Redacción Azteca21

Elena Arizmendi es la personalidad histórica que sirvió de fuente de inspiración para el personaje de Adriana, protagonista del emocionante episodio amoroso que Vasconcelos relata en "Ulises Criollo" y "La Tormenta"

Ciudad de México.- 14 de Febrero de 2012.- Elena Arizmendi, feminista que vivió una polémica e intensa relación amorosa con José Vasconcelos, uno de los intelectuales mexicanos más destacados de las primeras décadas del siglo pasado, publicó en 1927 Vida incompleta. Ligeros apuntes sobre mujeres en la vida real, un escrito a manera de novela corta, en el que defiende su perspectiva de la relación extramarital, y con el que reivindica su nombre y el de todas las mujeres que fueron juzgadas en su tiempo por motivos similares.

El libro, que fue editado por la propia autora en una imprenta de Nueva York y tuvo una circulación restringida – se conoció principalmente entre sus amigos y familiares – aparece ahora 85 años después, dentro de la colección Singulares de la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Conaculta, con la intención de satisfacer “el interés por conocer un ángulo hasta ahora silenciado de uno de los célebres episodios amorosos de la literatura mexicana”, como escribe la historiadora Gabriela Cano en el prólogo a la obra.

Autobiografía ficticia, impregnada de feminismo e hispanoamericanismo, Vida incompleta… logra alejar a Elena Arizmendi del estereotipo de mujer fatal y brinda una visión integral sobre esta apasionante relación, dejando atrás al personaje literario y dando sentido a la protagonista de trascendencia histórica que durante un tiempo sintió tener una vida incompleta.

“… Elena Arizmendi es la personalidad histórica que sirvió de fuente de inspiración para el personaje de Adriana, protagonista del emocionante episodio amoroso que Vasconcelos relata en Ulises criollo y La tormenta, obras centrales de la narrativa mexicana del siglo XX. La poderosa prosa de Vasconcelos hizo de Adriana un personaje memorable por su erotismo”, refiere la doctora Cano.

La profesora e investigadora de El Colegio de México agrega que Adriana tiene elementos de Arizmendi pero está muy lejos de ser un retrato fiel. Se trata – agrega – de una construcción imaginaria , obra de un hombre despechado que recurre a las exageraciones y a la caricaturización en lo que constituye una venganza literaria contra la mujer con quien sostuvo una relación adúltera que él hubiera querido continuar, pero que ella abandonó al considerar que no tenía futuro.

“Adriana es una de las muchas venganzas literarias contra antiguos amigos que Vasconcelos se cobró en su autobiografía, escrita en un periodo de su vida marcado por la decepción que le provocó la gran derrota política que sufrió en 1929. Al fracaso de su candidatura presidencial se sumó el dolor que le causó el suicidio de Antonieta Rivas Mercado, en 1931, con quien Vasconcelos había formado una nueva pareja en los días optimistas de la campaña por la Presidencia de la República”, recuerda Gabriela Cano.

El libro se compone de dos relatos  protagonizados, respectivamente, por Elsa de Baralt y Alicia, desdoblamientos de Arizmendi que representan etapas distintas de su vida amorosa. De Baralt alude a la Elena Arizmendi que se casó con Robert Duersch, y Alicia se refiere a la Elena que tuvo una intensa relación amorosa extramatrimonial con Ricardo, nombre que la autora da al personaje inspirado en Vasconcelos.

Elena Arizmendi (1884-1949) nació en la Ciudad de México en el seno de una familia acomodada. Cuando estudiaba en Texas, Estados Unidos, se relacionó con el movimiento maderista, por lo que a su regresó al país participó activamente en la Revolución como fundadora de la Cruz Blanca Neutral, asociación de socorro médico que atendió a los lesionados que eran excluidos por las instituciones vinculadas al gobierno.

Más allá de su relación con Vasconcelos y de la perspectiva parcial con que el pensador y político la mostrara en Ulises criollo y La tormenta, Arizmendi encabezó la Liga de las Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, también conocida como Liga de las Mujeres de la Raza, y dirigió la revista Feminismo Internacional.

Quién era Elena

Cuando José Vasconcelos publicó sus libros autobiográficos Ulises criollo y La tormenta, llamó la atención un personaje femenino a la que el autor llamó Adriana. La bella Adriana es el primer capítulo de esta biografía escrita por Gabriela Cano sobre la vida de quien se llamaba Elena Arizmendi.

Las raíces familiares de Elena Arizmendi vienen de España. Arraigados sus antecesores en estas tierras de América, participaron algunos de ellos en la Guerra de Independencia y en las luchas de liberación del pueblo mexicano. Su abuelo, el oaxaqueño Ignacio Mejía, general del ejército de la Reforma, peleó al lado del prócer Benito Juárez ante los conservadores y luego contra los invasores franceses. Era Elena Arizmendi de estirpe liberal, lo que se describe en el segundo capítulo: El linaje liberal: Oaxaca.

La educación de Arizmendi fue más allá de los convencionalismos de la época –fines del siglo XIX y principios del siglo XX-. Convivió con su abuelo el general Ignacio Mejía –en cuyo honor existió, en la capital oaxaqueña, hasta el final del siglo pasado un internado para estudiantes de escasos recursos, con actividades militarizadas-.  Aprendió a montar a caballo y disfrutaba hacerlo en sus vacaciones en el rancho de su abuelo.

Elena partió a EE UU. En San Antonio estudió enfermería. Fue una de las primeras mexicanas en graduarse en esa profesión. En esa ciudad inició una relación con la familia Madero. Fue amiga de Francisco y Sara, su esposa. En consecuencia apoyó la Revolución iniciada por él.

Cuando inició la Revolución en el norte del país, con la toma de ciudad Juárez –antes Paso del Norte- regresó a México. Viajó hasta la capital. Buscó apoyos y logró conformar la Cruz Blanca Neutral, para atender a los heridos en la guerra ya iniciada. Formó con el apoyo de varios médicos y estudiantes de medicina brigadas que fueron al norte a cumplir su misión de alivio.

La Cruz Blanca Neutral formada con su participación se escindió. Ella, junto con otras personas formaron la Cruz Blanca Mexicana. Para atender problemas en esa organización, Francisco I. Madero la envió al despacho de su aliado José Vasconcelos. Allí inició el romance apasionado que es narrado en Ulises criollo y La tormenta. Ese apasionado idilio extramatrimonial los hace compartir pasajes de la guerra revolucionaria en México y el exilio en EE UU y en Sudamérica.

Se separa de Vasconcelos. Regresa a EE UU. Se desposa con un norteamericano. De lo que aprendió en el exilio, durante las largas horas que pasaba con Vasconcelos en bibliotecas públicas de Nueva York, le crece la vocación feminista. Participa activamente en la organización de las mujeres en defensa de sus derechos. Fue fundadora de la Liga de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas –Liga de Mujeres de la Raza-. Participó en congresos por la liberación de las mujeres. Colaboró en la revista feminista Mujeres de la Raza. Escribió un libro autobiográfico –Vida incompleta-, en éste narra pasajes y reflexiones sobre su vida al lado de Vasconcelos y al lado del que fue su esposo norteamericano.

Regresó a México. Murió en 1949. En su memoria una calle de la colonia Del Valle en la ciudad de México lleva su nombre –antes Tercera cerrada de Amores-. Se llamaba Elena Arizmendi Mejía.

Fuente: (CONACULTA y lectura-escritura.blogspot.com)