Claudia Luna Palencia

@claudialunapale

 

-Réditos políticos del nuevo acuerdo comercial

El tratado comercial modernizado, al parecer llevará como nombre definitivo  el de Acuerdo México, Estados Unidos y Canadá (AMEC) según lo que ayer me dijo vía telefónica, Kenneth Smith, jefe de las negociaciones del TLCAN.          

Desde luego que está reactualización tendrá asimismo sus consecuencias políticas, unos querrán obtener réditos, y otros pagarán el costo de la factura.

Por ejemplo, Donald Trump, ya lo está vendiendo, políticamente hablando, como un éxito suyo personal: “Se ha firmado el acuerdo comercial más importante de la historia de Estados Unidos”.

            Para el presidente Enrique Peña Nieto, en un mensaje televisado, defendió que “la modernización del acuerdo comercial entre México, Canadá y Estados Unidos concluyó 13 meses de negociaciones; y ha logrado lo que nos propusimos al inicio: un acuerdo de ganar, ganar y ganar”.

            Por su parte, en Canadá,  el primer ministro Justin Trudeau dijo que: “El  nuevo acuerdo preserva las principales partes del anterior tratado, puedo decir que el sector lácteo no resultará damnificado”, apuntó.

            Desde la perspectiva del timing de la política, al poliedro del AMEC, cada gobernante le sacará o no su propio rédito: para Trump es una victoria para sí mismo y su política coercitiva con la que dice “defender los intereses nacionales por encima de todo”.

Ha ganado bonos ante la industria automotriz local, los agricultores y los ganaderos, a los primeros les ha conseguido que para el 2020 los vehículos tengan el 75% de sus partes manufacturadas ya sea en Canadá, México o Estados Unidos para tener la ventaja de la tarifa de importación cero; también que, al menos, un 40% de un coche fabricado en los tres países, el trabajador involucrado gane al menos 16 dólares la hora. “Los coches hechos en México y Canadá quedarán en el futuro fuera de cualquier imposición de Estados Unidos”.

Para los agricultores y ganaderos obtuvo “que accedan en mejores condiciones a Canadá”, porque finalmente Trudeau aceptó abrir su economía a las importaciones estadounidenses de productos lácteos.

Trump se ve tan ganador de una inminente relección que considera que para las elecciones del Congreso de noviembre próximo, los republicanos llegarán como favoritos; por todos lados va hablando de los dos “grandes acuerdos comerciales a favor de nuestro país que recientemente hemos firmado”, refiriéndose igualmente al signado con Corea del Sur.

A COLACIÓN

El peor parado ha sido el primer ministro canadiense Trudeau, al que la prensa local avizora como perdedor en las próximas elecciones de otoño de 2019 en las que  buscará la reelección.

Justo el 1 de octubre pasado cuando corría como pólvora el anuncio de la inclusión en el acuerdo, acontecieron comicios electorales en Quebec, en éstos los políticos del Partido Liberal fueron desplazados por el nuevo Coalition Avenir Quebec (CAQ); su soflama política  de centroderecha pasa por un discurso antiinmigrante y de elevado proteccionismo local.

A su vez, el actual presidente Enrique Peña Nieto, dejará el cargo cumpliendo su cometido: si bien los analistas ubican a López Obrador como otro de los ganadores dado que iniciará su gobierno sin el TLCAN en zona pantanosa.

Cabe mencionar que la mano del presidente electo, por medio de  Jesús Seade, tuvo efecto en tres cuestiones vitales: 1) Eliminar la cláusula Sunset que Trump pretendía someter el acuerdo trilateral a que terminase cada cinco años para ser revisado y si los tres estaban de acuerdo volverlo a poner en marcha; finalmente quedó su permanencia por 6 años y sin muerte súbita; 2) Trump quería  que en el Capítulo 20, los gobiernos tuvieran el derecho de veto para  cualquier controversia comercial, en su lugar, se aprobó la formación de paneles de soluciones; 3) en el renglón energético, México consiguió que “cada país en el acuerdo le conceda  a los otros dos países todo el acceso  al mercado y las mismas prerrogativas que ellos mismos le otorgan a terceros países”.

¿Qué falta? Entre los tres países consensuar el nombre final del nuevo pacto, darle la última revisión legal con todos los términos acordados, estampar la rúbrica de cada mandatario durante noviembre próximo y finalmente, enviarlo a los respectivos congresos para su aprobación. En México, sucederá en 2019 cuando el Senado dé su última palabra…

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales