Por Lourdes Ma. Núñez

Tus manos están en posición de iniciar.  Esperas que el director, con la mirada inicie la comparsa y de la señal de el primer movimiento.  Serás prosperado, te lo he dicho.  Y el concierto comienza.
Inmediatamente sabes, qué notas tocar.  Comienzas a disfrutar la melodía, luces tan diestro que parece que no es desconocida en ti, para esto has nacido, lo sabes, para ser éste instrumento maravilloso en Mis manos, te dice el Rey.
Estás en la posición correcta, en el momento preciso.  Has sabido esperar, has estudiado lo suficiente atraves de cada vivencia, tú experiencia no ha sido en vano.  
Surge nuevamente como si siempre hubiese ésta melodía sido tuya, la sonata se adapta a ti, sabe que te  pertenece como la espuma a el mar, que se produce en su movimiento,  sabe que NO son el uno sin el otro, como la marea y el movimiento del mar.  Se identifican como relevos, como el amanecer al ocaso, como el sueño al descanso.  ¡Qué exepcional. melodía!
Siempre me has pertenecido, y en cada nota, en cada letra, en cada palabra, mi aliento, llevandote a la siguiente partitura que sostiene las notas en lo más alto, para bajar recorriendote en cada contraste, para disfrutarte en cada movimiento, para tomarte y llevarte al regazo de tu sublime verdad en nuestro amor.
¿Quien podría detener nuestro cause cuando surge?,  ¿Quien nuestro encuentro en cada nota?, ¿Quien la melodía que brota cuando te dispones a poner las manos en el teclado para interpretarme? Dulce melodía que te abraza, te posee, te protege y no te dejará jamás.
Después de el alegro, el piano... suave... nuestras miradas se unen en una gran sonrisa que se han dicho todo.  Se va completando tú sueño en mi alegría que compartes.   Se cumplen las partituras del concierto de cada instrumento. Y cuando el silencio irrumpe para que logres escucharme mientras me interpretas, en el silencio me miras cuando observas.  En los colores de la noche me absorves, en ese movimiento, en cada espasmo, me poseés.

Estás dispuesta, te has presentado dulce, brillante, enamorada, segura de que será interpretada la siguiente nota y ella misma en nosotros jamás romperá la cuadratura de nuestro movimiento de los alegros a la paz.  
Nuestro encuentro fue desde el principio, pero se mece en éste idilio, la paz del amor.  
Mi vida a tu lado, un concierto.

Te amo

Esto te hace saber el Rey.

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