Texto original de Rogelio Agrasánchez Jr.

Traducido por Luis Recillas Enecoiz
Colaboración especial para los ciberlectores de Azteca 21

Los siguientes datos los tomo de Guillermo Calles: A Biography of the actor and Mexican Cinema Pioneer de Rogelio Agrasánches Jr., publicado por McFarland.

Varios actores caninos han dejado huella en el imaginario colectivo; entre ellos, Rin-Tin-Tin y Lassie. En la cinematografía mexicana no han sobresalido tantos actores caninos como en Estados Unidos, pero uno de ellos fue Águila, perro propiedad de Guillermo Calles, pionero del cine mexicano.

Actores caninos han sido parte integral del cine hollywoodense desde la época muda. Sin embargo ese no fue el caso en la cinematografía nacional, industria que solo ha promovido un limitado número de perros actores o mascotas.

Mientras algunos cinéfilos podrán recordar a perros actores como Rayo o Guardián, héroes de filmes de las décadas de 1950 y 1960, probablemente contados amantes del cine recordarán a Águila, perro actor pionero de la industria cinematográfica mexicana.

Águila, fue un espléndido ejemplar de bulldog americano. Se supone que el cachorro fue un regalo que Guillermo Calles recibió de Rodolfo Valentino en 1925. Ya en entregas previas escribí sobre Guillermo Calles y su filme Pro-Patria.

Calles, un veterano doble y actor de carácter en películas western y seriales de manufactura hollywoodense comenzó a producir, dirigir, escribir y estelarizar sus propias películas a partir de 1926. Entrenó a Águila para realizar una serie de acrobacias durante la filmación de escenas peligrosas, por lo que el can se convirtió en parte esencial de sus filmes.

Águila hizo su debut cinematográfico en la cinta de Guillermo Calles, El indio yaqui, la primera producción que lideró Calles. En el filme, el perro es el fiel acompañante de Ramón, el personaje principal de la cinta. Ramón es un indio yaqui quien junto con sus padres trabaja de peón en una hacienda. Cierto día, el despiadado hacendado golpea sin piedad al perro. Cuando el padre de Ramón confronta al hacendado respecto a la violencia ejercida sobre el can, el hacendado enfurece y asesina al anciano. Ramón, su madre y Águila abandonan la hacienda y cruzan la frontera hacia Arizona. Se establecen en un tranquilo pueblo donde encuentran algunos amigos leales: Roy Anderson y su bella hermana Betty y Lulu, un bonachón cazador.

A lo anterior se suma que existen algunos villanos en el paradisiaco pueblo: un poderoso ranchero y sus sicarios a quienes les disgusta Ramón y su can Águila. A la postre, Águila es asesinado lo cual causa un enorme dolor en el indio yaqui y sus amigos.

El indio yaqui es una cinta considerada perdida, sin embargo existen algunas fotografías donde se puede ver al actor canino en plena acrobacia. El magnífico can también tuvo un rol significativo en Sol de gloria, cinta de 1928. En esta cinta, el perro pertenece a un mestizo llamado Nacho (Guillermo Calles), hijo desconocido de un rico comerciante de perlas y una sirvienta indígena. Nacho trabaja como buzo buscador de perlas para sus medios hermanos, los cuales no conocen la relación familiar entre ellos. El capataz de los medios hermanos odia a Nacho y busca acusarlo de un crimen que él mismo cometió. Nacho logra huir y Águila se convierte en un importante aliado al llevar mensajes entre aquel y los amigos leales.

Águila también tuvo una destacada actuación en Raza de bronce (1927), como mencionan varios diarios de la época durante la filmación de la cinta en Mexicali, sin mencionar detalles de la misma.

En Dios y ley (1929), vuelve a destacar la actuación del can. A pesar de ser desconocido el rol que interpretó, existen fotos fijas del filme donde aparece. Pero Águila, no solo fue una pareja cinematográfica de Calles, pues éste le tenía un gran amor. En alguna ocasión, durante el viaje para filmar Pro-Patria (1932) al atravesar la región yaqui de Sonora, Calles, junto con su esposa y Ernie Smith, es fotógrafo de la cinta no se percataron que habían dejada a Águila. De inmediato regresaron para buscar al perro. Calles recuerda la pesadumbre que padeció en una carta a Gabriel Navarro, donde manifiesta su tristeza al pensar que no encontrarían a su mascota. Afortunadamente, unos indios yaquis habían encontrado al animal y esperaron a Calles y a su comitiva para entregárselo.

Águila acompañó a Guillermo Calles en sus tours por el suroeste de Estados Unidos y algunas regiones de México, donde escenifica acrobacias junto con la proyección de películas. En varias reseñas de las presentaciones de Calles, se hace eco de las cualidades acrobáticas y artísticas de Águila, al grado de que varias de ellas consideran al can una “pequeña estrella de cine.”

Cuando Calles decidió regresar a México para continuar su carrera en 1933, Águila se quedó al cuidado de unos familiares de Guillermo Calles en California, hasta que éste se estableciera adecuadamente en el país, para traer al can. Algunas publicaciones especializadas mencionan cómo Calles echaba de menos a su mascota. Finalmente Águila llegó a México donde actuó en al menos un par de cintas.

La primera fue El tesoro de Pancho Villa (1935), cinta en la cual Calles interpreta a un despiadado oficial revolucionario. La cinta fue dirigida por el cineasta ruso afincado en México, Arcady Boytler. Las escenas iniciales del filme muestran los destrozos después de la batalla. Águila aparece herido y busca a su amo entre los cadáveres esparcidos por el campo de batalla. Encuentra a su amo y escenifica una bella escena de lealtad entre animal y amo.

El mismo año, Calles tuvo un importante rol en la cinta María Elena, una cinta de aventuras y romance. En ella, Águila se muestra en su mejor papel. El can es la pareja de Indalecio (Guillermo Calles) quien a su vez es el mejor amigo Rogelio, el personaje principal. Cuando Rogelio y su equipo de marinos son raptados por una tribu de nativos del Amazonas en una remota isla, Indalecio y Águila llegan para rescatarlos. A pesar de tener casi diez años de edad, Águila tuvo un magnífico desempeño. Podemos ver al can atacar a los enemigos de su amo, logrando liberarlo de su cautiverio, al lograr saltar al mar, donde nada hasta la costa evitando ser detectado por los vigías.

En 1936, Calles fue a Tijuana para tratar de establecer unos estudios de cine. Es en esa ciudad, donde Águila murió. Guillermo Calles lo enterró en un cementerio para mascotas en Los Ángeles. Para Calles, la muerte de Águila fue un muy duro golpe emocional.

Cuando Guillermo Calles filmó la segunda versión de Sol de gloria en 1938, Águila ya no estuvo presente, pero fue otro actor canino quien suplió al pionero can cinematográfico: Jaibo.

Águila, fue durante muchos años admirado y querido por las audiencias hispanas y los críticos de la época. Aún hoy, es carisma y talento del can están vivos en imágenes fijas y alguna que otra cinta de nitrato.

Fotos: Colección Agrasánchez.

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