POR LA ESPIRAL

                                   Claudia Luna Palencia

                                   @claudialunapale 

-El mismo cuento de siempre

Estos días, en la prensa nacional e internacional, con grandilocuencia desmedida circula el notición de que por fin el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto tiene la pócima mágica, el famoso Plan B, para contrarrestar los embates antipáticos de Donald Trump.

El magnate convertido en el enemigo número uno, según la vox pópuli con sus gritos desgarradores en sendas megamarchas,  puede servir a los mexicanos de pretexto perfecto para cerrar las heridas y renacer como el Ave Fénix o bien hundirnos definitivamente en el precipicio. 

Desde Presidencia hablan de detonar el Corredor Transístmico –ahora va de verdad-, después de que llevamos todo el sexenio aguardando a ver cuándo será el momento; no obstante, si nos vamos más lejos ya el tema no tiene años sino décadas porque aunque el  entonces presidente Vicente Fox (2000-2006) rescató la añeja idea del Plan Puebla Panamá igualmente fue pura alharaca. 

Entonces  con el llamado “gobierno del cambio” se creó una dirección dedicada a detonar el tema, a darle forma y fondo, con la intención de echarlo a andar; lo comandaba Florencio Salazar, a quien por cierto entrevisté varias veces, buscando palpar los grandes resultados prometidos.

Desde luego el actual no se llama Plan Puebla Panamá que además era ambiciosísimo porque hablaba de unificar a Mesoamérica abordaba aristas de infraestructura dentro de un plan de desarrollo que además tenía tintes transnacionales.

El Plan Puebla Panamá logró contar con la venia y el acuerdo de los mandatarios de los otros países involucrados para llevar a cabo muchos proyectos de interrelación y sinergia.

            ¿Por qué el interés de México? Desde luego porque al norte de su territorio la salida es Estados Unidos pero hacia el sur de la geografía patria, la meta siempre ha tirado hacia Panamá. 

            ¿Y qué tiene Panamá que nos interese? Pues el Canal de Panamá esa gran obra de ingeniería e infraestructura de principios del siglo XX (1914) que une a buena parte de América con Asia, África y Oceanía. Una que por cierto ha sufrido una modernización y ampliación de esclusas bajo la mano de la española Sacyr. 

            Siempre se ha pensado y estoy hablando desde que terminó la Revolución Mexicana y se asentó el México postrevolucionario e institucional que había que crear las condiciones de infraestructura para que la nación azteca tuviera una salida a sus negocios, a sus mercancías, bienes y artículos vía el Canal de Panamá. 

            Y seguimos aguardando a la fecha por eso resulta irrisorio, hasta cómico, que ya no se hable del Plan Puebla Panamá (remite inmediatamente a Fox y al PAN) sino que ahora se trate del mismo viejo cuento con similar retórica pero al que le cambiaron el título y la portada para hacerle creer a la gente que se trata de un “chispazo de idea genial” del gobierno actual.

A COLACIÓN

            El Plan Puebla Panamá, digo, el Corredor Transístmico emerge nuevamente como una alternativa luego del desprecio yanqui y la amenaza de Trump de cercenar el NAFTA y amurallarse además con sendos aranceles. 

            La salida vía Panamá resucita como una alternativa, el problema es que no tenemos la infraestructura necesaria para transportar las mercancías, bienes y artículos porque el retraso en Centroamérica en vías de comunicación es absolutamente palpable y si algo tienen en común el sur-sureste de México con Centroamérica es su carencia de infraestructura. 

            Es la llamada Mesoamérica desigual, atrasada, pobre, la que concentra las inequidades, se posiciona a la cabeza de las estadísticas de analfabetismo, desempleo, marginación, pobreza con mayúsculas; delincuencia y corrupción.

            Pero al mismo tiempo contiene un maná de recursos naturales vastos que son atractivos para los inversionistas nacionales y extranjeros. No hay milagros para que México enfrente los desafíos de Trump, lo que  queda es hacer mucho trabajo por delante y darle continuidad a los planes y programas nacionales. 

            Cada cambio de partido en el poder significa romper la continuidad y créame amigo lector que no todas las ideas son malas; simplemente si desde 1930, México hubiese dado paso a pasito para fortalecer su salida hacia el Canal de Panamá hoy en día nuestra vulnerabilidad no sería tan elevada. 

            La es porque el 89% de nuestra economía depende en toda su amplitud con su vecino distante llamado Estados Unidos…