Claudia Luna Palencia

@claudialunapale

 

 

-Diplomacia mexicana salva comercio trilateral

Fueron 35 días de vacilaciones, más de un mes de reuniones claves e intensas, entre los equipos comerciales de Estados Unidos y Canadá con el toque de “guante de seda” de la diplomacia mexicana, la verdadera artífice en tiempos rudos, de sacar avante un acuerdo comercial no sólo entre dos, sino entre tres países.           

Los mercados financieros todavía están digiriendo qué se firmó en la nueva versión tripartita de libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos porque todavía hay que terminar  la versión final del texto  en medio de la premura de enviarlo al Senado estadounidense en tiempo y en forma para ser aprobado.

            El 27 de agosto pasado, los respectivos equipos de México y la Unión Americana, pusieron punto final al  nuevo acuerdo comercial en sustitución del TLCAN (NAFTA, por sus siglas en inglés);  en la llamada del presidente Donald Trump a su homólogo mexicano para congratularse por lo alcanzado, el mandatario azteca no dejó de mencionar que había que incluir a Canadá: “Hace falta Canadá”, se oyó decirle a Trump.

            Si un equipo negociador ha hecho posible el acercamiento entre estadounidenses y canadienses, ha sido el nacional conformado por el titular de Exteriores, Luis Videgaray, el de Economía, Ildefonso Guajardo y el subsecretario de Economía, Juan Carlos Baker en compañía de otro grupo de técnicos que prácticamente se instalaron en Washington para cumplir el cometido del presidente Peña Nieto: “Sacar adelante el TLCAN antes de concluir mi Administración”.

            Después de las elecciones del 2 de julio, tras la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador, candidato de MORENA,  se sumó Jesús Seade a los trabajos de destrabar la negociación con los norteamericanos; él fue nombrado directamente  por López Obrador para coadyuvar en los pláticas, pero también para “conocer de cerca qué se iba a cambiar del texto actual” y sobre todo “defender lo más  posible el sector energético nacional”.

            Para lograrlo, el camino mismo estaba lleno de escollos, no ha sido de ninguna forma tarea fácil: el resumen de trece meses de arduos trabajos, de idas y venidas; por supuesto, de muchas comidas que sobre los manteles a veces se avanzan mejor las cosas.

            En el  frente del petit comité culinario estuvieron Seade, amigo de Robert Lighthizer, representante comercial de Estados Unidos, y Videgaray haciendo lo propio con Jared Kushner, el yerno predilecto de Trump, casado con Ivanka, la hija favorita. La consigna era suavizar y cambiar la idea original del magnate de someter al nuevo acuerdo comercial a una revisión quinquenal.

A COLACIÓN

Hubo de todo desde múltiples presiones verbales y también en los hechos por parte del inquilino de la Casa Blanca que, en más de una vez, minaron el ánimo de los participantes.

            El anuncio en marzo pasado  de elevar los aranceles a las importaciones de acero  y  de aluminio, gravados con el 25% y el 10%, respectivamente aduciendo el mandatario norteamericano razones de “seguridad nacional” fue una medida que terminó  golpeando a sus dos socios estratégicos en el TLCAN  a partir del 1 de junio. Ojo, seguirán vigentes dichos aranceles.

            Eso empantanó y enturbió todavía más el escaso diálogo entre los tres dignatarios, enfrentado Trump con el mandatario Peña Nieto por lo de la construcción del muro “que será pagado por los mexicanos” con la consiguiente respuesta de que “México nunca pagará ningún muro”; después la innecesaria confrontación verbal de Trump  con el primer ministro canadiense Justin Trudeau a quien calificó de “débil y deshonesto” en la pasada cumbre del G-7 en Quebec.

No fueron una sino más veces que tanto canadienses como mexicanos llegaron a percibir que no había más voluntad en Washington no sólo para rescatar al TLCAN sino para mantener vivo y vigente un libre comercio trilateral.

“Canadá no va a responder a ataques ad hominem, siempre estaremos abiertos al diálogo constructivo y también tenemos derecho a contrarrestar los aranceles con nuestras propias medidas”, defendió Chrystia Freeland, la canciller canadiense.

            Pero sólo la obcecación y la diplomacia han superado a Trump y a su visión unilateralmente proteccionista y visceralmente cuadrada en la que “todos se aprovechan de los estadounidenses”.

Algo ha cambiado desde que se firmó el TLCAN en 1992 y se puso en vigor el primero de enero de 1994, porque México arribó en 2018 con una mayoría de edad en acuerdos comerciales y un saber hacer en el renglón del multilateralismo utilizado como baza para no dejarse intimidar por el vecino.

No son nada más 24 años de poner en práctica el Tratado con Estados Unidos y Canadá son también la experiencia de otros pactos comerciales, según información de la Secretaría de Economía, el país azteca cuenta con: “Una red de 12 Tratados de Libre Comercio con 46 países, 32 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones (APPRIs) con 33 países y 9 acuerdos de alcance limitado”.

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales