¿La libertad de la mujer continúa siendo un entredicho en el mundo moderno? ¿La sociedad de consumo continúa convirtiéndola en un objeto sexual al dictarle qué vestir y usar para agradar al hombre? ¿Son los ejemplos históricos de mujeres revolucionarias parte de la misma manipulación social?

Estos y muchos más cuestionamientos fueron respondidos durante la tarde de este domingo, en el que un silencio sepulcral de reflexiones se apoderó del público reunido en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, donde se llevó a cabo la lectura en atril de una de las obras más célebres de Rosario Castellanos, El eterno femenino.

Desde el mediodía, los admiradores de la obra de la autora chiapaneca no dejaron un solo asiento vacío en la sala del recinto de mármol, para presenciar esta representación, dirigida por Elena Guiochins, en el marco del aniversario luctuoso de Rosario Castellanos, quien falleció un 7 de agosto de 1974, pocos meses después de terminar de escribir El eterno femenino.

La obra fue estrenada dos años después de la muerte de su autora, en 1976, convirtiéndose de inmediato en un clásico de la dramaturgia mexicana.

En el montaje destacó la buena interpretación de los diálogos por parte del cuerpo de actores, quienes alejándose del estilo de la radionovela, invitaron en todo momento al público a imaginar cada situación y a compenetrarse con la sicología de los personajes.

Participaron  Pilar Boliver, Paola Izquierdo, Lisa Owen Teresina Bueno y Mónica Huarte, Enrique Arreola, Jorge Zárate y  Alejandro Calva, quienes desarrollaron los tres actos del texto que inicia en un salón de belleza, donde el personaje de Lupita acude para hacerse un peinado poco antes de su boda, para después, bajo las palabras de Eva, incursionar en un caudal de reflexiones acerca de su propio género.

Durante la representación, destacó la habilidad de la directora para recrear el segundo acto de la obra, donde la protagonista conoce ejemplos históricos de mujeres como Sor Juana Inés de la Cruz, La Malinche, la emperatriz Carlota y Josefa Ortiz de Domínguez, quienes enfrentaron los estigmas y las ideas de su tiempo, algunas veces de forma desafortunada.

Los arquetipos en la obra de Castellanos salen a la luz en diversas etapas del texto, mostrando el drama que vive Lupita, quien supuestamente se venga de su marido por sus infidelidades, mientras que Eva objeta todo lo establecido y hasta expresa su verdadera opinión sobre el mito del paraíso.

El público celebró los diversos estereotipos con los que juega la autora y que fueron caracterizados por los actores con gran precisión, tal es el caso de la mujer casada, la amante, la meretriz, así como la mujer divorciada, rol en el que la propia Rosario Castellanos plasma diversas opiniones acerca de nuestra sociedad, en las que claramente rechaza tanto la manipulación masiva del presente como lo alambicado y simplista de los supuestos hechos históricos del pasado.

En la escenificación, Lupita, convertida años después en una mujer que sigue todas las normas de la burguesía, se revela contra la autora y esas ideas extrañas acerca del eterno femenino que pone en entredicho la abnegación de la mujer, su entorno de consumo creado a fuerza de mucho esfuerzo y donde un vestido y unos zapatos de diseñador son suficientes para revertir cualquier sensación de ser un satélite del marido.

Los actores y la directora Elena Guiochins, agradecieron los efusivos aplausos de pie y los vítores del público reunido en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
HBL

Fuente: (CONACULTA)