Texto original de Rogelio Agrasánchez Jr.

Traducido por Luis Recillas Enecoiz
Colaboración especial para los ciberlectores de Azteca 21

Durante la presidencia del general Manuel Ávila Camacho (1940-1946) que se firmó el acuerdo para la creación de la primera Filmoteca Nacional en México.

Hasta esas fechas los materiales fílmicos – películas, guiones, fotos fijas, rushes, trailers, etcétera – eran conservados por las mismas empresas que las habían producido. Algunos individuos, así como varias dependencias eran los que guardaban la historia cinematográfica del país. Una inmensa cantidad de documentales y obras de ficción – en especial de la época muda – habían ya desaparecido y estaban perdidos para siempre.

 

El liderazgo del nuevo proyecto recayó en la otrora actriz y periodista de cine Elena Sánchez Valenzuela. Famosa por encarnar a Santa en la versión que Luis G. Pered filmó en 1918 de la novela de Federico Gamboa, Sánchez Valenzuela fue becada en 1920 por el gobierno mexicano para estudiar el arte cinematográfico en Estados Unidos; en concreto en Los Ángeles, California, meca del cine. Estuvo allende la frontera durante un año, durante el cual se capacitó en varios aspectos del fenómeno cinematográfico. A su regreso en septiembre de 1921 todavía estelarizó la cinta silente En la hacienda (1921) de Ernesto Vollrath.

 

Como complemento a su trabajo actoral, Elena Sánchez Valenzuela, fue una pionera en escribir inteligentes crónicas de cine para varias publicaciones periódicas de la época a la par de que dirigió y fotografío un documental titulado Michoacán en 1936. Documental, por cierto, perdido y una de las diez cintas mexicanas más buscadas según se desprende de la página de la Filmoteca de la UNAM (http://www.filmoteca.unam.mx/sebusca.php). Otras cintas estelarizadas por ella son La Llaga (1919) y El escándalo (1920). La primera de Luis G. Peredo y la segunda de Alfredo B. Cuéllar.

La actriz, periodista, directora, productora vivió en Paris durante un par de años entre 1929 y 1932 en que regresa a México. Durante su estancia en Francia, la futura fundadora de nuestra primera filmoteca acostumbraba visitar la filmoteca del cine club francés pues, según Mario T. Zavala en un artículo publicado en Cinema Reporter en febrero de 1944, Elena “ya tenía la intención de recoger esas experiencias para utilizarlas en México.”

Zavala en el mismo reportaje, afirma que “el viejo e inútil Departamento Cinematográfico dependiente de la Secretaría de Educación Pública” se convirtió en la Filmoteca Nacional gracias a los esfuerzos y visión de Sánchez Valenzuela.

La meta principal y base para la creación de la Filmoteca Nacional era la de poder concentrar la totalidad del material fílmico perteneciente a la nación, aparte del material de “carácter histórico, geográfico y folklórico que los particulares quisieran donarle.”

De acuerdo a la nota de Zavala antes mencionada, la Filmoteca tenía dos funciones primordiales “parecidas a las de una biblioteca y de un archivo histórico.” Dentro de las múltiples tareas a las que se abocaría la Filmoteca estaban la conservación, catalogación, estudio y reproducción de los materiales fílmicos para ponerlos a disposición de los interesados.

Otra responsabilidad específica de esta dependencia recién creada era la búsqueda constante y continua de material para enriquecer su acervo. Esa labor la realizaba con celo la Sra. Sánchez Valenzuela. Según comenta Fernando Muñoz Castillo en su ensayo “Me llamé Santa” (http://cinesilentemexicano.wordpress.com/2009/10/06/elena-sanchez-valenzuela-me-llame-santa/), el rescate de la única copia de la versión de 1918 de la cinta Santa “es claro ejemplo de la determinación de Elena por recuperar el material fílmico producido y/o exhibido en nuestro país.”

Para iniciar la colección filmográfica del país se obligó a las diversas Secretarías de Estado a enviar su material cinematográfico a la Filmoteca. Sin embargo, para inicios de 1944, solamente las secretarías de Agricultura, Economía, Marina, Defensa Nacional y Comunicaciones habían cumplido con el compromiso, motivo por el cual la fundadora de la institución debía recorrer las diversas dependencias para obtener el material requerido. La otrora actriz también visitaba a particulares y empresas que sabía poseían fragmentos o pietaje de algunas producciones previas, con el objeto de convencerlos de donar una copia a la institución recién creada.

Remata Zavala en su artículo antes citado que gracias a su esfuerzo, “en sus archivos encontramos una cantidad de películas almacenadas y catalogadas que suman la cantidad de $185,000.00, y entre las que hay algunas de gran interés histórico como una del general Felipe Ángeles presenciando una revista del Colegio Militar, otras de diversos pasajes de nuestra historia nacional que bien pueden ya servir para hacer un buen corto documental y algunas de gran interés cinematográfico, como la primera Santa que interpreta la misma Elena Sánchez Valenzuela, una que se juzga la primera película de Ramón Novarro y, entre otras de igual calidad, una de las primeras de dibujos hecha por Walt Disney.”

Para sus inicios, la Filmoteca Nacional contaba con un presupuesto raquítico por lo cual sus funciones se concentraban prácticamente en el acopio de material y su conservación. No existían recursos para la elaboración de copias y su posterior difusión en instituciones educativas o culturales.

De acuerdo a Mario T. Zavala, la Filmoteca Nacional requería urgentemente un proyector Pathé de 16 cuadros para poder exhibir “las viejas películas que se filmaban a esa velocidad”; también eran necesarios recursos para copiar cintas recientes, tal como Redes de Emilio Gómez Muriel y Fred Zinnemann y filmada en 1934 o Dos monjes de Juan Bustillo Oro; otro requerimiento era la instalación un pequeño laboratorio de cine.

En 1948, Elena Sánchez Valenzuela viajó a Argentina y Uruguay para dictar algunas conferencias relacionadas a su actividad al frente de la Filmoteca Nacional y la situación de la industria cinematográfica mexicana. Esta pionera de la cinematografía mexicana, poco conocida y casi olvidada falleció en 1950 dejándonos un legado inmaterial inmenso.

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