12 años, de la escuela primaria Margarita Maza de Juárez, ubicada en la zona protegida de Teotihuacán, forma parte del único noticiero arqueológico y medio ambiental para niños en México.

El noticiero se llama Arqueólogos en apuros y es conducido por los pequeños, quienes toman sus propias decisiones editoriales para hablar de los temas que a ellos les interesan sobre arqueología de Teotihuacán, bajo la asesoría de Jaime Delgado Rubio, investigador posdoctorando en el Instituto de Ciencias del Patrimonio en Santiago de Compostela, España.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Jaime Delgado cuenta cómo comenzó el proyecto que remonta sus inicios al año 2013 y cómo fue evolucionando hasta convertirse en este exitoso proyecto.

Agencia Informativa Conacyt (AIC): ¿Cuál fue la problemática en Teotihuacán que motivó la realización del proyecto?

Jaime Delgado Rubio (JDR): El noticiero surgió en el contexto de la destrucción de la periferia de la antigua ciudad de Teotihuacán, ya que deben saber que la zona arqueológica abierta al público representa apenas siete por ciento de una enorme ciudad de 22 kilómetros cuadrados de extensión aún sepultada bajo ocho comunidades contiguas a la zona arqueológica.

Jaime-Delgado-Rubio1.jpgJaime Delgado Rubio.Entonces, técnicamente cada vez que estos pobladores construyen una nueva casa, afectan total o parcialmente estos vestigios considerados bienes públicos, aunque también debemos recordar que la normatividad del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) para proteger estos vestigios adoleció de cualquier forma de consulta, participación y diálogo con estas comunidades, todo lo cual ha convertido la famosa declaratoria de protección de Teotihuacán de 1988 en un espacio de conflicto y evasión de la norma.

Ante ello, le propusimos al Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) mirar el problema desde una perspectiva generacional, asumiendo que en este momento miles de niños y niñas del valle de Teotihuacán están aprendiendo de sus padres y sus vecinos a ver el INAH como enemigo y los vestigios arqueológicos como el símbolo de conflicto. Por lo que decidimos hacer una cruzada educativa haciendo un noticiero arqueológico infantil que originalmente se llamó Los reporteros del INAH.

AIC: ¿Cómo fueron los inicios del noticiero?

JDR: El proyecto comenzó en el 2013, entonces el INAH lo auspiciaba con el objetivo de transmitir información sobre nuevos hallazgos y nuevas interpretaciones de la arqueología teotihuacana a los escolares del valle, para que de alguna forma lo valoraran. Tuvimos un gran éxito porque utilizamos un formato de títeres que de manera irreverente contaban lo nuevo de Teotihuacán. Pero el problema fue que nosotros formulábamos la noticia en términos arqueológicos y los niños eran solo consumidores pasivos de nuestras declaraciones.

AIC: ¿Cómo evolucionó el noticiero hasta contar con la participación activa de los niños?

JDR: Para darle un paso de calidad al noticiero, en el año 2015 decidí hacer una estancia posdoctoral auspiciada por el Conacyt en el Instituto de Ciencias del Patrimonio en España, revisando experiencias de este tipo en otras partes del mundo. Así creamos un modelo experimental dotado de capacidades reales y concretas para que los jóvenes escolares decidan lo que les interesaría saber de los antiguos teotihuacanos, los formatos y los tiempos de su propio noticiero, con la finalidad de generar en ellos un pensamiento crítico respecto a lo que en realidad está ocurriendo.

Pero eso no se logró simplemente decretando esa libertad, ya que lo que estuvo en juego en todo momento fue que los escolares tuvieran la confianza de formular juicios, equivocarse al momento de representar a los conductores, reporteros y corresponsales de su noticiero, pero sobre todo de expresar sus intereses y preocupaciones respecto al llamado "patrimonio arqueológico teotihuacano", más allá del discurso especializado.

AIC: ¿Cómo reaccionaron ante la posibilidad de que podían equivocarse?

JDR: Aquí hay que entender que, desde la época de la Ilustración, las escuelas del sistema educativo han sobrevalorado la capacidad del acierto, es decir, de la transmisión, retención y acumulación de nueva información, como un objetivo que sigue obsesionando a muchos educadores en el país.

No obstante, los procesos cocreativos que buscamos ocurren en dirección contraria, es decir, cuando los escolares se equivocan, corrigen y vuelven a empezar. Fue entonces que iniciamos con un taller de títeres donde les pedimos a los niños y niñas escolares que dibujaran su propio títere bajo sus parámetros, luego lo construyeran a su manera y después lo caracterizaran, dándole voz y personalidad frente a la cámara.

Esto fue clave para romper la tensión y se divirtieran con la fabricación de títeres que adquirían formas de pequeños monstruos con ojos locos. Entonces el siguiente paso fue iniciar con la producción del noticiero, allí se reían, se ponían nerviosos y hasta se daban consejos de cómo actuar frente a las cámaras.

AIC: ¿Cómo era la toma de decisiones en equipo?

JDR: Para garantizar que la decisión de los escolares fuera en forma horizontal y equitativa, utilizamos la técnica de la investigación participativa por tarjetas, en la cual el niño o niña apuntaba el tema que le gustaría saber de los teotihuacanos de forma anónima y yo tomaba su tarjeta y la pegaba en un pizarrón. La técnica tiene enormes ventajas porque visibiliza y horizontaliza el proceso de elección, ya que el niño sabe que esa es su tarjeta, aunque nadie más sabe que es suya y no tiene que someterse a ningún juicio.

En sus tarjetas manifestaron varias propuestas: si los antiguos teotihuacanos se lavaban los dientes, ¿qué comían?, ¿se enamoraban?, ¿tenían novia?, ¿en dónde hacían del baño?, etcétera. Al final, y por acumulación de votos, ganó el tema de los perros: ¿los antiguos teotihuacanos tenían perros? Propuestas que nos indican que los intereses de los niños no necesariamente corresponden a los intereses de los arqueólogos, ya que para un niño la arqueología parece tener un sentido solo cuando le sirve para reflexionar sobre su presente y vivencia concreta, en este caso en entendimiento de la historia de sus perros.

AIC: ¿Qué tipo de investigación realizaron?

JDR: Ya en el proceso de investigación, los niños fueron a entrevistar al profesor Alfredo López Austin con sus títeres y les dijo que en la época prehispánica el perro tenía una función que era cruzar el río en el noveno nivel del inframundo junto a su dueño. Aprendieron que un perro color café cruzaba el río en el noveno nivel del inframundo, según el pensamiento indígena.

Pero las dudas aún persistían, ¿por qué solo los perros de color café podían cruzar el río y los de otro color no? Ante ello y por su cuenta investigaron que según las fuentes históricas, los perros de color blanco estaban muy limpios y los de color negro estaban sucios, por eso los únicos que podían pasar eran los cafés.

teotihuacan1.jpgTambién investigaron el significado del perro en otras culturas como Egipto con Anubis, el dios del Inframundo con cabeza de perro, y a Cancerbero, que en la mitología griega era un perro de tres cabezas que custodiaba las puertas del inframundo.

Luego de esto abrimos un debate en el salón de clase generando oposiciones binarias, si es verdad que a lo largo de la historia el perro ha estado cargado de simbolismos, entonces ¿por qué hoy en día existen tantos perros abandonados en las calles, o sacrificados cruelmente en las perreras? Fue entonces que los niños vieron afectadas sus emociones y decidieron hacer algo al respecto.  

Formaron cuatro equipos de trabajo: el grupo que representó a los sociólogos identificó los principales motivos por los cuales la gente abandona a los perros en la calle; el grupo de demógrafos estimó cuántos cachorros tiene una perrita sin esterilizar en la calle y cuántos resultan de la cruza de sus cachorros en un año, en dos y hasta en seis. El grupo de veterinarios identificó la existencia de una campaña de esterilización gratuita en su comunidad, mientras que el grupo de activistas pasaron salón por salón para recolectar croquetas, jabón y ropa de perro, logrando recaudar más de 55 kilos de croqueta, medicamentos y ropa para perro y gato, mismos que llevaron a un evento dedicado al apoyo de albergues de perros en Ixtapaluca, Estado de México, lugar en donde también dieron una conferencia sobre el significado del perro.

AIC: ¿Qué fue lo que cambió en los niños luego de esta investigación?

JDR: Lo más importante es que los niños identificaron un problema que en una frase condenso el valor patrimonial de su investigación: A lo largo de la historia los perros no han cambiado, pero algunas personas sí. Ante lo cual se preguntaron: si estas personas supieran la historia del perro, ¿volverían a cambiar?

Ante ello, los niños y niñas participantes se organizaron y fueron prospectivos, es decir, se organizaron para hacer su parte y ayudar a estos perros, dejando a los demás la reflexión sobre su propia acción. 

AIC: ¿Hay planes de llevar este proyecto a más escuelas?

JDR: La idea es que cada escuela del valle de Teotihuacán y de otros sitios arqueológicos del país cuente con su propio noticiero escolar, ya que como vemos no se trata solo de arqueología sino de formación ciudadana. La metodología se quedará en la escuela como una contribución del Conacyt y estará a disposición de otras escuelas que la requieran; sin embargo, es necesario para su aplicación que la producción del noticiero tenga nuestra asesoría y confianza por parte de los maestros y padres de familia.

Por ello reiteramos que esta nueva etapa del noticiero no solo es informativa sino formativa, pensado para que los niños expresen su perspectiva, preocupaciones e intereses sobre este patrimonio, siendo capaces de identificar un problema, ponderar soluciones, organizarse y ser prospectivos, todo ello mientras se divierten. 

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