La curiosidad que desde niña sintió y la refinada creatividad para plantear preguntas constantemente, provocaban en ella gran gusto por la biología, las matemáticas, la antropología, e incluso las artes; sin embargo, en su época de adolescente una de sus mayores pasiones giraba en torno al activismo 1-elele0818.jpgambiental y social. Esta inquietud aún está presente en su actividad diaria, y afirma: “No concibo mi labor científica sin un claro compromiso social y ambiental; es nuestra obligación como investigadores tener una pierna en la sociedad y el activismo, como decía Richard Levins”.

Ciudad de México. 13 de junio de 2018 (Armando Bonilla-Agencia Informativa Conacyt).- Con la misma pasión con que habla de su trabajo, María Elena Álvarez-Buylla Roces —Premio Nacional de Ciencias 2017— recuerda cómo los consejos y la orientación que recibió de sus padres fueron determinantes para hacer de la ciencia su proyecto de vida profesional.  

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La doctora en genética molecular, que actualmente se desempeña como investigadora titular C en el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), reveló que cuando dijo a su padre —el doctor Ramón Álvarez-Buylla de Aldana, investigador en fisiología— que deseaba estudiar biología, ello le valió muchas discusiones durante las que él le decía: “Si tú quieres entender la vida, lo más importante es entender al ser humano; no puedes abarcar la inmensidad de la diversidad biológica y saber mucho sin entender a fondo”.

La doctora, quien también forma parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI, nivel III), dice entre risas —y a manera de broma— a la Agencia Informativa Conacyt, “en fin, nunca me convenció, mi pasión eran las plantas y la diversidad biológica, la evolución, así que no estudié medicina, sino biología”. Pese a ello, la influencia de su padre y también la de su madre, distinguida investigadora aún en activo en la Universidad de Colima, Elena Roces Dorronsoro, todavía permean en ella, sobre todo en su línea de investigación más reciente.

Elena Álvarez-Buylla, la adolescente en busca de sus propias pasiones

La curiosidad que desde niña sintió y la refinada creatividad para plantear preguntas constantemente, provocaban en ella gran gusto por la biología, las matemáticas, la antropología, e incluso las artes; sin embargo, en su época de adolescente una de sus mayores pasiones giraba en torno al activismo 1-elele0818.jpgambiental y social. Esta inquietud aún está presente en su actividad diaria, y afirma: “No concibo mi labor científica sin un claro compromiso social y ambiental; es nuestra obligación como investigadores tener una pierna en la sociedad y el activismo, como decía Richard Levins”.

Incluso era tal su nivel de compromiso con ese tema, que una vez que se inclinó por la licenciatura en biología, pensó que encontraría la forma de combinar la vocación científica —hacia la cual ya estaba segura dirigiría su carrera— con diversos temas ambientales y sociales por los cuales mostró interés desde que tiene memoria, como la conservación del medio ambiente o los impactos negativos de tecnologías como los cultivos transgénicos.

Una vez que la doctora asimiló que tenía que priorizar uno de sus grandes intereses sobre el otro, no dudó en hacer de la investigación su principal actividad profesional, sin dejar nunca su participación en los ámbitos de lo social y ambiental.

Uno de los recuerdos que atesora en su mente fue su primer acercamiento con el mundo de la investigación, el cual tuvo lugar en el laboratorio de sus padres. “Ahí aprendí mucho del rigor experimental, mucho sobre cómo plantear preguntas y también me envolvió siempre la pasión con la cual mis padres se dedicaban a la investigación científica. Ellos nos transmitieron —a mí y mis hermanos— ese amor por el saber, por estar en la frontera del conocimiento”.

De manera formal, fue hasta que se encontró en la licenciatura que se involucró en un proyecto de investigación donde participó como voluntaria en tareas de etnobotánica. Incluso, de esa primera experiencia se desprendería posteriormente su proyecto de tesis de licenciatura que consistió en un estudio etnobotánico en Balzapote, Veracruz: los solares o huertos familiares, bajo la asesoría de Montserrat Gispert y Efraím Hernández Xolocotzi.

Durante esa etapa de su carrera tuvo la oportunidad de conocer a importantes investigadores como el doctor José Sarukhán, Miguel Martínez, Rodolfo Dirzo, Jorge Soberón y Daniel Piñero, solo por mencionar algunos. “Todo este grupo de grandes ecólogos logró que me sintiera muy atraída por el rigor y el nivel de especialización en los temas que manejaban, hasta el punto que me involucré fuertemente con sus proyectos”. En ese contexto, enfocó su tesis de maestría en estudios poblacionales de árboles tropicales.

Su propio legado científico

Ya inmiscuida en el quehacer científico, los recuerdos de los paseos que cuando niña daba junto a su padre por el jardín que ellos construyeron, donde él le planteaba preguntas para motivarla a reflexionar sobre las plantas y su desarrollo, influyeron definitivamente en los proyectos de investigación que se trazó.

1-maria0818-1.jpg“Todo el tiempo me invitaba a reflexionar en torno a preguntas, que hoy en día me sigo haciendo; tienen que ver con los mecanismos sistémicos del desarrollo y de la integralidad del funcionamiento de los organismos vivos y que es precisamente lo que trabajo actualmente en mi laboratorio, donde combino enfoques experimentales de genética molecular del desarrollo con herramientas matemáticas y computacionales y también enfoques de ecología evolutiva”.

Pese a que esa es su principal línea de interés hoy en día, la doctora también valora mucho las contribuciones que realizó junto al doctor Miguel Martínez, Daniel Piñero y José Sarukhán en el ámbito de la integración de la dinámica poblacional de árboles tropicales, incluyendo aspectos demográficos y genéticos, a la dinámica del mosaico de regeneración natural de las selvas tropicales.

“A partir de ese trabajo desarrollé varias herramientas de modelación matemática que permiten hacer predicciones acerca de la dinámica de regeneración natural de las selvas al caer un árbol y abrir espacios para la regeneración de especies pioneras y nómadas que eventualmente dan lugar a las especies más maduras de la selva, y de cómo esta dinámica natural se altera con perturbaciones humanas”. Este trabajo cristalizó en publicaciones científicas en importantes revistas arbitradas e incluso en algunos reconocimientos.

Más adelante en su trayectoria profesional, sus líneas de investigación fueron evolucionando de aquel primer proyecto de tesis de licenciatura —estudio etnobotánico en Balzapote— a la documentación de la demografía y dinámica poblacional de Cecropia obtusifolia Bertol en la selva de Los Tuxtlas, hasta el desarrollo de modelos matemáticos de la genética poblacional o el desarrollo de estadística teórica para estimar la tasa de recambio de una población, que realizó en el doctorado.

En ese trayecto, aprendió a discernir entre los temas que son viables y los que no e incluso de aquellos que a la larga derivarán en aplicaciones directas a problemáticas de la sociedad. “Nuestro —el trabajo siempre se realiza en equipo— aporte reciente más importante radica en combinar el enfoque experimental para entender la función de genes importantes durante el desarrollo, como son los que codifican para factores transcripcionales tipo MADS, con enfoques teórico-computacionales para comprender cómo se integran redes complejas de interacción de componentes genéticos y no genéticos durante la diferenciación celular y la morfogénesis, es decir, los procesos del desarrollo”.

Con base en ese gran aporte al conocimiento científico, la doctora actualmente trabaja en el entendimiento de los mecanismos sistémicos del desarrollo en un contexto ecológico y evolutivo. Asimismo, busca aplicar y extender dicho enfoque a la comprensión de la emergencia y proliferación del cáncer de origen epitelial y otros males.

Con miras en ese gran objetivo, la investigadora considera, entre sus tareas pendientes, partir del conocimiento generado en torno a las plantas hacia el entendimiento de los mecanismos sistémicos tras la emergencia y progresión de enfermedades complejas. “Un poco escuchando la voz de mi padre, médico, creo sí podemos hacer algunos aportes en la biomedicina a partir de lo estudiado en plantas, pues estamos enfocados en comprender los mecanismos genéricos del desarrollo, aquellos que comparten las plantas y los animales. Hemos hecho aportes preliminares y aún necesitamos profundizar en la colaboración con médicos, otra de nuestras tareas pendientes”.

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arroba14010contacto 1 Doctora Elena Álvarez-Buylla Roces
Investigador titular C, Instituto de Ecología, UNAM.
 corrico dos Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.